Relaciones bilaterales Reino Unido-China

Starmer descongela las relaciones con China después de ocho años de frialdad total

El 'premier' viaja a Pekín acompañado de un gran número de empresarios buscando rehacer lazos económicos y comerciales

Keir Starmer y Xi Jinping, durante el encuentro que mantuvieron en noviembre de 2024, durante la cumbre de Brasil del G20.
27/01/2026
3 min

LondresKeir Starmer llega en las próximas horas a China, en el primer viaje de un premier británico en Pekín desde 2018, con el objetivo de reactivar las relaciones políticas y económicas con Pekín tras un largo período de frialdad diplomática. Su visita tiene lugar once días después de que el primer ministro canadiense, Mark Carney, se desplazara a ella y, también rompiendo el silencio de años con Xi Jinping, estableciera un acuerdo comercial preliminar, considerado histórico.

El momento elegido por Starmer no es aleatorio, todo lo contrario. Hace sólo una semana el gobierno laborista dio luz verde por la construcción, junto a la City de Londres, de la mayor embajada china en Europa, y una de las más grandes del mundo, un polémico proyecto que estaba paralizado desde 2018. La visita tiene un fuerte componente económico. Starmer viaja acompañado de una delegación de dirigentes empresariales británicos con la voluntad de impulsar la inversión extranjera y reforzar los lazos comerciales entre ambos países.

Londres y Pekín se esfuerzan por dejar atrás un pasado marcado por diversos aspectos que habían enturbiado las relaciones entre ambos países: la prohibición a la empresa china Huawei de proveer las redes británicas y europeas de 5G por motivos de seguridad nacional; las críticas del Reino Unido a la detención y condena del ciudadano británico Jimmy Lai y de otros activistas de Hong Kong en aplicación de la ley de seguridad nacional, y la acusación –posteriormente retirada– contra dos británicos por, presuntamente, espiar para China. Starmer sólo se ha entrevistado hasta ahora con Xi en un encuentro en Brasil en noviembre de 2024, en el marco de una reunión del G20.

El nuevo acercamiento de Londres a Pekín se produce en medio de un contexto internacional en el que China intensifica sus esfuerzos por presentarse al mundo como una alternativa que aporta estabilidad a la política internacional de Estados Unidos de Donald Trump, que ha sembrado de dudas la fiabilidad de Washington como socio y aliado estratégico occidental. En este punto se refirió la semana pasada, a Davos, He Lifeng, el viceprimer ministro del país, quien dijo: "China está comprometida a fomentar una prosperidad compartida con sus socios comerciales, tanto para su propio desarrollo como para hacer crecer el pastel de la economía y el comercio globales".

Sea como fuere, Starmer llega prácticamente el último o el penúltimo a Pekín, ya que el propio Trump tiene previsto hacer visita a Xi el próximo abril. En los últimos años, de hecho, tomando la realidad y adaptándose a ella, el presidente francés, Emmanuel Macron, así como el excanciller alemán Olaf Scholz y también el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, han visitado Pekín: Macron en dos ocasiones y Sánchez en tres, entre el 2023 y el 2025.

A pesar del contexto internacional, y en una nueva demostración de que Starmer no quiere aceptar la realidad que dibuja Trump sobre el mapa, en una entrevista con Bloomberg, el premier aseguró que Reino Unido no se verá obligado a "elegir" entre Estados Unidos y China. Y que pese a que Londres seguirá manteniendo relaciones "muy estrechas" con Washington en materia económica, de seguridad y de defensa, lo que "no sería sensato" es ignorar la segunda economía del mundo. No en vano el primer ministro se acompaña de una numerosa delegación de dirigentes empresariales. Además de Pekín, Starmer también se desplaza a Shanghai y, brevemente, a Japón.

La visita no gusta a todo el mundo al Reino Unido, sin embargo. Y no ha sido por casualidad que, este martes, citando fuentes de la inteligencia de Estados Unidos, el diario conservador The Daily Telegraph –que se ha opuesto enconadamente a la apertura de la citada megaembajada de Pekín en Londres– haya publicado que altos cargos de los gobiernos de los últimos tres primeros ministros conservadores, Boris Johnson, Liz Truss y Rishi Sunak, sufrieron el pirateo de sus comunicaciones.

Y mientras los conservadores se empeñan en presentar Pekín como un nuevo Fu Manchú del siglo XXI, Starmer ofrece calma y pragmatismo, y lo que la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, calificó días atrás del "estilo británico: Se toma una taza de té, reflexiona alrededor de la mesa". En China, un país donde el té es una tradición milenaria, Starmer confía en que la reanudación del diálogo pueda ser una realidad bajo el principio de "cooperar en lo que sea de interés mutuo y discrepar en lo que no se está de acuerdo".

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