Los hutíes del Yemen entran en guerra atacando Israel con la clave para boicotear (más) la economía mundial

El grupo aliado de Irán lanza proyectiles a Israel por primera vez en el conflicto

Seguidores hutíes participan en una manifestación de solidaridad con Irán en Saná, Yemen, el 27 de marzo de 2026
28/03/2026
4 min

BarcelonaCuando Teherán fue atacada por drones y proyectiles estadounidenses e israelíes el 28 de febrero, los aliados de Irán respondieron con celeridad. Hezbolá, el grupo armado chií del Líbano, no se esperó. En el momento en que se confirmó la muerte de Ali Jamenei, lanzó una lluvia de más de 90 cohetes y drones al norte de Israel y contra la base de monitorización del monte Hermón, en Israel. Las milicias iraquíes atacaron la embajada estadounidense en Bagdad y forzaron una evacuación del personal diplomático. Incluso las milicias sirias –debilitadas desde la caída de Bashar al-Asad– lanzaron proyectiles hacia la zona fronteriza con Turquía. Pero, hasta hoy, un aliado clave del llamado eje de la resistencia se había abstenido de entrar formalmente en el conflicto: los hutíes de Yemen.

A pesar de haber expresado su apoyo a Irán, los hutíes habían dilatado su participación y afirmaban que su intervención en la guerra sería cuestión de tiempo. El viernes por la noche el portavoz de la rama militar de los hutíes, Yahya Saree, dio a entender que la hora había llegado: "Confirmamos que estamos a punto de llevar a cabo una intervención militar directa". Y se comprometió a entrar en guerra si se producía alguna nueva alianza con Estados Unidos e Israel contra Irán o si se utilizaba el mar Rojo para "llevar a cabo operaciones hostiles" contra Teherán o contra cualquier país musulmán.

Esta madrugada el grupo ha apretado el gatillo. Ha confirmado que ha lanzado una oleada de misiles balísticos hacia el sur de Israel, en lo que formalmente se ha entendido como una entrada en guerra. Los proyectiles –ha asegurado el portavoz en una declaración televisada– se dirigían contra “objetivos militares sensibles” y se han lanzado en coordinación con Irán y Hezbolá en Líbano. La operación, ha dicho Saree, “ha alcanzado con éxito sus objetivos”. Pero los hutíes alertan que los ataques son solo la primera fase de una intervención militar directa y que continuarán "hasta que se detenga la agresión en todos los frentes de resistencia". Horas más tarde, el grupo yemení cumplía con sus palabras y volvía a atacar "emplazamientos militares y vitales para el enemigo sionista".

Por su parte, Israel, que ha detectado de madrugada un misil lanzado hacia su territorio desde Yemen, asegura que sus sistemas de defensa aérea han interceptado el proyectil. Horas después, han admitido haber interceptado un segundo. No se ha informado de víctimas.

El grupo enmarca los ataques como un acto de solidaridad con Teherán y sus aliados, asediados por la ofensiva conjunta de los EE. UU. e Israel. Y llega al día siguiente de que Irán prometiera "una represalia histórica" por los ataques israelíes sobre instalaciones energéticas y nucleares fundamentales para la República Islámica.

Otro estrecho clave para el comercio mundial

Hace tiempo que se especulaba con la entrada de los hutíes en el conflicto, y diversos analistas apuntaban que esto podría producirse si la ofensiva se alargaba. "Los vínculos [de los hutíes] con Irán no son tan profundos como los de Hezbolá, en Líbano. Pero si Teherán pidiera ayuda, no podrían decir que no a un aliado que ha armado y entrenado a sus fuerzas en los últimos años", afirma Lyse Doucet, corresponsal internacional en jefe de la BBC.

Así, mientras parece que los esfuerzos diplomáticos no dan frutos, estos aliados de Irán pueden hacer entrar en juego una nueva arma geopolítica, que haría caer aún más la balanza hacia el lado iraní y pondría bajo más presión a la administración norteamericana. Los hutíes tienen la capacidad de interrumpir el tránsito a través del estrecho de Bab el-Mandeb, que separa la punta sudoccidental de Arabia, en Yemen, de la costa africana y que une el mar Rojo con las rutas comerciales mundiales.

El estrecho de Bab el-Mandeb ("Puerta de las lágrimas, en árabe) es la puerta de acceso a la ruta más corta entre Europa y Asia, hecho que lo convierte en uno de los corredores marítimos más importantes del mundo, y permite a las embarcaciones acceder al canal de Suez. En el punto más estrecho, mide solo 29 kilómetros.

En condiciones de paz, transitaba el 12% del comercio mundial, el 9% del petróleo y cerca del 20% del gas natural. Pero con el inicio de la guerra en Gaza en 2023, los hutíes iniciaron una campaña de drones y misiles contra buques en el mar Rojo, con el objetivo de obligar a Israel a detener la ofensiva en Gaza y dejar entrar ayuda al enclave. La consecuencia directa fue que se interrumpió temporalmente el tránsito por este corredor fundamental y se obligó a las compañías navieras a desviar la ruta por el extremo sur de África.

A pesar de los esfuerzos de Estados Unidos para detener los ataques de los hutíes y el alto el fuego firmado en 2025, muchas navieras han preferido mantener las rutas comerciales por el cabo de Buena Esperanza. Antes de la guerra en Irán, el tránsito por el estrecho ya se había reducido tres quintas partes. Ahora bien, con el estrecho de Ormuz ya bloqueado, un segundo cierre en Bab el-Mandeb podría disparar aún más los precios del gas y del petróleo, que ya se encuentran en máximos históricos.

Pero abrir este frente también implica riesgos graves para los mismos hutíes. Bab el-Mandeb es la ruta principal para las exportaciones de petróleo de Arabia Saudita, que es el gran mecenas de sus rivales en el sur del Yemen. Boicotear el paso del crudo saudita podría tener un coste muy alto para los hutíes, ya que se podrían ver obligados a luchar en dos frentes a la vez.

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