Cuatro lecturas del ataque de Trump en Venezuela

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, en una imagen de archivo durante un encuentro con soldados en una base militar de Caracas.
04/01/2026
Jefe de Internacional
5 min

Sólo hemos necesitado 48 horas para presenciar el primer evento mayúsculo del 2026: Estados Unidos ha bombardeado con fuerza imperial Venezuela. Seguidamente, un grupo de soldados de élite estadounidenses han capturado al presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. Algunas lecturas de la agresión de Washington ayudan a explicar el momento urgente y el mundo en el que vivimos.

'America first'?

Donald Trump regresó a la Casa Blanca reiterando que su predecesor, Joe Biden, había sido el presidente de la guerra y que él sería el presidente de la paz. El republicano también recuperó la silla de la Casa Blanca haciendo ondear de nuevo la bandera del "America first- su gran lema del primer mandato- y asegurando a sus compatriotas que con él Estados Unidos no se implicarían en conflictos internacionales. Fake news. Un año, eterno, de mandato después, Trump ha hecho del uso de la fuerza y ​​de la amenaza violenta el sello que más identifica su política exterior, cada vez más agresiva, más radical, más imprevisible. En 2025 sus Estados Unidos bombardearon directamente siete países: Venezuela, Siria, Irak, Irán, Yemen, Somalia y Nigeria. Y amenazaron a unos cuantos más: Colombia, Canadá, Groenlandia, México, Panamá... No sé si las humillaciones constantes en la Unión Europea, que irán en aumento este 2026, deberían formar parte de la lista.

Trump presume de haber puesto fin a la guerra Gaza y se presenta como el único mandatario capaz de hacer lo mismo en Ucrania. La realidad es que el acuerdo de paz en Oriente Próximo es frágil, incompleto y, de momento, no sienta las bases para una reconstrucción política y social en la Franja. La realidad también es que en Ucrania –donde había prometido un alto el fuego en 24 horas–, Washington sigue sin encontrar la salida a la guerra, y cuando lo haga la paz beneficiará –y premiará– de forma demasiado peligrosa a Vladímir Putin.

Paisaje de fieras

El cambio de política exterior de Trump es la prueba más palpable de que en el mundo de hoy vuelve a primar la ley del más fuerte. Coincidiendo con el 15 aniversario del ARA, en la redacción nos imaginábamos un juego: qué pensarían los lectores del diario del 2010 sobre los acontecimientos ocurridos durante estos años. La mayoría no creerían que, en Europa, volvería a haber una guerra en la que se matan soldados a ritmo de la Segunda Guerra Mundial. O que a Benjamin Netanyahu se le apoyaría incondicionalmente durante buena parte de su guerra genocida contra Gaza. O que Dinamarca pediría ayuda a la Unión Europea ante el miedo a que Washington invada Groenlandia. Nos acercamos a la política-ficción o, quizás mejor, a la geopolítica del siglo XIX –como insisten cada vez más expertos–: es decir, a una época marcada por la expansión imperial y la pugna de poder entre las grandes potencias.

Desde la perspectiva del derecho internacional, las bombas estadounidenses cayendo de madrugada contra medio Venezuela son otro desafío enorme al respeto por el orden global. ¿Cómo lo fue la invasión rusa de Ucrania, y las bombas israelíes que en los últimos meses han caído por Oriente Próximo: Líbano, Siria, Yemen... El ataque de Trump llega el día tres del nuevo año. Unos kilómetros más al este, el presidente chino, Xi Jinping, aseguraba en su discurso de Nochevieja que "la reunificación" de China y Taiwán es "inevitable" e insistía en que sigue siendo un objetivo central e inalterable del gobierno de Pekín. Si Trump bombardea Venezuela, captura al presidente y busca forzar un cambio de gobierno en Venezuela –la misma estrategia, por cierto, que Putin quería seguir en Ucrania–, ¿quién puede detener a China de hacer lo mismo en Taiwán?

