Tensión en Irán

Irán blinda al régimen y ya se prepara para un ataque estadounidense

Una confrontación directa con Washington se discute en serio en los círculos de poder de Teherán

Ciudadanos pasean por una calle de Teherán encabezada por un gran cartel del régimen iraní.
22/02/2026
3 min

BeirutEn Teherán, las portadas de los periódicos han dejado de hablar en condicional. Misiles en primer plano, titulares sobre maniobras navales y advertencias en Washington ocupan el centro del debate público. No es sólo retórica. Es la escenografía de un país que se prepara para un escenario que no se percibe ya como remoto. Una confrontación directa con Estados Unidos se discute en serio en los círculos de poder.

En el estrecho de Ormuz, la Guardia Revolucionaria ensayó ayer el nuevo misil naval de defensa aérea Sayyad-3G. Según las autoridades, puede crear un perímetro de protección de hasta 150 kilómetros en torno a los barcos que lo transportan e interceptar aviones, drones de alta altitud y misiles de crucero. El lanzamiento se inscribe en una serie de ejercicios que se han multiplicado últimamente en el golfo Pérsico y en el golfo de Omán, incluidos entrenamientos conjuntos con Rusia. La frecuencia y perfil de estas operaciones reflejan algo más que rutina militar. El movimiento de Irán coincide con el refuerzo militar estadounidense en la región. Tras la última ronda celebrada esta semana en Ginebra, ambas partes han ofrecido versiones distintas sobre el alcance de los progresos. Irán insiste en que su programa nuclear tiene fines civiles y rechaza la exigencia de renunciar al enriquecimiento de uranio o de limitar su programa de misiles balísticos, y desde Washington advierten que estos puntos son líneas rojas.

Ante la posibilidad de que la vía diplomática fracase, la República Islámica no sólo entrena sus fuerzas. Recientemente, el ayatolá Ali Jamenei emitió directivas internas que establecen cuatro niveles de sucesión para cada uno de los cargos militares y gubernamentales que él designa. También instruyó a los altos funcionarios para que nombraran hasta cuatro posibles sustitutos y delegó responsabilidades en un círculo de confianza reducido, de modo que se puedan tomar decisiones si la comunicación con él se interrumpe o si le asesinan. Es un diseño pensado para asegurar la continuidad bajo el fuego. Tras estas directivas, Ali Larijani, principal responsable de seguridad nacional, asumió un papel central en la gestión política y estratégica. Jamenei debería haber designado, además, a tres posibles sucesores. Sus nombres no se han hecho públicos, pero casi con toda certeza Larijani no figura, ya que no es un clérigo chií de alto rango, requisito indispensable para ocupar el liderazgo supremo. El mensaje es inequívoco. El sistema debe sobrevivir incluso a la desaparición de su figura central.

Las señales de rearme se extienden más allá de los ejercicios navales. Imágenes de satélite difundidas por medios estadounidenses muestran trabajos de reconstrucción en bases de misiles y nuevas obras de fortificación en torno a instalaciones nucleares. En Khorramabad, parte de la infraestructura dañada en ataques previos se ha restaurado. En Shahrud, la principal planta de producción de misiles de combustible sólido debe haber retomado la actividad con rapidez. Cerca del complejo de Natanz se observan estructuras que podrían reforzar la protección frente a bombardeos aéreos.

El riesgo de un error de cálculo

Además, el presidente Masoud Pezeshkian ha reforzado su narrativa de resistencia. Sostiene que Irán no cederá ante la presión internacional y que las grandes potencias buscan imponer condiciones inaceptables. Jamenei, por su parte, ha minimizado el impacto del despliegue naval estadounidense, sugiriendo que cualquier plataforma puede ser vulnerable si se dispone del arma adecuada.

El riesgo radica en el error de cálculo, advierten los analistas. Según explica Ali Vaez, del centro de estudios International Crisis Group, en Teherán existe la percepción de que Washington utiliza la diplomacia como cobertura para aumentar la presión antes de una posible acción militar. En Washington, algunos consideran que la firmeza iraní responde a una sobreestimación de su propia capacidad de disuasión. "En un entorno saturado de barcos, drones y sistemas de misiles, un incidente en el estrecho de Ormuz podría desencadenar una reacción en cadena", insiste Vaez.

La paradoja es evidente. Los canales diplomáticos siguen abiertos, pero el lenguaje dominante es el de la preparación bélica. Irán refuerza su defensa aérea, reorganiza su cadena de mando y define planes de sucesión. Estados Unidos acumula poder naval y mantiene el ultimátum. Ambos aseguran preferir un acuerdo pero actúan como si la guerra fuera una posibilidad tangible. El margen para la desescalada existe, pero se estrecha con cada nueva maniobra en el Golf.

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