Por qué predecir dónde y cuándo habrá lluvias torrenciales sigue siendo tan difícil?
Los modelos meteorológicos han avanzado enormemente, pero los aguaceros convectivos como los que han caído recientemente en Cataluña todavía son un desafío
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Aunque haya más satélites orbitando el planeta que envían continuamente imágenes en alta resolución y datos de la atmósfera, radares que detectan en tiempo real las precipitaciones, estaciones meteorológicas, pluviómetros, radiosondeos y superordenadores capaces de realizar cálculos a una escala impensable hace solo una década, todavía cuesta saber exactamente si una tormenta fuerte descargará, dónde y cuándo lo hará, y cuánta lluvia dejará.
Es lo que ha pasado esta semana en Cataluña, con las lluvias torrenciales que han sorprendido a los meteorólogos. Para entender mejor por qué, el ARA ha consultado a tres expertos: Carme Llasat, catedrática de física de la atmósfera de la Universidad de Barcelona; Ramiro Saurral, investigador del Barcelona Supercomputing Center (BSC-CNS), y Marc Prohom, jefe de climatología del Meteocat.
Cómo funcionan los modelos
Antes de nada, hay que entender qué son los modelos meteorológicos: representaciones matemáticas de la atmósfera, basadas en las leyes de la física, que parten, a partir de datos de satélites, radares, estaciones, pluviómetros y radiosondeos, de una fotografía tan precisa como sea posible del estado actual: temperatura, presión, viento, humedad y precipitación, tanto en la superficie como a diferentes alturas. Y calculan cómo puede evolucionar.
Posibles escenarios
Una predicción no es siempre un sí o un no. Los meteorólogos utilizan diferentes modelos o realizan diversas simulaciones con el mismo modelo introduciendo pequeñas variaciones en las condiciones iniciales. Así obtienen un conjunto de posibles escenarios: cuanto más convergen, mayor confianza en la predicción; si se alejan, mayor incertidumbre. Sin embargo, el modelo puede indicar una probabilidad elevada de que haya precipitaciones intensas, pero no puede determinar en qué punto concreto se concentrarán.
Fenómenos convectivos y no convectivos
Las tormentas fuertes y los aguaceros que descargan en poco tiempo y a menudo con descargas eléctricas, como los de estos días, son fenómenos convectivos, diferentes de las precipitaciones no convectivas o estratiformes, que los modelos pueden representar con más facilidad. Las convectivas pueden descargar mucha agua en muy poco tiempo y en una superficie muy reducida. Por eso, un mismo episodio puede dejar registros de más de 110 litros por metro cuadrado en Granollers y solo 40 o 60 en puntos cercanos. De hecho, esta variabilidad espacial es uno de los escollos de la predicción.
Los límites de la IA
Los expertos reclaman que faltan observaciones con mejor resolución, tanto en tierra como en el mar, para alimentar los modelos. Ya se utiliza IA en predicción meteorológica, pero no permite eliminar la incertidumbre. Esta tecnología permite analizar enormes cantidades de datos y patrones del pasado, pero eso no quiere decir que pueda anticipar cualquier situación.
La "tropicalización" mediterránea
El mar Mediterráneo está cada vez más caliente, a causa de la crisis climática y el calentamiento global, y por eso se habla de tropicalización. Una temperatura más elevada aporta más energía y vapor de agua al sistema y, cuando coincide con determinados factores atmosféricos, puede favorecer precipitaciones muy intensas. Los modelos incorporan también estas condiciones de calor y humedad, pero el reto al que se enfrentan es saber cómo se combinarán en cada episodio concreto y cómo esto se traducirá en una tormenta determinada, con una intensidad y una localización concretas.
Acostumbrarse a la incertidumbre
Además, toda la cuenca del Mediterráneo y Cataluña son zonas especialmente complicadas, por la orografía, la temperatura elevada del mar, los contrastes de temperatura, las brisas y las convecciones, que hacen que pequeñas diferencias tengan grandes consecuencias.
La predicción meteorológica ha mejorado enormemente, pero siempre quedará cierto grado de incertidumbre, coinciden en señalar los expertos consultados por el ARA. Por eso, dicen, “el reto no es solo predecir mejor, sino aprender a convivir con esta incertidumbre”.