'No war, yes peace'

Nicolás Maduro se ha pasado parte de las últimas semanas cantando y bailando. El presidente venezolano se hacía grabar entonando canciones pacifistas para contrarrestar los tambores de guerra que resonaban con insistencia desde Washington. Una de sus melodías se viralizó en todo el mundo. Es un remix con frases que se repiten: "No war, yes peace" (no en la guerra, sí en la paz); "No blood for oil(no queremos sangre por el petróleo); "No crazy war" (no en la guerra loca)... La música ha terminado y es sobre Maduro que existe ahora la mayoría de interrogantes. ¿Cómo han llegado a él? ¿Le han traicionado personas de su confianza? Trump ha entregado a media tarde la prueba de vida que habían pedido desde Caracas: una foto de él vestido con chándal gris, con los ojos y orejas tapadas retenido en un escenario de guerra. Era una foto histórica.

La gran pregunta, sin embargo, es saber si la caída de Maduro implica la caída de su gobierno. La comparecencia de la vicepresidenta Delcy Rodríguez confirmaba la fidelidad del chavismo a Maduro, heredero de Chávez, que le escogió a dedo. Dirigiéndose a Trump, que minutos antes decía que Washington tiene la intención de tomar el control de Venezuela –y su petróleo–, Rodríguez sonaba contundente: no seremos una colonia y nuestro único presidente es Maduro.

Al otro lado de la mesa, también bastante desconcertada, está la oposición venezolana, que celebraba el golpe de la Casa Blanca. A primera hora, todas las miradas apuntaban a María Corina Machado, ganadora del último Nobel de la paz –un galardón que, por cierto, ansiaba Trump–. Las preguntas se acumulaban: ¿Washington la hará presidenta? ¿Cómo reaccionarían las calles de Venezuela? Trump enfriaba la preguntas con una declaración bastante sorprendente: Machado no tiene suficiente respeto para dirigir ahora el país. El futuro inmediato de Maduro es casi tan incierto como el de Venezuela.

A la espera de Pekín y Moscú

Hace, al menos, cierta gracia la primera reacción oficial de Moscú a las bombas de Washington sobre Caracas: "Exigimos que se aclare de forma inmediata la situación. Estas acciones [en referencia a los bombardeos y, especialmente, a la captura de Maduro], si realmente han tenido lugar, suponen una violación inaceptable de lo que es un internacional," ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia. Más allá de estas palabras vacías, será interesante ver cuál es la reacción real de Moscú y, sobre todo, de Pekín frente a la agresión estadounidense. En las últimas semanas, y ante el gran despliegue militar de Washington, tanto Putin como Xi Jinping, los grandes aliados de Maduro, habían pedido prudencia a Trump.

Pero en política lo más importante suele ser lo que se dice cuando los micrófonos están apagados. Quizá Putin, con quien Trump habla suficientemente recurrentemente por teléfono sobre Ucrania, ya sabía las intenciones de EEUU y se cobra ahora el favor en la mesa de negociación ucraniana. Quizá a Xi no le moleste tanto el gesto de Washington y cede su influencia sobre Venezuela a cambio de ganarlo en otra área del tablero global. Europa se limita, como hace últimamente, a entonar el clásico”deeply concerned", una expresión utilizada a menudo para disimular la creciente irrelevancia estratégica –que es ya vulnerabilidad estratégica– del club comunitario. Quienes han demostrado estar más preocupados son la mayoría de mandatarios de América Latina –a excepción del argentino Javier Milei, alumno de Trump–, una región amenazada de nuevo por una ola intervencionista de Estados Unidos. Donde habría los rostros más desencajados este sábado de enero está en Cuba, gran anhelo estadounidense y que ha temblado también con la explosión de cada bomba gringa sobre tierra venezolano.

En toda Latinoamérica resuena un mantra con insistencia: hay que temer una nueva ola intervencionista de los vecinos del norte.

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