Ni el humor puede aspirar a más, ni el periodismo a menos

El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, durante la entrevista en 'El intermedio'.
15/09/2026 - 18:52 h.
Periodista y crítica de televisión
2 min

El lunes por la tarde, el grupo Atresmedia se contraprogramó con unas ofertas televisivas sintomáticas. En Antena 3, en El hormiguero, Pablo Motos entrevistaba al presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, para hablar de la crisis migratoria. En la ciudad, el empresariado local incluso organizó pantallas gigantes para seguir la emisión de manera colectiva. Mientras tanto, en La Sexta, el espacio de sátira política El intermedio entrevistaba a Pedro Sánchez. Es una manera de garantizar la satisfacción de las diferentes sensibilidades ideológicas de los espectadores.En la batalla de los audímetros, en Cataluña fueron opciones secundarias, y el presidente español salió ganando. Congregó a 206.000 espectadores y Vivas a 115.000. En España fue a la inversa. El hormiguero fue el segundo programa más visto del día, con poco más de dos millones de espectadores, mientras que Sánchez rozó el millón y medio.Mientras Motos hacía hervir la olla de la épica de Ceuta, el Gran Wyoming y Pedro Sánchez hicieron dormir a las piedras con una entrevista anodina para cubrir el expediente. Consciente de la complejidad política del momento, el presentador tenía un estado de ánimo desinflado y en contadas ocasiones añadió por sentido del deber alguna coletilla humorística a la pregunta. Pedro Sánchez se alargaba tanto en las respuestas y Wyoming tenía tan pocas ganas de repreguntar o fiscalizar los argumentos que se hizo aburrido. El presentador no tenía ningunas ganas de complicarse la vida ni de complicársela a Sánchez. El resultado fue impropio de lo que exige la actualidad ahora mismo. Hace falta un periodismo más atento y afilado, sobre todo ante un presidente del gobierno que se escapó con evasivas y mucha retórica. La voluntad de rigor de Sandra Sabatés fue un simple escaparate. Paradójicamente, las preguntas más necesarias y concretas las hicieron dos ciudadanos de Ceuta a través de un vídeo. Y ni así se obtuvo una respuesta clara y comprometida por parte de Pedro Sánchez. Las preguntas con más sarcasmo fueron asistencias, cortitas y al pie, para que el presidente cargara contra los adversarios políticos y los jueces. La incomodidad de Wyoming evidenciaba su compasión por el invitado. Al final de la entrevista, el presentador le dio las gracias con tono circunspecto y las acompañó de una dosis de ánimos: “Fuerza, porque moralmente debe ser complicado”, le deseó con la cabeza gacha. Una despedida extraña para un programa de humor afilado.El martes, los informativos se hacían eco de las declaraciones más destacadas de Pedro Sánchez y Juan Jesús Vivas. Hace años eran los programas de humor los que iban a remolque de las entrevistas políticas que hacían los periodistas más aguerridos. Ahora es al revés. Los informativos se tienen que nutrir de lo que recogen en los espacios de humor. Unos programas que no hacen entrevistas de contenido alternativo sino que imitan los códigos propios del género político. Ni el entretenimiento podía aspirar a más ni el periodismo a menos. Y todo ello dice muy poco de la clase política, que cada vez evita más a los profesionales especializados.

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