Dansàneu reivindica la cultura como espacio de creación, memoria y futuro

La 35ª edición del Festival de Culturas del Pirineo despliega una programación que conecta patrimonio, artes en vivo y paisaje, con estrenos, producciones propias y figuras de primer nivel

El espectáculo 'Latidos', dedicada al duelo perinatal.
ARA
19/07/2026
5 min

Los Valles de ÀneuEl Dansàneu llega a su 35ª edición reafirmándose como mucho más que un festival de artes escénicas. Del 24 de julio al 2 de agosto, las Valls d’Àneu volverán a convertirse en un escenario donde música, danza, teatro, literatura y pensamiento dialoguen con el patrimonio monumental y natural de los Pirineos. Fiel a más de tres décadas de recorrido, el festival defiende una cultura arraigada al territorio pero plenamente contemporánea, capaz de reinterpretar la tradición y convertirla en motor de creación, reflexión y cohesión.

La filosofía del Dansàneu pivota sobre una idea clara: el patrimonio no es solo un decorado, sino también un protagonista más de la experiencia artística. Iglesias románicas, plazas, bosques, viñedos, espacios naturales y rincones singulares de las Valls d’Àneu acogen una programación concebida específicamente para dialogar con cada lugar. Esta relación entre paisaje, patrimonio y creación es uno de los rasgos distintivos de un festival que también pone el acento en la proximidad con el público y en el descubrimiento del territorio.

Este año, la programación también se vertebra alrededor de diversas conmemoraciones. Una de las más destacadas es el centenario de la muerte de Joaquim Morelló, farmacéutico, fotógrafo, excursionista y mecenas nacido en Esterri d’Àneu, que contribuyó decisivamente a divulgar el patrimonio cultural y natural del país. El festival inaugurará una exposición dedicada a su figura y estrenará la acción performativa Joaquim Morelló, pastillas y excursiones, escrita por Xavier Albertí e interpretada por Laura Aubert, iniciando así el programa de la conmemoración.

Otra efeméride relevante es el Año Pau Casals. El Dansàneu contribuye con la producción propia Les barques volen pel cel, creada por Jordi Lara y Xavier Albertí, que imagina una conversación entre Pau y Enric Casals para explorar la relación entre música, exilio, compromiso y fraternidad. También tendrá cabida el centenario de Narcisa Freixas, con una propuesta que reivindica el legado de una de las compositoras más singulares del país.

La danza continúa ocupando un lugar central dentro del festival. Entre las citas más esperadas destaca el regreso de La Veronal con Sonoma, una de las creaciones más celebradas de Marcos Morau. El programa incorpora también estrenos y nuevas producciones de creadores como Magdalena Garzón, Lorena Nogal, Mabel Olea o La Venidera que consolidan el Dansàneu como un espacio de impulso a la nueva creación coreográfica y al diálogo entre la danza contemporánea y las raíces populares.

La música recorrerá igualmente múltiples lenguajes. El cartel reúne artistas como Anna Andreu, Magalí Sare, El Petit de Cal Eril, Sandra Monfort, Obeses y la Companyia Elèctrica Dharma, junto a homenajes a Jordi Fàbregas y a la Nova Cançó con Lídia Pujol. La tradición oral, el folk y las nuevas miradas sobre la música de raíz también tendrán un protagonismo especial, coincidiendo con el vigésimo quinto aniversario de las Colonias de la Escola Folk del Pirineu.

El festival mantiene los dos ejes que en los últimos años han devenido esenciales en su identidad. El primero es la memoria democrática, desarrollada en colaboración con Memorial Democràtic, con la participación del historiador François Godicheau, el espectáculo El gegant del pi, de Pau Vinyals, la conversación entre Magda Oranich y Andreu Claret, la exposición Going Extreme o la propuesta escénica Reflectir el silenci. El segundo es la perspectiva de género, presente en producciones como Batecs, dedicada al duelo perinatal; Descasada, de Magalí Sare; Drames rurals i altres contes, con Àngels Gonyalons, o Medea, con Sílvia Bel y Neus Borrell, que revisitan los relatos femeninos desde una mirada actual.

Público asistente en una de las ediciones anteriores del Dansàneu.

Como es habitual, el Dansàneu también apuesta por la conversación entre disciplinas. Las presentaciones literarias, las conferencias, las exposiciones, los espacios de mediación, los talleres y las actividades gastronómicas del Tastàneu completan una propuesta que invita al público a vivir el territorio con todos los sentidos, descubriendo tanto el patrimonio cultural como los productos de proximidad.

Una mirada a treinta y cinco años de raíz y evolución en el Pirineo

El Dansàneu ha pasado de ser una escuela de verano dedicada a la danza tradicional a convertirse en uno de los festivales culturales de referencia del Pirineo

