Visita al futuro de la tercera guerra del Golfo

Los ataques de los ayatolás a pesar del alto el fuego dejan las petromonarquías en una posición de desconcierto e incertidumbre

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Enviado especial a Dubái (Emiratos Árabes Unidos)Al día siguiente de la noche en que se debía aniquilar toda una civilización, un hombre-robot y un perro-robot hacían volteretas en Dubái. Los turistas les fotografiaban mientras esperaban para entrar al futuro. El futuro ha dado mucho vértigo estos días en los países del Golfo. El futuro incierto del Golfo aún da vértigo.

La civilización que debía morir no era esta. Era la de la otra orilla del mar, la persa, los 93 millones de personas que viven en Irán. “Toda una civilización morirá esta noche, sin que se pueda recuperar”, había dicho Donald Trump.hay que hacer cola para entrar a las principales atracciones de Dubái. En condiciones de guerra, la entrada es inmediata.

“¿El espacio exterior está hecho a prueba de Trump?”, preguntaba un turista polaco. La guía obviaba el comentario. El grupo de turistas era muy reducido. Calculadoras como la del World Travel & Tourism Council han sentenciado que las bombas han hecho perder unos 515 millones de euros al día a las economías del Golfo. En condiciones de paz, hay que hacer cola para entrar a las principales atracciones de Dubái. En condiciones de guerra, la entrada es inmediata.

Turistas observan y capturan el viaje hacia el espacio en un ascensor gigante del museo del Futuro de Dubai.

Era difícil ayer interpretar el futuro. Las capitales del mundo celebraban el pacto, porque, efectivamente, ha evitado una escalada infernal. Pero el pacto presentaba grietas, y pronto se veía frágil: el tráfico en Ormuz era mínimo y Teherán decidía interrumpirlo por la tarde; Israel se ensañaba con el Líbano lanzando 160 bombas en diez minutos; Teherán continuaba bombardeando las monarquías del Golfo. Las capitales árabes temen que, igual que Beirut, hayan quedado fuera del acuerdo temporal de alto el fuego. Las capitales árabes no deben de estar muy contentas con Washington: insistieron hasta el último minuto para que la Casa Blanca, su aliado, no iniciase la guerra contra Irán y ahora podrían sentirse abandonadas ante un Teherán envalentonado.

“Señor, le puede hacer cualquier pregunta y se la contestará”, me decía otro trabajador del Museo del Futuro de Dubái. 

La pregunta la tenía que hacer a un robot que hablaba. El androide era el gran atractivo de una sala que simulaba cómo serán las ciudades de mañana: taxis voladores, coches sin conductor y ropa que se adapta a la temperatura exterior. En un vídeo, se proyectaba el Dubái del futuro. El cielo estaba lleno de drones que te llevan la compra a casa. Otros drones, los iraníes, los de la guerra, ya han patrullado el cielo de la ciudad del lujo. Durante estas cinco semanas de guerra, han llegado a sobrevolar el Burj Khalifa, el rascacielos más alto del mundo y símbolo de los Emiratos. 

El trabajador me insistía que le hiciera una pregunta al robot.

–Según la prensa, ¿quién ha ganado con el alto el fuego en Irán?

–Lo siento, no tengo acceso a información en directo. No puedo contestar esta pregunta.

–¿Quién es Donald Trump?

–Donald Trump es un hombre de negocios, un personaje de televisión y fue el 45º presidente de los Estados Unidos.

El futuro está desactualizado.

Dalí y Picasso en Teherán

Horas antes del ultimátum, los gobiernos del Golfo tenían un gran miedo: que el infierno de Trump sobre Teherán se convirtiera en el infierno de los ayatolás sobre sus ciudades. Desde el 28 de febrero, Irán ha bombardeado cada día las petromonarquías en un intento de añadir más presión internacional a la Casa Blanca. Más que las bombas –la inmensa mayoría interceptadas por unos sistemas de defensa que han sorprendido al mundo–, la preocupación de la región es la supervivencia de su eslogan: oasis de paz y estabilidad garantes de la prosperidad económica. El día amanecía con alivio, pero la oleada de bombardeos de ayer, con el alto el fuego temporal ya en vigor, desconcertaba las capitales persas.

La primera reacción de la monarquía emiratí a la tregua era positiva. “Hemos triunfado en una guerra que sinceramente queríamos evitar. Nos hemos impuesto gracias a una defensa nacional épica que ha salvaguardado la soberanía y la dignidad ante una agresión traicionera”. La guerra ha hecho crecer el orgullo de país.

Horas después, el ministerio de Defensa de los Emiratos comunicaba la ofensiva “flagrante” de Teherán con el lanzamiento de 17 misiles y 35 drones. En total, los ayatolás han lanzado 560 misiles y 2.256 drones contra territorio emiratí desde que comenzó la guerra, una media de 72 proyectiles al día. No queda claro por quéel reino de los Emiratos se ha convertido en el país más atacado de la región.

Buques ante la costa de Omán, detenidos en el estrecho de Ormuz, este miércoles 8 de abril.

La estampa anoche en el luminoso corazón de Dubái era idéntica a la de la noche anterior, horas antes de que venciera el ultimátum: calles, centros comerciales y restaurantes bastante llenos. Algunos rascacielos premiaban a los viandantes con espectáculos de láseres de colores. La población convive con total normalidad con la guerra, que casi no se oye, que casi no se ve. La mayoría de la gente prefiere no hablar de la guerra.

El Museo del Futuro tampoco hablaba de guerra.

"¿No tienen ninguna muestra de cómo será el armamento del futuro?", preguntaba a uno de los guías. Decía que no, que ni rastro. El museo se imagina un mundo en paz. Las grandes ciudades del Golfo, y especialmente Dubái, se habían concebido para un futuro también sin guerra.

Al otro lado del mar y de la guerra, el museo más importante de Teherán no es del futuro. Es de arte contemporáneo. Hay obras de Picasso, Van Gogh, Warhol, Dalí, Monet o Matisse. Antes de la Revolución Islámica de 1979, en los años 60 y 70, durante el reinado del sha, Irán invirtió insistentemente en arte internacional y compró obras relevantes del mercado occidental. El museo abre cada día de diez de la mañana a cinco de la tarde. No hay obras de la edad de piedra, que es el futuro que les prometió Donald Trump. 

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