Cuenta atrás para la nueva amenaza de Trump sobre Ormuz, que expira a las 16.00 horas

El petróleo vuelve a superar los cien dólares mientras Washington y Teherán escalan una retórica ante el anuncio del presidente del bloqueo naval

Imagen de un petrolero en el estrecho de Ormuz
13/04/2026
4 min

LondresLa crisis alrededor del estrecho de Ormuz ha entrado en una nueva fase de imprevisibilidad aún mayor después de que Donald Trump haya asegurado que "este lunes a las cuatro de la tarde será la marina estadounidense quien bloqueará el estrecho de Ormuz al paso de buques vinculados a Irán. La decisión llega horas después del colapso de las negociaciones en Islamabad y abre la puerta a una escalada militar que, de momento, nadie parece capaz de calibrar con precisión.

Según fuentes de la administración norteamericana citadas por The Washington Postestas instalaciones de los países del Golfo, vitales para su poblaciónestas instalaciones de los países del Golfo, vitales para su población.

El bloqueo –que en teoría afectará cualquier buque que entre o salga de puertos iraníes– sitúa una de las arterias energéticas del planeta en territorio de riesgo y, en la práctica, totalmente cerrado. Cerca de una quinta parte del petróleo mundial pasa por Ormuz, y los mercados no han tardado en reaccionar este lunes: el crudo ha subido con fuerza después de una semana de relativa calma gracias a un alto el fuego que ahora parece papel mojado. El barril de Brent se sitúa ya por encima de los 103 dólares.

La incertidumbre no es solo económica. Es, sobre todo, estratégica. Interceptar buques de terceros países –chinos, indios o pakistaníes– podría convertir una operación de presión en un conflicto de dimensiones más amplias, consideran diferentes analistas. En términos estrictos de derecho internacional, abordar una embarcación puede ser interpretado como un acto de guerra. Irán, a su vez, asegura que cualquier nave en las aguas de Ormuz supondrá en la práctica un quebrantamiento del alto el fuego y será tratada en consecuencia. Teherán denuncia que el bloqueo es un acto de "piratería". Y ha advertido que la seguridad en el golfo Pérsico será "para todos o para nadie". El advertimiento, en una región ya extremadamente tensionada, no parece retórico.

Distancia europea

Europa, por su parte, de momento marca distancias. El primer ministro británico, Keir Starmer, ha calificado este lunes la situación de "profundamente perjudicial", y ha reiterado que el Reino Unido no se sumará a la operación estadounidense: "No nos veremos arrastrados a una guerra que no es de nuestro interés nacional", ha declarado al programa de radio BBC Live 5, al retornar de una breve gira por los países del Golfo. Londres apuesta por una misión multinacional para garantizar la libertad de navegación por el estrecho, una iniciativa que impulsa conjuntamente con la Francia de Emmanuel Macron. El mensaje es claro: desescalar o, al menos, no contribuir a la escalada. De momento, sin embargo, es más un deseo que una realidad.

Y en medio de todo ello, el factor Trump añade una capa adicional de incertidumbre. Pocas horas antes de confirmar el bloqueo, el presidente publicaba en Truth Social una imagen generada por inteligencia artificial en la que aparecía en una escena de curación milagrosa, rodeado de simbología patriótica y figuras casi angelicales. Una representación deífica bastante ejemplificadora de su papel en los asuntos mundiales.

Imagen deificada de Donald Trump con inteligencia artificial.

En paralelo, los primeros datos apuntan a una ralentización aún mayor del tráfico marítimo y a una alteración de las rutas. Algunas embarcaciones evitan identificar claramente origen o destino, mientras que otras reconsideran directamente el trayecto. El resultado es un aumento de los costes logísticos y de seguros que, como suele pasar, acaba trasladándose al precio final de la energía.

El problema no es solo el petróleo. El paso por Ormuz es vital también para el gas licuado, especialmente el de Qatar, y para las exportaciones de varios países del Golfo. En estos momentos, buena parte de este flujo está condicionado o directamente reducido o parado. Según estimaciones del sector, la guerra ya ha recortado en unos ocho millones de barriles diarios el flujo global de crudo, una cifra lo bastante significativa para tensionar los mercados.

El caso de la Saudi Arabian Oil Company (Aramco) ilustra bien la situación: los envíos previstos a China se han reducido a la mitad en un mes, según fuentes de la misma compañía. Otros actores regionales tienen aún menos margen de maniobra. Kuwait e Irak encuentran dificultades para exportar su producción, mientras que los Emiratos Árabes Unidos solo pueden desviar parcialmente el flujo por rutas alternativas. Qatar, clave en el mercado global de gas, ve también limitadas sus capacidades de salida.

Esta compresión del tráfico convive con una paradoja de mercado: mientras el precio de referencia del petróleo supera los 100 dólares por barril, el crudo físico en Asia se negocia ya muy por encima, alrededor de los 150 dólares, lo que refleja el coste real –y el riesgo– de hacerlo llegar a los destinos comprometidos. Es la diferencia entre un mercado que especula y una logística que se atasca, apuntan fuentes de la City de Londres.

Este equilibrio refleja una realidad más amplia: nadie quiere asumir el coste de un cierre completo de Ormuz, pero tampoco nadie parece capaz de garantizar su apertura. El resultado es una situación intermedia, inestable, en la que el tráfico no se detiene del todo, aunque se reduce a la mínima expresión, y deja de ser fiable. Entre amenazas creíbles, gestos simbólicos e intereses globales en juego, Ormuz sigue siendo una vez más en el punto donde la geopolítica deja de ser teoría y se transforma en riesgo altísimo. Y cualquier error o accidente puede volver a encender la mecha de los misiles.

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