No a la guerra (pero tampoco nos flipemos)

Pedro Sánchez en una imagen reciente.
06/03/2026
Jefe de Media
2 min

La caverna está tensa, nerviosa. “Fals «No a la guerra»”, exclama con mayúsculas graves elAbc de su portada. Se refiere a que las palabras de Pedro Sánchez pueden ser tan ablandadas como queramos, pero que los hechos lo desmienten parcialmente, ya que colabora en operaciones de la OTAN y la UE. Se ponga como se ponga, sacar el polvo al “No a la guerra” ha sido una jugada maestra (más) comunicativa de Pedro Sánchez. El lema es vacío de contenido, porque casi nadie marcharía detrás de una pancarta donde se dijera “Sí a la guerra”. Pero esta frase, en España, remite inevitablemente a la oposición contra el funesto Aznar, que, para superar sus complejos de estadista de talla Liliput, puso a España en un incómodo punto de mira del terrorismo yihadista a cambio de hacerse una foto al lado de George W. Bush y Tony Blair. 

Pero el gran acierto sanchista, desde un punto de vista de la comunicación política, es hacer bailar a la oposición (también a la mediática) con la música que él decide. Y esta es una estrategia ganadora. De vez en cuando, la izquierda se pregunta cómo luchar dialécticamente con una derecha y ultraderecha que disparan falsedades, manipulaciones y demagogias que viajan bien por las redes. He aquí cómo. Sólo Sánchez y Rufián parecen encontrar la manera, en España. En Cataluña, en cambio, la izquierda está empantanada aún con el discurso de su superioridad moral, que, paradójicamente, es un relato perdedor. O, como mínimo, no observo un político con las habilidades comunicativas necesarias para ser competitivo en la arena digital actual. Y eso es válido también, por cierto, para los tertulianos de cuota. En Madrid hay grandísimos demagogos a ambos lados del espectro. Aquí la derecha es más medida que sus homólogos en la Villa y Corte, pero la izquierda también es más mansa. En todo caso, no a la guerra (la de verdad y la demagógica). 

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