Protestas en Irán

El régimen de Irán desafía las amenazas de Trump mientras crecen las protestas en la calle

Teherán silencia al país con un apagón de internet y acusa a los manifestantes de actuar al servicio de las potencias extranjeras

Un hombre camina por la calle, frente a un edificio cubierto con una pancarta gigante en contra de Estados Unidos e Israel. La foto es de archivo.
10/01/2026
3 min

BeirutLa noche volvía a caer este sábado sobre Irán sin internet y con las calles todavía en movimiento. Pese al apagón total de comunicaciones impuesto por las autoridades, nuevos focos de protesta emergen en Teherán, Mashad, Tabriz y Qom. Imágenes difundidas por canales en persa desde el exterior, verificadas por agencias internacionales, muestran concentraciones nocturnas y consignas contra el régimen de los ayatolás. Quince días después del inicio de la movilización, el pulso entre la calle y el aparato de seguridad sigue abierto.

El corte de comunicaciones, vigente desde hace más de 36 horas según NetBlocks, pretende frenar oficialmente la "coordinación de disturbios". En la práctica, impide documentar abusos y aísla la protesta. Cineastas disidentes como Jafar Panahi y Mohamed Rasoulof advierten que el apagón sirve para ocultar la violencia de la represión. La Nobel de la Paz Shirin Ebadi teme una "masacre bajo un apagón total", mientras algunas ONG internacionales analizan indicios de un uso creciente de munición real.

Sobre el terreno, la información es fragmentaria. Canales en persa con base en el extranjero difunden vídeos de manifestantes que derriban símbolos del régimen, mientras los funerales de miembros de las fuerzas de seguridad ocupan la programación de la televisión estatal. Desde el inicio del movimiento, organizaciones de derechos humanos contabilizan decenas de muertes, entre ellos menores, y cientos de heridos. El poder no reconoce cifras.

Paralelamente, el régimen endurece su discurso. La televisión estatal emite advertencias directas a los manifestantes, incluidas llamadas a los padres para que mantengan a sus hijos en casa "si se preocupan por su seguridad". Las cadenas oficiales presentan la protesta como una agresión coordinada contra el estado, mientras imágenes filtradas muestran a las fuerzas de seguridad disparando gas lacrimógeno y munición real contra la multitud.

El contraste es elocuente. En la pantalla oficial, jóvenes movilizados en actos progubernamentales cantan himnos religiosos y glorifican el sacrificio. En los vídeos que circulan desde el exterior, manifestantes atacan símbolos del régimen y después se dispersan sin apropiarse de bienes. Dos universos políticos superpuestos, incapaces ya de reconocerse mutuamente. Es una buena metáfora de la situación política del país, presionado desde el exterior y amenazado por Estados Unidos. Hace unos días, Trump advirtió que intervendría si el gobierno de Teherán reprimía con fuerza a los manifestantes. Se reafirmaba este sábado en un post en Truth Social: "Irán está buscando la LIBERTAD como nunca antes lo había hecho. Y Estados Unidos está aquí preparado para ayudar".

Crece la presión internacional

En un discurso cargado de amenazas, Ali Jamenei acusa a los manifestantes de actuar al servicio de potencias extranjeras y promete responder con firmeza. Pero la necesidad de reafirmar constantemente la autoridad revela también una fisura. Durante décadas, el líder supremo cultivó una imagen de poder incontestable. Hoy, incluso a través de la narrativa oficial, se percibe que este hechizo comienza a resquebrajarse.

En el exterior, las reacciones se multiplican. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, afirma que Washington "apoya al valiente pueblo iraní", mientras Donald Trump reitera que intervendrá si la represión se intensifica. El príncipe Reza Pahlavi, nieto del último sha, llama a los iraníes a ocupar los centros urbanos y pide a Estados Unidos "acción inmediata" para proteger a los manifestantes. El régimen acusa a Washington e Israel de injerencia directa.

Entre bastidores, los canales diplomáticos quedan abiertos. Varios países del Golfo, en particular Arabia Saudí, Qatar y Omán, exploran una mediación entre Washington y Teherán para evitar un escenario de colapso o de guerra abierta. Algunas capitales regionales consideran una salida negociada similar a la ensayada en Venezuela, como vía para evitar un colapso del régimen si la protesta se intensifica.

Lo que ocurra en los próximos días podría redefinir no sólo el equilibrio interno, sino también la influencia de Irán en la región, desde los conflictos en Siria y Líbano hasta la relación con potencias globales. Mientras, los manifestantes aprenden a moverse en la sombra, la comunidad internacional observa y el régimen ajusta su narrativa, consciente de que su autoridad, aunque aparentemente intacta, ya no puede darse por garantizada.

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