La decadencia de las campanadas
Hubo un tiempo que en Nochevieja eran un día especial para exhibir el talento creativo y el poder de las cadenas de televisión. Ahora, la bienvenida al año que comienza se ha convertido en una ventana a la decadencia, el truco del aprovechamiento y la desesperación crematística.
En los preliminares, en TV3 nos conformaron con un refrito del Polonia, un programa que ya tiene tendencia al reciclaje periódico. Mientras, en La1, José Mota y el suyo Juego del camelar ofrecía la apuesta más ambiciosa y de calidad, con una mirada con espíritu crítico del año que despedíamos. Pep Plaza haciendo de Pedro Sánchez hacía doblete en los sketches humorísticos de las dos televisiones públicas.
En la emisión de las campanadas existe una evidencia transversal en todas las cadenas: se ha perdido una cierta autenticidad festiva para caer en la impostura emocional fácil y barata. En TV3, Miki Núñez y Laura Escanes ofrecieron un espectáculo tanto cuqui como ramplón. Es una pareja que pone mejor voluntad y obediencia que convicción y soltura. Tienen una clara dependencia de un guión que convierte su discurso en prefabricado e inseguro. Las emociones de las que hablan están escritas pero no sentidas. Pero lo más lamentable fueron las servidumbres publicitarias de una cadena que cada dos por tres nos enchufa el autobombo de la plataforma 3Cat. No nos salvamos ni a la hora de comer las uvas. Las menciones a los diseñadores de los trajes convierte a los presentadores en aburridísimos maniquíes, llevando el programa a la superficialidad comercial propia de Instagram. El tenderete de cervezas remata el show. El cava, tan nostrat, es uno de los grandes damnificados de la transformación de este espectáculo porque ha desaparecido de los brindis.
En La1 de TVE se notó la baja de Buenafuente. Los Estopa, insólitamente embutidos en un esmoquin de lo más conservador, estaban absolutamente descolocados. Incluso les sorprendió tener que repetir cómo funcionaban los cuartos: "¡Cada año se tiene que contar! ¡Como si la gente fuera gilipollas!" lamentaba David Muñoz. Chenoa, bregada en fiestas de casinos y orquestas, pudo resolver la retransmisión ella sola.
Atresmedia y Mediaset han terminado reducidas al bazar de la rampoina. En Antena3 y laSexta, Chicote es la balsa por la comparsa y Pedroche la figura de los. la aparatosidad de una capa Frankenstein reciclada con vestidos anteriores. La explotación de la desnudez y la cosificación deben compensarla con discursos solidarios sobre el cáncer para fingir y forzar una emoción que disimule tanta estulticia. Sólo faltaba Santiago Segura para promocionar la nueva película de Torrente.
El más desalentador, sin embargo, es cómo todas las presentadoras siguen asumiendo con una inercia heroica y una sumisión incomprensible la dictadura del frío. Aceptan que se priorice el cuerpo a su rol profesional, como si la simple lógica de abrigarse las desautorizara a la hora de ejecutar el trabajo. La prueba de que las campanadas se mantienen como uno de los espectáculos más retrógrados y caducados del año.