Participantes en la manifestación del 8-M en Barcelona
07/03/2026
Psicòloga especialista en victimologia
2 min

El concepto backlash (que podría traducirse como retroceso, rebote o contrarreacción) describe una corriente de reacción hostil y estructurada contra los avances en materia de igualdad, especialmente contra los derechos de las mujeres. Es una contraofensiva ideológica y cultural que no nace de respuestas aisladas, sino de una estrategia articulada con un claro objetivo: impulsar una contrarreforma que revierta conquistas sociales en derechos y libertades.

La periodista Susan Faludi popularizó el concepto en su libro Backlash (1991), donde lo definía como un "contraataque" deliberado contra los logros del movimiento feminista de los años setenta. Según Faludi, se trata de una ofensiva que presenta cualquier avance en igualdad como una amenaza a un supuesto "orden natural" de los roles de género.

Hoy, en plena ola de la crisis democrática internacional y con el ascenso de la extrema derecha, el backlash es más actual que nunca. No se trata de simples opiniones dispersas, sino de una corriente de pensamiento y acción que encuentra aliados en partidos políticos, medios de comunicación, influencers y sobre todo en las redes sociales, que amplifican mensajes reaccionarios. Esta corriente, a menudo escondida bajo la "defensa de los valores tradicionales", intenta inocular la idea de que la igualdad de género no es un derecho, sino un problema social.

En este relato, el feminismo se caricaturiza y se convierte en un enemigo social a combatir. Aparecen frases como "las mujeres son unas exageradas", "el feminismo ha ido demasiado lejos" y "la violencia machista es un invento". También se difunden mitos sobre denuncias falsas y la idea de que el feminismo va contra los hombres, presentándolos como víctimas de una supuesta persecución. En paralelo, entran con bastantes discursos, como el movimiento tradwife, que promueven la vuelta a roles de género rígidos bajo una apariencia de elección personal o empoderamiento.

La relación entre backlash, extrema derecha y violencia no es casual. Desde los líderes políticos que niegan las discriminaciones estructurales hasta los troles y grupos de odio en las redes, se configura un ecosistema que ataca especialmente a las mujeres, y especialmente a aquellas con perfil público que defienden la igualdad. Políticas, académicas, periodistas, activistas… son objeto de acoso, difamación y campañas de odio que no son incidentes aislados, sino parte de una estrategia coordinada para atemorizar, desacreditar y silenciar con un mensaje constante: la igualdad ha fracasado.

Estos discursos no nacen en el vacío: responden a miedos profundos, como la pérdida de privilegios, el cambio social acelerado y la necesidad de revisar el papel de la violencia en la masculinidad tradicional, y son instrumentalizados políticamente por los partidos reaccionarios. Por eso, este backlash no es sólo contra el feminismo ni contra las mujeres: impacta directamente contra las democracias plurales y los derechos humanos. Reconocer ese fenómeno no es victimismo: es análisis. Y sólo entendiendo que se trata de una estrategia coordinada (y no de casos aislados) podremos defender los derechos conquistados y avanzar hacia una igualdad real que no dependa de ciclos de progreso y retroceso.

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