La prensa deportiva de Madrid, es decir, del Madrid, hoy lucía de negro para consignar la eliminación del club blanco de la Champions. “¡Qué injusticia!”, señalaba Marca. “Hasta que el árbitro lo quiso”, remachaba As. Era una indignación que movía a la compasión, sobre todo cuando uno recordaba que, solo veinticuatro horas antes, un latrocinio había aparcado las aspiraciones del Barça en la misma competición. Pero claro, como el rival era el Atlético de Madrid, los titulares de entonces eran “Heroico”, con seis signos de exclamación, y “Épico”, respectivamente. De hecho, el diario de Prisa se afanaba a calificar en portada de “justa” la expulsión de Eric García. Ni una reprimenda, claro, a las faltas similares o incluso más claras de los blanco y rojos que no se pitaron, como el empujón a Dani Olmo dentro del área. O qué decir de la roja a Pau Cubarsí, en el partido de ida, que según diversos analistas debería haber quedado en amarilla.
La frustración azulgrana se hacía patente en las portadas de los diarios deportivos de Barcelona de este jueves. “¡A la calle!”, exclamaba Sport, bajo un antetítulo donde se podía leer: “Desastre del Madrid: otra temporada en blanco”. El diario explicaba que el Madrid caía “al probar su propia medicina”. Uno ya entiende que la prensa deportiva hace funciones de acompañamiento en esta procesión dolorosa que es ser fan de un equipo deportivo y esperar ser el mejor de un grupo de treinta y seis, pero sería interesante que algún medio enarbolara la bandera sin escudo ni colores de la objetividad. Que analizara con honestidad y criterio verificable –y no eligiendo los expertos a conveniencia– si un arbitraje había sido justo o no. Y esto incluye no solo examinar si una tarjeta es merecida, sino si el rigor se ha repartido equitativamente. Se trataría, en definitiva, de introducir más racionalidad aunque estemos en el terreno de las pasiones vanas.