¿Cómo sabe Google Maps a qué hora llegaré?
Así funcionan los servicios de navegación GPS que en verano usamos aún más a menudo para movernos por lugares desconocidos
BarcelonaEn verano, cuando muy a menudo viajamos a lugares que no conocemos, Google Maps se convierte en un aliado para movernos. ¿Cómo funcionan estos servicios de navegación GPS que ya son imprescindibles para nuestra vida diaria?
Google ha empezado a repartir en Android Auto una renovación de la interfaz de navegación que denomina "navegación inmersiva": el mapa se muestra en 3D, los carriles quedan marcados con más precisión antes de cada giro y aparecen los pasos de peatones. Gemini, la IA de Google, permite dar órdenes más precisas al navegador y añade un velocímetro que avisa si se supera el límite. La novedad, anunciada en la primavera de 2026, se reparte de manera escalonada desde julio y de momento solo llega a los coches, no a la aplicación del móvil. Bajo esta renovación estética, el funcionamiento básico de Google Maps no ha cambiado: mostrar un mapa, situar la posición de quien lo consulta, proponer la ruta más adecuada entre el origen y el destino y estimar la hora de llegada (ETA, por las siglas en inglés).
El servicio más utilizado
Google Maps es un servicio fácil de explicar, pero que exige combinar diversas tecnologías, y que Google ha convertido en el líder indiscutible del sector gracias, en buena parte, a venir instalado de serie en la mayoría de móviles Android. En Estados Unidos controla alrededor del 67% del mercado, por delante de Apple Maps (25%) y Waze (8%), según datos de ComScore; a escala global supera los 2.000 millones de usuarios activos, cifra que el mismo Sundar Pichai confirmó a finales de 2024.
Waze, de origen israelí pero comprado por Google en 2013 por más de 1.000 millones de dólares, continúa funcionando como una aplicación independiente, con unos 50 millones de usuarios mensuales en la Unión Europea. Comparte con Maps datos de tráfico y cartografía, pero se mantiene centrada en la participación activa de los conductores: notificar radares, controles, accidentes o retenciones en tiempo real, una dinámica que la hace especialmente popular en trayectos urbanos y que Google ha preferido mantener como marca separada en lugar de fusionarla con Maps. Es también, desde hace años, una de las pocas aplicaciones con indicaciones de voz en catalán, un rasgo que Google Maps no incorporó hasta junio de 2023.
El uso de cada aplicación varía según el tipo de trayecto. Waze concentra buena parte de su actividad en desplazamientos cortos y repetitivos, mientras que Google Maps se impone en rutas más largas o en lugares desconocidos, precisamente el uso que se multiplica en verano con los viajes y las escapadas de fin de semana.
Recibir señales, no emitirlas
Para situar un móvil en un mapa hay que recurrir a alguno de los sistemas globales de navegación por satélite (GNSS): el GPS norteamericano, el Galileo europeo, el ruso GLONASS o el chino BeiDou. Vale la pena aclarar cómo funcionan, porque a menudo se dan por hechos a la inversa: los satélites no reciben nada de los móviles, se limitan a emitir de manera constante señales con su posición y la hora exacta. Es el dispositivo quien los recibe, calcula el tiempo que ha tardado cada señal en llegarle y, comparando al menos cuatro, deduce su propia posición por trilateración. El GPS, pues, es un sistema de recepción, no de emisión: el móvil no avisa a nadie de dónde está, solo lo calcula en local, sin necesidad de ninguna conexión a internet. Que esta posición se haga saber a alguien más es una cosa diferente, que ya no depende del GPS sino de internet: es el mismo mecanismo que usan WhatsApp o Telegram cuando alguien comparte la ubicación en directo con un contacto.
Los móviles actuales no dependen de una sola constelución. Desde 2017, la mayoría de chips de posicionamiento captan señales de diversos sistemas GNSS a la vez, lo que multiplica el número de satélites visibles en cada momento y mejora la precisión, especialmente en medio de ciudades con edificios altos, donde las señales rebotan y se distorsionan. El sistema europeo Galileo, por ejemplo, ofrece de manera gratuita una precisión de un metro en su servicio abierto, y hasta 20 centímetros en el servicio de alta precisión lanzado en 2023.
Los teléfonos afinan este cálculo con el llamado A-GPS (GPS asistido), que recibe por red móvil datos que aceleran la localización, y lo combinan con la triangulación de torres de telefonía y con bases de datos de redes wifi cercanas. Un dispositivo moderno con A-GPS suele situarse con un margen de error de 7 a 13 metros al aire libre; dentro de edificios o entre rascacielos, la precisión se degrada notablemente.
La conexión del móvil
Con el móvil ya conectado, el siguiente paso es calcular la ruta y prever cuándo llegaremos. Aquí el móvil deja de ser un simple receptor y se convierte también en emisor: envía a los servidores de Google, de manera anónima, su posición y velocidad en tiempo real. Multiplicado por millones de dispositivos circulando a la vez, este flujo de datos permite medir la densidad de tráfico en cada tramo de carretera y recalcular la ruta y la hora de llegada mientras avanza el trayecto. Este mismo principio lo usan también otros servicios de navegación, como Apple Maps o Here.
Para hacerlo, Google divide la red viaria en un millón de "supersegmentos" predefinidos y usa redes neuronales de grafos, desarrolladas con DeepMind, para combinar este tráfico en tiempo real con patrones históricos. Johann Lau, responsable de producto de Google Maps, asegura que el resultado es fiable en más del 97% de los trayectos. El método se detalló en un trabajo académico presentado en 2021 en la conferencia CIKM.
Mapas hechos de muchas piezas
El mapa de fondo se construye combinando imágenes de satélite, fotografía aérea con técnicas de fotogrametría, los coches de Street View que circulan desde 2007 y datos cartográficos oficiales, como los del Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya o el catastro. En las zonas del mundo donde estas fuentes oficiales son escasas, Google utiliza aprendizaje automático para identificar carreteras y edificios directamente a partir de las imágenes.
Los nombres de restaurantes, tiendas o monumentos, los llamados puntos de interés (POI por sus siglas en inglés), provienen sobre todo de las fichas que las mismas empresas completan en Google Business Profile y de plataformas de geolocalización como Foursquare, que presume de más de 100 millones de POI que le vamos aportando los usuarios de todo el mundo. Los negocios pueden pagar a Google para aparecer destacados en los resultados del mapa.
Esta diversidad de fuentes explica por qué, de vez en cuando, hay incidencias con la toponimia catalana. En 2011, Google Maps tradujo al castellano cientos de nombres de calles (la ronda de Dalt de Barcelona se convirtió en "ronda de Arriba" y, en Olot, la calle de Josep Pla pasó a ser "calle de José Placita"), un error que la empresa atribuyó entonces a la base de datos de Tele Atlas, su proveedor cartográfico de la época. Varios conductores de vehículos Kia se han quejado recientemente de la castellanización de nombres de calles en el navegador integrado de estos coches, que en Europa utiliza mapas de TomTom.