Un dron impacta en un rascacielos de Moscú en plena psicosis de Putin por los ataques ucranianos
Putin no se atreve a sacar los tanques para el desfile militar del Día de la Victoria
MoscúEra lo último que deseaba Vladímir Putin en la semana más importante del año. Un dron ucraniano ha impactado contra un emblemático rascacielos residencial de lujo a pocos kilómetros del Kremlin. El incidente, que no ha causado víctimas, tiene lugar cuando faltan cinco días para el desfile militar del Día de la Victoria, el escaparate mundial del potencial bélico ruso. Por primera vez en casi dos décadas, no se exhibirán ni tanques ni misiles porque no se puede garantizar la seguridad, y Putin, en plena psicosis por un posible ataque de Kiev, incluso ha propuesto a la desesperada una tregua de unas horas para asegurarse de que Volodímir Zelenski no le amarga la fiesta.
La Torre Mosfilm no es un blanco más. Se ve desde casi cualquier punto del suroeste de la capital rusa. Tienen pisos, entre otros, la ministra de Agricultura o diputados de Rusia Unida, y se encuentra en un barrio donde se ubican muchas embajadas. “Hemos oído el zumbido de un motor y, de repente, una explosión muy fuerte”, explica a ARA una vecina que vive en la misma calle donde se ha estrellado el dron. El aparato solo ha provocado algunos destrozos en una de las plantas superiores y el susto de los residentes. Pero el impacto ha sido simbólico. Si una de las máximas de Putin era que la guerra no llegase a Moscú, el hecho de que un dron ucraniano haya golpeado un rascacielos donde vive, no la gente corriente, sino parte de la élite rusa, resulta alarmante para el líder del Kremlin.
Y más cuando esto pasa a las puertas del 9 de mayo. El miedo es tal que el presidente ruso ha ordenado que el sábado por la Plaza Roja solo desfilen columnas de soldados. La excusa oficial es la prevención contra “la amenaza terrorista”, pero la realidad es que teme un ataque de Kiev contra los almacenes donde se deberían acumular los blindados y los misiles en vísperas de la celebración que conmemora la victoria soviética sobre la Alemania nazi.
Como ya hizo el año pasado, Putin ha propuesto un alto el fuego unilateral coincidiendo con la festividad, convencido de que Zelenski no tendrá más remedio que respetarlo si no quiere problemas con Donald Trump. El dirigente ucraniano ha declarado que este anuncio prueba que el presidente ruso “no se siente fuerte”. Pero ni siquiera una tregua parece suficiente para aplacar su nerviosismo. El ataque contra el rascacielos demuestra que los poderosos anillos de sistemas de defensa aérea que rodean la capital no son infalibles. Por eso, en las últimas horas se han visto más soldados de lo habitual, armados con ametralladoras, en las torres y en los puentes de las cercanías del Kremlin peinando el cielo en busca de drones enemigos. Ya en 2025, en estas fechas, la administración tuvo que pedir a sus trabajadores que hicieran guardia en los tejados de los edificios públicos, con unos prismáticos, por si detectaban algún vehículo no tripulado.
Las compañías telefónicas también han comenzado a advertir a los clientes de que no funcionará el internet móvil en Moscú, y en algunos casos tampoco los mensajes SMS, del 5 al 9 de mayo. Una medida que los expertos en tecnología insisten en que es ineficaz para detener los aparatos ucranianos, pero que últimamente las autoridades se han acostumbrado a imponer sin miramientos ante cualquier peligro. Además, en aeropuertos cercanos a la capital, como Sheremétievo, el celo a la hora de revisar los equipajes de los viajeros está siendo tan grande que se han ocasionado importantes colapsos en las terminales.
Miedo a un atentado a Putin
Diversos medios señalan este lunes que la psicosis de Putin no se explica solo por el miedo a que el desfile del 9 de mayo quede deslucido, sino porque, desde hace unos meses, teme ser víctima de un asesinato. Recientemente, según un informe de la inteligencia europea, el FSO –el servicio que se encarga de la seguridad del presidente– ha extremado aún más la prevención. El líder del Kremlin ha reducido sus visitas, y él y su familia han dejado de viajar a las residencias presidenciales fuera de Moscú. Putin trabaja durante semanas desde búnquers y las personas de su entorno más cercano (fotógrafos, cocineros o guardaespaldas) tienen prohibido desplazarse en transporte público o utilizar teléfonos móviles con conexión a internet mientras están cerca de él.
No es nada frecuente que el mismo dirigente ruso admita que los ataques ucranianos son cada vez más constantes, tal como hizo la semana pasada, después de los repetidos bombardeos en el puerto de Tuapsé, en el mar Negro. Los sistemas antiaéreos están desbordados y no pueden proteger las ciudades rusas. En 2008, cuando Putin incorporó los tanques y los misiles al desfile del Día de la Victoria, explicó que lo hacía para demostrar que eran “capaces de defender a sus ciudadanos”. Dieciocho años después, todo indica que no solo no es capaz de defender a sus ciudadanos, sino tampoco a los tanques ni a los misiles.