Iral-Israel

Los países del Golfo se preparan para la guerra Irán-Israel

Arabia Saudí y Qatar denuncian los ataques de Tel-Aviv, pero no quieren enfrentarse directamente a ellos

El ejército de Qatar celebra la fiesta nacional.
01/01/2026
4 min

BeirutOriente Próximo entra en una nueva fase del pulso entre Irán e Israel. La tensión sigue marcando cada reunión diplomática, con el sonido de tambores de guerra de fondo. Donald Trump, después de reunirse con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, este lunes abrió la puerta a bombardear Irán si se confirma que ha reanudado su programa nuclear. "Les pegaremos una paliza", dijo a los periodistas. ¿Qué papel desempeñan los estados del Golfo en este contexto?

En Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, los pasillos de los ministerios de Exteriores tienen un tráfico frenético, mientras que llamadas telefónicas, borradores de acuerdos y viajes discretos a Teherán y Washington marcan la agenda de los negociadores. Han asumido un rol dual: el de mediadores discretos y, al mismo tiempo, el de guardianes de sus propios intereses estratégicos. Según fuentes diplomáticas, Irán ha pedido a estos países que presionen a Estados Unidos para conseguir un alto el fuego con Israel. A cambio, Teherán ofrece flexibilidad en las negociaciones nucleares, gesto que Washington observa con cautela. Paralelamente, Qatar y Omán mantienen su papel tradicional de facilitadores neutrales.

El clima, sin embargo, es tenso. Arabia Saudí y Emiratos han condenado públicamente los ataques israelíes y hacen un llamamiento a detener las hostilidades. Pero en los despachos, la conversación es más compleja. Ningún país del Golfo quiere enfrentarse directamente a Israel, socio estratégico en el marco de los Acuerdos de Abraham impulsados ​​por Trump en su primer mandato, en una estrategia que continuó con Joe Biden y que sigue siendo el faro de la política del republicano ahora: que Israel normalice las relaciones con sus vecinos en el ámbito económico, diplomático y militar. Pero al mismo tiempo las petromonarquías tampoco quieren provocar a Irán, cuya influencia se extiende desde Yemen hasta Líbano. Un alto funcionario saudí ha expresado la "gran preocupación" por la escalada regional y la necesidad de ejercer moderación para evitar una crisis más amplia, tal y como recoge Arab News citando un comunicado oficial del ministerio de Exteriores.

En Washington la administración Trump observa con atención. Los estados del Golfo actúan como puente indirecto, transmitiendo mensajes de Irán a la Casa Blanca y viceversa. Pero su margen de maniobra es limitado. Cualquier presión sobre Israel requiere coordinación y aprobación de Estados Unidos. Sin embargo, la diplomacia del Golfo ha ganado protagonismo porque, en esta fase del conflicto, la guerra se libra tanto en despachos como en cielos y fronteras.

Equilibrio entre la paz y las alianzas

La posición de los estados del Golfo refleja la tensión entre su deseo de estabilidad y su estrecha relación con Washington. David Makovsky, del Washington Institute for Near East Policy, señala que, en el actual contexto, la diplomacia del Golf "se ve forzada a navegar entre apoyar la desescalada y gestionar las expectativas de Estados Unidos e Israel", y subraya que estas capitales intentan "equilibrar la presión por la paz con la realidad de sus alianzas de seguridad" en un momento en que cualquier paso en falso podría socavar tanto sus propias.

Desde Teherán la narrativa es clara. "Queremos que los países árabes hablen con Estados Unidos. Necesitamos un alto el fuego ahora, antes de que la situación escale de nuevo", declaró un alto funcionario iraní a la agencia libanesa LBCI. Esta estrategia refleja la conciencia de Irán de que su capacidad militar tiene límites, como se constató en la guerra de doce días de junio en la que Israel causó estragos en sus instalaciones estratégicas, y que la legitimidad política y diplomática es tan importante como su arsenal de misiles. Asimismo habrá que ver cómo evoluciona la tensión interna, con las protestas de los últimos días por la galopante inflación en el país.

El reto para los países del Golfo es mantener el equilibrio. La crisis amenaza directamente rutas comerciales vitales, inversiones extranjeras y la estabilidad de los precios del petróleo, factores que no pueden pasarse por alto. Por eso, incluso mientras condenan los ataques, Arabia Saudí y Emiratos buscan dar espacio a la diplomacia antes de verse envueltos en un conflicto militar.

Por su parte, Omán y Qatar han ofrecido sus capitales como puntos neutrales de negociación. En salas discretas de Doha, diplomáticos iraníes y estadounidenses han intercambiado borradores de posibles acuerdos con supervisión de emisarios del Golf. El escenario deja en evidencia un aspecto crucial: los países del Golfo no son meros espectadores. Su intervención puede acelerar la desescalada o, si fracasa, convertirse en un factor de fricción adicional. La mediación es delicada. Cualquier concesión indebida puede ser interpretada como un alineamiento con Teherán, mientras que la inacción podría minar su credibilidad regional si actúan meramente como correa de transmisión de los intereses de Washington.

Al final, la guerra Irán-Israel ya no es sólo militar. Es una prueba de diplomacia, influencia y estrategia, en la que los actores del Golfo intentan jugar el papel de árbitro sin perder el equilibrio. En los próximos meses los corredores diplomáticos de Riad, Abu Dhabi, Doha y Mascate serán tanto testigos como protagonistas en una región que aprende a negociar la paz teniendo presentes los peligros de la guerra.

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