Líbano e Israel: la negociación se atasca mientras Netanyahu promete reforzarse en el sur

El desmantelamiento de Hezbollah es el punto más crítico, por las dificultades de política interna en el Líbano

Un vehículo blindado israelí cerca de la frontera entre Israel y el Líbano.
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BeirutAl día siguiente de la primera reunión directa entre el Líbano e Israel en décadas, celebrada en Washington, el país continúa atrapado entre una apertura diplomática aún muy frágil y una guerra que no muestra signos de desaceleración. El encuentro, auspiciado por Marco Rubio, permitió establecer un canal directo entre las delegaciones, pero no produjo ni un alto el fuego, ni un acuerdo mínimo, ni tan solo una hoja de ruta que permita hablar de un proceso estructurado. Sobre el terreno, la secuencia militar ha continuado su curso con nuevos bombardeos israelíes en el sur del Líbano y ataques con drones en la carretera Beirut-Saida, lo que refuerza la idea de que, de momento, la diplomacia y la guerra avanzan en planes paralelos.

La guerra no solo continúa, sino que marca el ritmo de cualquier avance. Los ataques israelíes se han intensificado de nuevo, con bombardeos en el sur del Líbano, una nueva oleada de drones sobre la carretera Beirut-Saida y operaciones nocturnas en diversas localidades del sur. El coste humano continúa aumentando. Desde el 2 de marzo, las autoridades libanesas ya contabilizan más de 2.100 muertos. Sin cambios sobre el terreno ni un mecanismo claro de garantías, cualquier proceso continúa expuesto a que una nueva escalada lo devuelva al punto de partida.

Este miércoles el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha prometido que sus tropas continuarán atacando a Hezbolá y que ha dado instrucciones al ejército para que refuerce la zona de seguridad en el sur del país. En esta zona, según ha dicho en una declaración en vídeo, las tropas están avanzando tanto que pronto tomarán la ciudad de Bint Jbeil, la segunda más grande del sur del Líbano. Con respecto a las negociaciones, el dirigente israelí se mantiene inflexible: "En las conversaciones con el Líbano hay dos objetivos principales: el desmantelamiento de Hezbolá y una paz duradera que se consiga a través de la fuerza". Sobre Irán, Netanyahu ha avisado de que Israel está "preparado para cualquier escenario" y sostiene que están alineados con los Estados Unidos, que los mantienen informados en todo momento.

Para diversos especialistas, el problema no es la voluntad de negociar, sino la misma forma que adopta el bloqueo. Maha Yahya, del Centro Carnegie para Oriente Medio en Beirut, insiste en que el problema “no radica únicamente en la distancia entre las posiciones libanesa e israelí, sino en la ausencia de condiciones políticas internas en el Líbano”. “El estado no actúa como un bloque coherente y cualquier movimiento que afecte al papel de Hezbolá activa tensiones que limitan inmediatamente el margen de maniobra”, insiste. En la misma línea, aunque desde otra perspectiva, Bassam Lahoud, profesor en la Universidad Libanesa-Americana (LAU), señala que el problema principal es la distancia entre la negociación que se intenta construir en Washington y lo que ocurre sobre el terreno. “Se está negociando como si la situación se hubiera estabilizado, pero la guerra continúa en movimiento, lo que hace que cualquier avance se pueda deshacer rápidamente ante una nueva escalada”, resume.

El papel de Hezbolá y su desarme es el punto donde el proceso se vuelve más delicado, porque introduce una variable que no es solo militar, sino profundamente política y doméstica, y que afecta directamente al equilibrio interno del país. En este sentido, Yahya explica que el desarme de Hezbolá “no se puede entender como una medida técnica o aislada, sino como una transformación a largo plazo del sistema político libanés”, cosa que explica por qué cualquier intento de acelerarlo en el contexto actual tiende a generar resistencias inmediatas.

Una oportunidad con poco margen

Desde el entorno del presidente Joseph Aoun y de los sectores políticos contrarios a Hezbollah, el inicio de las conversaciones en Washington se interpreta como una oportunidad para intentar frenar la escalada militar y abrir una vía de estabilización, aunque nadie en Beirut oculta que el margen es extremadamente frágil. En el extremo opuesto, Amal y Hezbollah rechazan el proceso tal como está planteado y lo consideran desequilibrado desde su origen, entendiendo que expone al estado libanés a concesiones sin garantías equivalentes, en un momento en que la presión militar sobre el país continúa aumentando.

El líder druso Walid Joumblatt, desde una postura más pragmática, advierte que lo que es decisivo no es el formato de las reuniones en Washington, sino la capacidad real de los Estados Unidos para traducirlas en resultados concretos, comenzando por un alto el fuego y por la aplicación de los puntos pendientes del acuerdo del 2024. En aquel momento Israel mantuvo posiciones en el sur a pesar de la tregua. Y, por su parte, el patriarca maronita Bechara Boutros Rai ha defendido también la necesidad de avanzar hacia una salida negociada y detener la guerra, en un país donde el desgaste social, económico y humanitario se acumula sin pausa.

Israel llega a estas conversaciones con una exigencia que atraviesa todo el proceso: impedir que Hezbollah mantenga su capacidad militar en la frontera norte. Además, una propuesta atribuida al ministro de Asuntos Estratégicos Ron Dermer plantea reorganizar el sur del Líbano en franjas de seguridad: una zona inmediata a la frontera; otra entre la frontera y el río Litani, donde se concentraría la presión militar sobre Hezbollah, y una tercera más al norte del Litani bajo control del estado libanés. En este esquema, la retirada israelí quedaría condicionada a cambios progresivos sobre el terreno.

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