Sánchez: entre el electoralismo y el liderazgo moral
BarcelonaEl presidente español, Pedro Sánchez, se ha convertido en una de las voces más críticas con Donald Trump en el tablero internacional, hasta el punto de que el inquilino de la Casa Blanca le ha amenazado con represalias comerciales por no haber dado el visto bueno al uso de las bases de Rota y Morón para atacar a Irán. Esta amenaza, a su vez, ha obligado a la UE a salir en apoyo de Madrid, ya que los socios actúan como un blog comercial y no se puede castigar a ningún miembro por separado. Pero este miércoles ha pasado algo aún más importante, y es que el presidente francés, Emmanuel Macron, ha llamado a Sánchez para trasladarle su apoyo. Esto al día siguiente de que Macron dijera, una vez más, que considera que el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán es ilegal.
Sánchez, pues, puede estar satisfecho porque ha quedado demostrado que no está solo en su posición diplomática, que es la de defender que cualquier operación bélica debe realizarse bajo el amparo de la legalidad internacional. Pero el presidente español dio hoy un paso más y dejó claro que para él no es sólo una cuestión de legalidad sino de principios, por lo que resucitó el lema de las grandes manifestaciones contra la invasión de Irak de 2003, el famoso "No a la guerra", y recordó también la nefasta herencia que dejó el "trío". Y es cierto que George Bush, Tony Blair y José María Aznar, como promotores de la guerra, incendiaron la región y convirtieron a Irak en un foco de inestabilidad y yihadismo.
Sin embargo, es difícil no ver en esta operación de recordar Irak un interés electoral por arrinconar al PP cuando el PSOE no está en su mejor momento y afronta pruebas muy duras en Castilla y León y en Andalucía. El discurso de Sánchez ha tenido momentos de gran gravedad, como cuando ha alertado de cómo grandes catástrofes como la I Guerra Mundial empezaron por un cúmulo de errores de cálculo, y otros ciertamente más populistas, como cuando ha hablado de que las guerras "llenan los bolsillos de los de siempre".
Sobre todo porque la posición del "No a la guerra" no puede ser un axioma absoluto, ya que por ejemplo Madrid está ayudando a Ucrania a defenderse de Rusia, y por tanto considera que sí hay guerras justas. Y también porque la realidad es que Europa necesita incrementar sus capacidades militares si quiere pintar algo en el mundo actual, como ha quedado sobradamente demostrado estos días. Y esto tarde o temprano querrá decir más recursos. De modo que sería esperable de Sánchez un discurso menos de pancarta y más de estadista, más de hablar con claridad a unos ciudadanos que son lo suficientemente adultos como para entender que este ataque es un error, incluso catastrófico, pero que España, en tanto que miembro de la OTAN y de la UE, también tendrá que adaptarse al nuevo personaje.
También es cierto que si la posición de Sánchez puede ser tachada de electoralista en algunos puntos, la de Alberto Núñez Feijóo no tiene ningún grosor, ya que se limita a defender que hay que llevarse bien con EEUU. Pero esto tampoco es ninguna novedad.