Entre el IVA inventado y el doctor imaginario
Una de las situaciones más cómicas de esta semana ha sido el encuentro de dos presentadores que son el paradigma de la manipulación y el lío: Pablo Motos invitó a Sonsoles Ónega a presentar su nuevo libro en El hormiguero. Durante la conversación, Motos le preguntó por el IVA de los libros y ella denunció que fuera del 21%, considerando que si fuera menor ella vendería más libros y la gente leería más. Ambos presentadores criticaron que el IVA de los libros fuera el mismo que el de los paquetes de tabaco. “El IVA de los libros no debería existir si quieres un país culto”, decía Motos, e insinuaban la posibilidad de hacer una campaña para que el gobierno lo rebaje, señalando a Pedro Sánchez como responsable. “Lo que pasa es que el presidente del gobierno está en China, pero bueno, ya le llegará...”, decía el domador de hormigas.Ni Motos ni Ónega sabían que, en realidad, el IVA de los libros es del 4%, y al día siguiente ambos tuvieron que rectificar en sus programas. Motos rectificó apresuradamente y cargándole el muerto a la invitada: “Sonsoles Ónega nos propuso al equipo hablar del IVA de los libros. Nosotros le dijimos que sí y nadie comprobó el dato”. Que este resbalón con el IVA de los libros haya ocurrido en el contexto de Atresmedia es muy significativo, teniendo en cuenta que el grupo tiene como accionista de referencia al Grupo Planeta, uno de los grandes actores de la industria editorial. Debe haber provocado tensiones internas el hecho de que, dentro del mismo ecosistema empresarial, se haya difundido un error tan básico sobre el sector. Pone en evidencia el desconocimiento de la industria cultural dentro del mismo conglomerado. Ónega, afectada, hacía terapia con el psicólogo Rafael Santandreu, aprovechando que lo tenía de invitado: “Me castigo. Llevo todo el día angustiada, doctor Santandreu, por no haber confirmado el dato. Aprovecho para pedir perdón. Lo hice sin ninguna intención de desinformar ni manipular”, aseguraba. Y pidió consejo al “doctor” sobre cómo superar el trance. Santandreu la consoló con el argumento de que él había vendido más de un millón de libros y también desconocía el porcentaje del impuesto. La desanimó con sus falacias habituales: que para no preocuparse solo tenía que querer hacerlo y que un error no puede tapar todo el bien que puedes hacer. Utilizando su divulgación de andar por casa apeló al “virus de la terribilitis” como mecanismo para sobredimensionar las preocupaciones. Ónega le agradecía los buenos consejos y daba paso a más consultas para el “doctor”.La cadena de despropósitos es fascinante. Se equivocan con el IVA de los libros en una empresa participada mayoritariamente por uno de los grandes grupos editoriales. Ónega, para sobrellevar el disgusto, hacía terapia diciendo “docctor” a un invitado que ni es médico ni doctorado en nada. Y el psicólogo, en vez de desmentirlo, legitimaba su autoridad apelando a la venta de más de un millón de libros. Suerte que los presentadores reclamaban “un país más culto”.