Cuando el Dansàneu empezó a andar, en el verano de 1992, pocos imaginaban que aquel proyecto impulsado desde las Valls d’Àneu llegaría a 35 años de trayectoria ininterrumpida. Lo que había nacido como una escuela de verano dedicada a la danza de raíz se ha convertido en un festival de culturas del Pirineo que ha sabido crecer sin perder el vínculo con el territorio. Su historia es la de una manera de entender la cultura: desde la proximidad, con una mirada contemporánea, pero arraigada al paisaje, al patrimonio y a la identidad de las Valls d’Àneu.El origen del proyecto se remonta a finales de 1991. Tras un viaje para conocer experiencias de ecomuseos europeos, los representantes del territorio plantearon al Departament de Cultura la creación de un festival de danza catalana. La propuesta, sin embargo, parecía demasiado ambiciosa para el contexto de la época. Faltaban infraestructuras, musculatura organizativa y un tejido cultural suficientemente consolidado. La decisión fue empezar por una escuela de verano que permitiera sembrar las bases de un proyecto de largo recorrido. Aquella apuesta paciente, basada en el crecimiento gradual, acabó marcando el carácter del Dansàneu.La dirección artística y pedagógica de Joan Serra i Vilamitjana resultó decisiva durante esta primera etapa. Más allá de la enseñanza de la danza tradicional, el Dansàneu se convirtió en un espacio de encuentro, de aprendizaje y de convivencia que fidelizó generaciones de alumnos y profesores. Aquel espíritu comunitario, construido desde la participación y el compromiso, aún es hoy uno de los principales activos del festival.Tras más de veinte años de trayectoria, el proyecto afrontó un nuevo punto de inflexión. Los lenguajes artísticos habían cambiado y la creación contemporánea comenzaba a mirar la cultura popular y las tradiciones como una fuente de inspiración. La muerte de Joan Serra, en 2013, aceleró la necesidad de redefinir el modelo. Bajo la dirección de Rut Martínez Ribot, el Dansàneu inició una nueva etapa sin renunciar a sus raíces, pero ampliando decididamente el horizonte. La música, el teatro, la literatura, las artes visuales, el pensamiento y las producciones interdisciplinarias se incorporaron a un proyecto que dejaba de ser exclusivamente un festival de danza para convertirse en un festival de culturas del Pirineo.Paralelamente, el patrimonio dejó de ser solo el escenario de las actividades para ser un elemento esencial del relato. Iglesias románicas, plazas, bosques, yacimientos, espacios naturales de las Valls d’Àneu acogen propuestas concebidas para dialogar con el entorno, reforzando la idea de que cultura y territorio son inseparables. Esta manera de programar ha ido acompañada de una apuesta creciente por la producción propia, los estrenos, la recuperación de la memoria democrática, la perspectiva de género y la reivindicación del patrimonio inmaterial.También ha crecido la dimensión del festival. Lo que comenzó como una iniciativa de formación es hoy una plataforma de creación, exhibición y reflexión que reúne a artistas consolidados y emergentes, genera alianzas con otras instituciones culturales y contribuye a proyectar el Pallars Sobirà mucho más allá del ámbito pirenaico. Sin perder la escala humana, el Dansàneu ha sabido consolidar una identidad propia, alejada de los grandes eventos masivos y basada en la calidad artística, la proximidad con el público y el compromiso con el país.Con la programación más ambiciosa de su historia, el 35º Dansàneu simboliza la madurez de este recorrido y una oportunidad para mirar atrás, reivindicar el camino hecho y buscar las alianzas necesarias para garantizar el futuro.

Rut Martínez

35 años bien merecen un balance... ¿Momento de mirar atrás?

— Con agradecimiento, reconociendo el trabajo de quienes nos han permitido llegar hasta donde estamos hoy pero evitando tanto la nostalgia como la épica, ¡que solo me gusta en las novelas! Los aniversarios son oportunidades para hacer valer las fortalezas del proyecto y, si se puede, identificar y resolver sus puntos débiles.

¿Y cuáles son, los puntos fuertes y débiles del Dansàneu?

— Lo mejor: la singularidad y la dimensión, que es un festival hecho desde y para el territorio, que rehúye la masificación, que es claramente diverso en las disciplinas, que abraza toda clase de público, de edades diferentes y con intereses distintos. La debilidad más grande: la falta de musculatura de la entidad cultural sin ánimo de lucro que lo organiza –el Consell Cultural de les Valls d’Àneu– y que sufre cada vez más para sacarlo adelante.

¿Por qué sufre?

— Pues porque el festival se ha hecho grande, en edad y en ambición artística, y esto implica unas necesidades y volumen de gestión que una modesta asociación cultural no puede atender. El Dansàneu actual pide un cambio en su modelo de gobernanza que implica necesariamente una mayor implicación de las instituciones, organizaciones y entidades del territorio.

¿Pero peligra la continuidad?

— Yo siempre digo que el Dansàneu será lo que el territorio (que quiere decir las personas que viven en él) quiera. Si el territorio considera que el festival es relevante, positivo, necesario, saldrá adelante. Quizás modulando algunas cuestiones, introduciendo cambios, pero tendrá continuidad como ya la tuvo en 2015 después de una reformulación muy importante. Ahora bien, para que esto pase, para que siga habiendo Dansàneu, probablemente las personas que quieren al festival tengan que hacerlo evidente: reclamarlo, defenderlo.

Hablemos de programación. ¿Qué no nos debemos perder?

— Me cuesta elegir porque tras cada propuesta está la ilusión, la conversación y el trabajo compartido con muchas personas. Hay unos hilos conductores que ayudan a ordenar la programación. La danza, que es de mucha calidad. En el ámbito musical, propuestas de formatos y estilos muy diversos a los que incorporamos las bondades de los espacios donde programamos (pienso en El Petit de Cal Eril en el Cap del Port, en Baqueira, u Obeses en Roc Roi). Y los ejes de memoria democrática –con dos días de programación muy potente– o igualdad de género. Me mojo: no os podéis perder el concierto de Magalí Sare en Borén ni La Venidera en Esterri (una propuesta de danza espectacular que acaba de ganar tres premios Max) ni tampoco el concierto –homenaje a la Nova Cançó de la querida Lídia Pujol–. Hay más cosas, ¡pero una decena de espectáculos ya han agotado las localidades!

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