La letra pequeña que puede hacer fracasar la paz entre los Estados Unidos y el Irán

Trump asegura que ha sugerido a Israel dejar que Siria se ocupe de Hezbollah porque haría "un mejor trabajo"

Donald Trump, este martes durante una cena en la cumbre del G7 que se celebra hasta el miércoles en Évian, Francia.
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BeirutLas declaraciones de este martes desde Teherán y Washington muestran que la batalla por interpretar el acuerdo entre Estados Unidos y el Irán acaba de comenzar. Mientras la firma oficial del memorándum de entendimiento continúa prevista para el próximo viernes en Ginebra, el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, ha aumentado la presión sobre Israel al afirmar que el fin de la guerra en Líbano constituye una condición inseparable del fin del conflicto con Irán.

Según ha explicado Araghchi, el acuerdo se divide en dos partes: una relativa a Irán e Israel y otra centrada en Irán y Hezbollah. Aún más, el titular iraní ha sostenido que la retirada israelí del territorio libanés forma parte de este entendimiento y ha advertido que cualquier ataque por parte de Tel Aviv o la continuación de la ocupación constituirían una violación del memorándum.

La misma idea la ha reforzado pocas horas después el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, durante una conversación telefónica con su homólogo libanés, Nabih Berri. Ghalibaf ha reclamado que Estados Unidos y los países garantes del acuerdo asuman la responsabilidad de obligar a Israel a poner fin a la guerra y respetar la soberanía libanesa.

La respuesta más llamativa ha llegado desde los Estados Unidos. En el marco de la cumbre del G-7 en Francia, Donald Trump ha criticado abiertamente las operaciones israelíes en el Líbano, ha cuestionado la destrucción de edificios residenciales durante los ataques contra Hezbollah y ha asegurado que ha sugerido a Israel dejar que Siria se ocupe del grupo chiita. "Creo que harían un mejor trabajo", ha afirmado el presidente estadounidense, y ha incitado así prácticamente a una guerra civil confesional entre chiitas y sunitas en el país. Aunque ha insistido en que mantiene una relación excelente con Benjamin Netanyahu, el tono empleado refleja una incomodidad creciente de la Casa Blanca con las acciones israelíes en un momento especialmente delicado para la diplomacia norteamericana.

La coincidencia de los dos mensajes no parece casual. Irán intenta vincular públicamente la supervivencia del memorándum con el fin de la guerra en el Líbano, mientras que Trump deja entrever que la campaña israelí se ha convertido en un obstáculo para consolidar el principal éxito diplomático que espera exhibir en Oriente Medio. Pero las declaraciones de Araghchi y Trump revelan algo más que diferencias de tono. También exponen las ambigüedades de un memorándum cuyo contenido íntegro sigue sin conocerse y que cada parte parece interpretar de manera diferente.

¿El Líbano, incluido en el acuerdo?

Si hay un punto donde las interpretaciones divergen es precisamente el frente libanés. Teherán sostiene que el fin de la guerra y la retirada israelí forman parte del acuerdo. Sin embargo, ninguna de las informaciones conocidas hasta ahora confirma de manera inequívoca que este compromiso figure en el texto. La diferencia no es menor. "Una cosa es que la retirada israelí forme parte de las obligaciones asumidas por las partes y otra muy diferente que se convierta en un objetivo sujeto a futuras negociaciones", sostiene en el ARA el general retirado libanés Yussef Haydar.

La cuestión resulta especialmente sensible porque el sur del Líbano se ha convertido en uno de los principales escenarios donde se pondrá a prueba la credibilidad del memorándum. "Si Irán interpreta que Israel debe retirarse y poner fin a todas sus operaciones militares, mientras que Israel considera que mantiene libertad de acción contra Hezbolá, las bases para futuras tensiones ya estarían presentes incluso antes de la firma oficial del acuerdo", advierte Haydar.

"Para Irán, el objetivo estratégico no es conseguir una victoria militar, sino impedir que Israel consolide una nueva realidad de seguridad en el sur del Líbano basada en ataques permanentes contra Hezbolá", sostiene, por su parte, Mohanad Hage Ali, investigador del Carnegie Middle East Center de Beirut. Desde la perspectiva iraní, el acuerdo solo tendrá valor si consigue frenar esta dinámica y obliga a Israel a modificar su comportamiento sobre el terreno.

La otra gran incógnita se encuentra en Jerusalén. Aunque Benjamin Netanyahu no ha participado directamente en las negociaciones entre Washington y Teherán, buena parte de la viabilidad del acuerdo dependerá de sus decisiones. Como recuerda el analista libanés, Israel defiende que la seguridad de su frontera norte "exige mantener la capacidad de intervención contra Hezbolá y evitar que el grupo reconstruya su infraestructura militar". "Esta posición no ha desaparecido con la firma del memorándum", afirma Hage Ali.

Las declaraciones recientes de Trump sugieren que la Casa Blanca podría estar dispuesta a ejercer una mayor presión sobre su aliado. El presidente estadounidense necesita que el acuerdo produzca resultados tangibles. La reapertura del estrecho de Ormuz, la estabilización de los mercados energéticos y la reducción de las tensiones regionales forman parte de una estrategia que Trump espera presentar como uno de los principales éxitos de su política exterior. Pero una nueva escalada entre Israel y Hezbolá amenazaría directamente este objetivo.

El programa nuclear y las sanciones económicas

A esto se le añade el otro gran dossier pendiente: el programa nuclear iraní. Según el jefe de la diplomacia iraní, las cuestiones relacionadas con el enriquecimiento de uranio y el levantamiento de las sanciones han sido aplazadas a una segunda fase de negociaciones de 60 días. Es decir, precisamente los asuntos que condujeron a la confrontación entre los dos países continúan sin resolverse.

"El verdadero desafío no es alcanzar un alto el fuego, sino construir un acuerdo sostenible sobre el programa nuclear", advierte Hage Ali. Las diferencias sobre el destino de las reservas de uranio enriquecido, el alcance de las futuras inspecciones y el ritmo del levantamiento de las sanciones prometen convertirse en algunos de los puntos más complejos de la negociación, enumera.

Más que resolver las causas de la guerra, el memorándum parece haberlas aplazado. La cuestión nuclear continúa abierta. El futuro de Hezbollah continúa siendo motivo de disputa. La retirada israelí del sur del Líbano permanece rodeada de incertidumbre. Y cada una de las partes presenta el acuerdo como una confirmación de sus propias posiciones.

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