Cómic

Genís Rigol: “Entrar en Fatbottom me convirtió en autor de cómic”

El autor barcelonés debuta en el cómic largo con la fiesta para los sentidos de ‘Brunilda en la Plata’

Genís Rigol en la librería Fatbottom.
01/05/2026
5 min

BarcelonaComo tantos otros niños, Genís Rigol (Barcelona, 1982) creció leyendo tebeos, sobre todo de la era dorada del cómic francobelga como Tintín, Spirou y el Marsupilami. Pero el momento que le llevó a querer dibujar cómic llegó de mayor, cuando descubrió una librería de cómic en el Poble-sec. “A mí me gustaba dibujar y había hecho animaciones, pero entrar en Fatbottom me convirtió en autor de cómic –recuerda–. Descubrí los fanzines de Alexis Nolla, Pau Anglada y Marc Torices y empecé a hacer pequeñas tiras. Y me sirvió para darme cuenta de que podía lanzarme y hacer cómic simplemente como acto lúdico, sin necesidad de formarme. Al final, se trata de un medio tecnológicamente muy sencillo: solo hace falta papel, boli y una tarde aburrida. Pero yo antes pensaba que tenías que ser francobelga, como mínimo, para hacer un cómic”.

En noviembre de 2025, después de muchos años de fanzines, colaboraciones y proyectos de animación, Rigol publicó su primer cómic largo, Brunilda en la Plata (Apa Apa), un debut impresionante que el ARA eligió como uno de los cinco mejores cómics de 2025. Ambientado en las bambalinas de un teatro gigante donde hace días que se representa una obra, el cómic sigue los esfuerzos de Norman por llegar puntual a una cita que tiene con una chica fuera del teatro. El problema es que para salir tendría que cruzar el escenario y la obra parece prolongarse eternamente. Como si fuera en un sueño febril, Norman recorre todos los rincones de este teatro imposible para convencer al dramaturgo de que le escriba un pequeño papel y así poder entrar y salir de escena sin interrumpir la función. “Durante una época leí libros sobre dramaturgia y todos hablan de lo mismo: el incidente desencadenante, el objetivo y una serie de obstáculos para conseguir el objetivo –recuerda Rigol–. En teoría, el obstáculo será más interesante y profundo cuando sea más interno y tenga que ver con las contradicciones del personaje, pero a mí me hacía mucha gracia que fuera al revés, una cosa física y externa como ahora cruzar un escenario”.

Portada de 'Brunilda en la Plata'.

También parece un desafío de las convenciones dramáticas la elección de un personaje sin personalidad como Norman, casi un lienzo en blanco donde el lector puede proyectar lo que quiera. “Sí, es un poco como Tintín, que es un personaje un poco vacío a quien no sabes muy bien qué le gusta ni qué quiere de la vida, pero no fue una decisión consciente sino que llegué a ella por casualidad”, explica Rigol. Aunque integrados en una especie de vodevil surrealista, Brunilda en la Plata está lleno de elementos muy personales para el autor, comenzando por el sueño que sirvió de semilla del cómic hasta las recetas de su abuela o la vergüenza que sentía hace tiempo cuando le gustaba una chica, que le hacía ocultar las emociones igual que hace Norman.

De hecho, el cómic de Rigol es sobre todo un exorcismo personal de su voz autocrítica, la que cuestiona y sabotea su creatividad, una voz interior que, según el dibujante, “si somos sinceros, todos escuchamos dentro de nuestra cabeza”. En este sentido, hacer humor sobre el tema le ha permitido “silenciar y atenuar estas voces” y, por tanto, trabajar en el cómic “con mucha más ligereza y sin tantos nervios”. Aunque, irónicamente, el éxito y la buena acogida del cómic ahora esté estropeando el beneficio terapéutico. “El otro día me descubrí pensando que hasta que no haga cuatro o cinco cómics que estén bien no habré demostrado nada, porque quizás este me ha salido bien de pura chiripa”, reflexiona entre divertido y resignado a convivir con la inseguridad.

