Hablar en catalán sin vivir ni trabajar en Cataluña
Un joven colombiano residente en Bruselas confiesa que está enamorado de la lengua y de la cultura
BarcelonaTiene un deje ligero y una cadencia que hacen que se deduzca que proviene de muy lejos y que el catalán no es su lengua materna. Con todo, tanto la pronunciación como el vocabulario de Alejandro González, un joven hispanocolombiano de 25 años, son de diez. Y más teniendo en cuenta que no ha vivido nunca en Cataluña ni, por ahora, tiene ninguna intención de instalarse allí. No le mueve la necesidad, ni la obligación, ni tan siquiera el amor, que son los factores que acostumbran a empujar a alguien al aprendizaje de un idioma. De hecho, no fue hasta que aterrizó en Toulouse para estudiar un máster hace cuatro años que le picó la curiosidad por una lengua y una cultura de una amiga que se presentó como "catalana de Barcelona".
Entonces empezó a investigar por internet más cosas sobre los orígenes de su nueva amiga y en el momento que oyó canciones en catalán descubrió "la bonita sonoridad" que tiene. "Creo que los catalanes tenéis mucha suerte de tener esta lengua", expresa en una videoconferencia desde su domicilio en Bruselas, donde vive y trabaja en el sector bancario. "No necesito el catalán ni para trabajar ni para vivir, sencillamente me gusta mucho hablarlo –dice el joven –. Es muy presuntuoso por mi parte decir que hablo catalán porque todavía me queda mucho por aprender".
De vez en cuando, González habla en catalán con la amiga, que también vive en la capital belga, y con otras amistades que ha hecho. De hecho, cuenta los días que faltan para el Canet Rock, que se hará el 4 de julio. La edición anterior vino animado por los amigos catalanes y descubrió que "es mucho más que música" y que es un acontecimiento de relevancia política durante el tardofranquismo.
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Los pronombres átonos
En su lista dice que no faltan The Tyets, Mushka, Txarango ni La Gossa SordaPaseo de Gracia. Historia de una familiaLas mejores expresiones? "No viene de aquí, el seny i la rauxa o entre poco y demasiado". Hablar francés y castellano le ha servido de cojín, aunque dice que prefiere usar perífrasis antes de caer en barbarismos. Aprende de manera autodidacta, consultando en un sitio y en otro y, como muchos otros extranjeros, ha entrado de lleno en Plats Bruts. De vez en cuando, dice, mira algún otro programa o se informa con los Telenotícies y sobre todo por las redes sociales sigue medios convencionales como el ARA. "Muchas veces, solo los titulares", se disculpa.
González ha hecho una probada de la historia de Cataluña y dice que le ha sorprendido "el contacto" con Francia, la existencia de la Cataluña del Norte y la resistencia catalana a la dictadura, y también le resuena el 1 de octubre y Carles Puigdemont. "Me gusta que los catalanes sean críticos, inconformistas", afirma, y señala que a través de la lengua ha aprendido también "la manera de hacer de los catalanes", como el ahorro. Tiene pendiente la lectura de Passeig de Gràcia. Història d'una família, de Roger Bastida, regalo de Sant Jordi.
En las visitas que ha hecho a Barcelona lamenta que casi no ha oído el catalán en la calle o en las tiendas. Esta situación le hace sentir "incómodo" por si el interlocutor no lo entiende o no lo quiere entender. La voluntad de reforzar el conocimiento del idioma le ha hecho matricularse en un máster en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), donde sigue el temario y los exámenes en catalán. El esfuerzo dice que vale la pena, y no descarta hacer clases de catalán o acercarse hasta el Casal Català de Bruselas para encontrar gente con quien conversar. Mientras tanto practica la fonética con la inteligencia artificial. "Para hacer esta entrevista le he estado haciendo preguntas sobre expresiones naturales y coloquiales y respondiendo para que me corrigiera", confiesa.