La otra guerra de Irán: los hutíes y la batalla por las rutas marítimas
La milicia yemení utiliza la incertidumbre en el mar Rojo para desestabilizar el comercio global y ampliar la influencia de Teherán
BeirutLos hutíes han vuelto a abrir un nuevo frente en la guerra entre Estados Unidos e Irán. El grupo yemení ha reivindicado un ataque con misiles y drones contra dos petroleros saudíes que navegaban por el mar Rojo, en cumplimiento de la amenaza lanzada días antes de imponer un bloqueo marítimo contra los buques vinculados a Arabia Saudí que cruzaran el estrecho de Bab el-Mandeb. El ataque ha provocado que varios petroleros alteren su ruta, las navieras revisen sus planes y aumente la preocupación por una nueva interrupción del comercio mundial en una de las rutas marítimas más estratégicas del planeta.
La reacción no se ha hecho esperar. El gobierno yemení ha expresado su preocupación por la escalada en el mar Rojo y asegura que trabaja conjuntamente con Arabia Saudí, las partes yemeníes y las Naciones Unidas para evitar que la tensión regional vuelva a arrastrar al país a un nuevo conflicto. Riad ha rechazado las acusaciones de los hutíes y ha advertido que responderá ante cualquier ataque contra la navegación comercial.
Desde Washington, Donald Trump ha responsabilizado directamente a Teherán. El presidente estadounidense ha recordado que hace un año Estados Unidos lanzó una campaña contra los hutíes por sus ataques al comercio marítimo. También ha asegurado que, si las agresiones continúan, Washington considerará a Irán responsable por su apoyo al grupo y responderá militarmente con un "castigo militar severo" contra ambos.
Pero el alcance real de estos ataques va mucho más allá de Yemen. Mientras Estados Unidos concentran sus bombardeos sobre Irán, Teherán vuelve a demostrar que conserva una capacidad que ningún ataque aéreo ha logrado destruir: la de abrir nuevos frentes lejos de su propio territorio. Los hutíes son hoy la prueba más visible de esta estrategia.
No es la primera vez que el grupo yemení convierte el mar Rojo en un escenario de presión internacional. Entre 2023 y 2025, sus ataques contra barcos comerciales obligaron a muchas navieras a evitar el estrecho de Bab el-Mandeb y a desviar sus rutas alrededor de África. No consiguieron cerrar completamente esta vía marítima, pero demostraron algo importante: en una economía global basada en cadenas rápidas de suministro, no hace falta bloquear una ruta. Basta con hacerla demasiado peligrosa.
Ahora el contexto es diferente. La guerra entre Washington y Teherán ha elevado la importancia estratégica de este corredor. Con el estrecho de Ormuz bajo una presión enorme, Bab el-Mandeb se convierte en una segunda puerta de salida para el petróleo del Golfo hacia los mercados internacionales. Para Arabia Saudí, el riesgo es especialmente sensible. Su oleoducto Este-Oeste permite transportar crudo desde la costa del Golfo hasta el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, evitando Ormuz. Pero si esta nueva ruta también queda amenazada, una parte importante de sus exportaciones vuelve a quedar expuesta.
La estrategia de la incertidumbre y el papel de Teherán
La estrategia de los hutíes no consiste necesariamente en cerrar el estrecho. Probablemente saben que no tienen capacidad para mantener un bloqueo permanente. Su fuerza radica en algo más sencillo y, a la vez, más difícil de combatir: la incertidumbre. Tras esta capacidad está su relación con Irán. Durante años, Teherán ha construido una red de aliados y grupos armados en Oriente Próximo que le permite ampliar su influencia sin tener que intervenir siempre de manera directa. Los hutíes reciben apoyo militar, tecnológico y político iraní, especialmente en el desarrollo de drones y misiles, pero reducirlos a una simple herramienta de Irán sería una explicación incompleta.
El movimiento nació mucho antes de convertirse en un aliado estratégico de Teherán. Surgió en el norte de Yemen durante los años noventa como un movimiento religioso y político enfrentado primero al gobierno y posteriormente a la intervención liderada por Arabia Saudí. La guerra transformó al grupo, le permitió consolidar su control sobre amplias zonas del país y lo convirtió en uno de los actores armados más poderosos de la región. Esto explica por qué los hutíes mantienen sus propios objetivos. La amenaza contra Arabia Saudí no responde únicamente a la guerra entre Estados Unidos e Irán. También forma parte de su propia disputa con Riad y de su intento de ganar peso en las negociaciones sobre el futuro de Yemen.
Y precisamente aquí radica la importancia que tienen para Teherán. Los hutíes no necesitan recibir una orden directa para actuar en beneficio de Irán. Sus intereses pueden coincidir. Ambos tienen un enemigo común en Arabia Saudí y Estados Unidos, y ambos entienden que una pequeña fuerza con capacidad para alterar una ruta comercial mundial puede convertirse en una herramienta de presión enorme.
Fortaleza y limitaciones en una nueva fase del conflicto
La paradoja es que los hutíes son al mismo tiempo más fuertes y más limitados que antes. Han demostrado que pueden atacar barcos y poner en alerta a los mercados, pero no tienen la capacidad de controlar completamente Bab el-Mandeb ni de imponer un bloqueo prolongado. Además, una escalada mayor podría poner en peligro el frágil proceso de negociación con Arabia Saudita y provocar una nueva campaña militar contra sus posiciones.
La entrada en escena de los hutíes en la guerra iniciada por los Estados Unidos e Israel el 28 de febrero revela una de las características principales de esta nueva fase del conflicto. Irán no necesita ganar una batalla convencional para mantener capacidad de respuesta. Puede obligar a sus adversarios a combatir en diversos escenarios a la vez. Mientras los Estados Unidos pueden atacar infraestructuras dentro de Irán, Teherán conserva aliados capaces de trasladar la presión al mar Rojo, al Golfo y a las rutas comerciales internacionales. En esta guerra, la distancia ya no protege a nadie.