Genís Rigol en el barrio del Raval de Barcelona.

Copiar los clásicos

Uno de los aspectos más fascinante de Brunilda en la Plata es la fastuosidad del dibujo de Rigol, donde caben desde influencias modernas (Oliver Schrauwen) a, sobre todo, muchos referentes de los pioneros del cómic de principios del siglo XX. “Al principio copié a muchos autores de esta época: George McManus, Winsor McCay, Frank King, George Herriman... Y después, buscando películas sobre el mundo del teatro, encontré Los niños del paraíso de Marcel Carné, que me influyó mucho”, explica Rigol, que prefiere hablar de copias y no de influencias. “Hay una página que es muy similar a una mítica sunday page de Frank King y me gusta decir que la copié para desmitificar la cosa esta de la originalidad –dice Rigol–. Cuando estás mucho tiempo haciendo un cómic tu vida sigue, y todo lo que te pasa o lo que lees se incorpora de alguna manera al resultado final”. Estas influencias clásicas también se pueden observar en la serie que el dibujante está publicando en el ARA desde el 12 de abril: Renau el capgròs.

Más allá de referentes, el dibujo de Rigol seduce por la voluptuosidad de los diseños de página y las estructuras arquitectónicas, una fiesta de los sentidos que embriaga las pupilas y, sobre todo, transmite un gozo absoluto por el dibujo en sí. “Hay autores buenísimos que no lo pasan bien dibujando, pero yo soy de aquellos a quienes gusta mucho dibujar, y creo que se nota en el resultado, porque me dejo llevar y de repente llegas a sitios nuevos”, asegura. Este fluir con el ritmo también lo lleva a incluir a la mitad del cómic un poema de Enric Casasses, Declaración. “Es un poema que musicaba Miguel Poveda y que me encanta porque habla de los cántaros, los recipientes de barro que sacan el agua del pozo –explica–. Tiene algo misterioso: unos versos los entiendo a la perfección y otros no los entiendo nada, pero me encanta cómo suena en catalán”. El catalán es, de hecho, la lengua en que escribió el cómic, aunque después lo tradujo al castellano y esta es la versión final que se ha publicado. “Pero me encantaría que se publicase en catalán –asegura–. Todos los fanzines que hice antes eran en catalán, eran el underground del underground. Y ahora que vivo en Francia todavía tengo más empuje por el catalán. Vivir fuera te hace valorar la lengua propia”.

En Francia, Rigol vive justamente en Angulema, la capital del cómic francófono, donde fue primero con una beca de la Maison des Auteurs y después se quedó a vivir allí. Buena parte de Brunilda en la Plata la dibujó allí. “La vida en La Maison des Auteurs fue un poco difícil al principio, porque coincidió con el confinamiento y me sentía muy aislado –recuerda–. Pero con el tiempo te acostumbras y vas encontrando gente. Y me gusta mucho el tamaño de la ciudad, que es pequeña y tiene río. Si coges la bici, en cinco minutos te plantas en el bosque”. Rigol, claro, vivió en primera línea la polémica que provocó la cancelación del último Festival de Angulema, pero tiene sentimientos contradictorios al respecto. “Por un lado, siento orgullo de que se ponga pie en pared porque lo que hicieron los directores del festival es inaceptable y estoy a favor de la reacción contra el festival, pero al mismo tiempo pienso que hay mucha gente que no es sincera con los motivos que esgrime para defender el boicot, y que solo está interesada en la batalla por el control del nuevo festival”, explica. Rigol organizó con su novia una exposición sobre Brunilda en la Plata en un festival alternativo e independiente que se celebró en la ciudad en las fechas de la edición cancelada. Y hace unos días inauguró otra exposición en la galería Huberty & Breyne de París. “Me encantaría poder exponer en Barcelona”, admite.

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