Pablo Motos y los altavoces antidemocráticos
El jueves, Pablo Motos invitó a El Xokas a El Hormiguero. El personaje es un creador de contenidos de éxito en plataformas como Twitch y YouTube. Se caracteriza por reaccionar a todo tipo de noticias y debates populares con discursos agresivos y polémicos para enganchar a la audiencia y polarizarla. Su retórica violenta, fanfarronada y mezquina estimula la atención de los usuarios. El Xokas se hizo famoso, entre otras barbaridades, por alabar la estrategia de un amigo suyo para salir de fiesta e interceptar a chicas en estado de embriaguez. "Un crack" o "un puto pro" fueron algunas expresiones de admiración que utilizó para legitimar la cultura de la violación más evidente. De hecho, algunas de sus teorías sobre la sociedad actual entroncan con el machismo estructural más flagrante.
A El Hormiguero, sus respuestas no fueron muy distintas de sus sermones en el mundo digital. Se notaba que Pablo Motos quería explotar su talante polémico y políticamente incorrecto. Si profundizamos en las reflexiones que soltó el Chocas, emerge el marco mental que el presentador tiene ganas de promocionar.
Más allá de cuestionar el pago de impuestos, el Xokas aseguró: "No creo en la partitocracia que hay ahora. No tenemos ni voz ni voto. El sistema democrático en el que estamos en la actualidad no funciona". Y añadió: "Vivimos en un mandato que, aunque se cambien el relevo, son lo mismo. PP y PSOE no cambian el modelo de sociedad y el voto no sirve de muchoTambién insistió en que ya no se podía confiar en los líderes actuales comparándolos con una banda criminal. Incluso justificó los métodos autocráticos e imperialistas de Trump como un mal menor, porque sus objetivos obedecían, según él, a una lógica de defensa y de resolución de problemas sociales.
La incompetencia cuando, a pesar de las consignas de su invitado sobre la ineficacia del actual sistema político, él no le formuló la pregunta clave: qué alternativa proponía. más crítica, más comprometida o exigente, sino todo lo contrario. Estimula la desafección política, alimentada por el cinismo y el desprecio hacia todo lo público e institucional. prime time televisivo, sin confrontación alguna, es una temeridad y debería ser un escándalo. Pablo Motos, en el colmo de su actitud reaccionaria disfrazada de entretenimiento, convierte su programa en un altavoz de discursos que confunden la libertad de expresión con la irresponsabilidad pública y mediática.