Llorenç López-Urizarna Cuevas: "Hay muchas personas que van cada día en bici y están invisibilizadas"

Coordinador de la tienda y taller Ciclika

07/08/2026 - 13:00 h.

Vic / Santa Eugenia de BergaCada día, haga frío o un calor que agrieta las piedras, más de un centenar de vecinos del barrio del Remei de Vic pedalean hasta Santa Eugènia de Berga para trabajar en el matadero. No llevan maillot ni cuentakilómetros. La bicicleta es simplemente el vehículo que les permite llegar a los turnos de madrugada y volver a casa a horas intempestivas. Es una escena cotidiana que pasa desapercibida, pero que explica buena parte de la realidad de la zona.

El Remei es el barrio más diverso de Vic y uno de los que tienen más densidad: casi la mitad de la población es de origen extranjero. Durante las últimas décadas ha crecido al ritmo de la industria cárnica de Osona, y hoy concentra vecinos de orígenes muy diferentes. Esta diversidad comporta retos sociales, pero también ha convertido el barrio en un laboratorio de innovación comunitaria.

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Desde esta primavera, en el corazón del Remei late un nuevo local que aspira a convertirse en el punto de encuentro de todas las personas que se mueven en bicicleta en su día a día. Ciclika es a la vez una tienda, un taller de reparación y un proyecto de economía circular que recupera bicicletas para darles una segunda vida. Detrás del mostrador del número 9 de la rambla Josep Tarradellas están Babacar, Hicham, Juliette y Llorenç. “Ciclika es un proyecto que ha impulsado la Fera Ferotge, cooperativa de acción social, para hacer realidad la economía circular en el territorio y la inserción sociolaboral de las personas a través de la bicicleta”, dice Llorenç López-Urizarna Cuevas (Granollers, 1995), coordinador del proyecto, con quien conversaremos mientras pedaleamos desde el Remei hasta Santa Eugènia de Berga.

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Economía circular

La nueva tienda permite ceder la bicicleta que ya no usas para que la reacondicionen y la vendan de segunda mano a un precio asequible. También es un lugar donde aprender a repararla o donde encontrar aquella pieza de última hora que te falta antes de salir. Construido con maderas recicladas, el local es diáfano y luminoso, una estética que rompe con la imagen del taller mecánico tradicional.

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La propuesta comenzó con diferentes formaciones en La Reciclaria, el antiguo taller de coches que hoy es la sede de la Fera Ferotge, pero muy pronto se quedó pequeño y acabó tomando forma como un proyecto con identidad propia. “Nuestra misión es ofrecer posibilidades y autonomía. Estamos en un barrio donde mucha gente se desplaza cada día, a todas horas, en bicicleta –explica Llorenç–. Hay muchas personas que van cada día en bici y a menudo ni siquiera las tenemos en cuenta como ciclistas. Son las que más utilizan la red ciclista de Vic y, en cambio, continúan invisibilizadas”.

Desde las mismas entidades de la economía social reconocen que también han tenido que cambiar la mirada. Si durante la primera Festa de la Bicicleta de Vic, el año pasado, este colectivo quedó al margen, este año está previsto que ya formen parte. La huella de la bicicleta es visible en todo el barrio: aparcamientos llenos de bicicletas atadas en cada esquina, muchas sin sillín, otras con piezas remendadas o envueltas con cinta, casi todas marcadas por el desgaste del uso cotidiano. “Muchas de estas familias viven en pisos con habitaciones compartidas y la bicicleta es su único medio de transporte –explica Llorenç–. A menudo no la pueden subir a casa porque no hay ascensor o porque sencillamente no cabe”.

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El robo de bicicletas y de piezas es un problema habitual, y desde Ciclika señalan la falta de aparcamientos seguros como uno de los grandes retos pendientes para fomentar una movilidad más sostenible: "Cada día entra gente a la tienda con bicicletas muy precarias y con una sensación de urgencia, y nos dicen: «No me puedo permitir quedarme sin bici ni un solo día, ni tan solo unas horas, porque no llegaría al trabajo»".

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Del ciclismo a la movilidad

Es una realidad muy diferente de la que vivió el mismo Llorenç. Él creció en una familia amante del deporte, y quien empezó fue su madre, Montse Cuevas, que con más de cuarenta años se inició en los triatlones. “Me inicié en la bici desde el ciclismo deportivo y he acabado descubriendo la bicicleta del día a día –reflexiona–. Con los años he entendido que la bici es mucho más que deporte”.

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Ahora, desde Ciclika, abren las puertas a todo el mundo que entiende el hecho de pedalear de esta manera, en un momento en que cada vez cuesta más encontrar talleres no especializados para deportistas. Como dice Llorenç, “una bicicleta que parece acabada todavía puede tener muchos años de vida”.

En cuatro preguntas
  • ¿Cuál es el primer recuerdo en bici?Con cinco años, en la Rambla de la Garriga. Llevaba ruedines y atropellé a dos abuelas. Es una anécdota familiar.
  • ¿Qué es para ti la bicicleta?No conozco a nadie que en bici esté triste. Para mí es la sensación más cercana a volar.
  • ¿Te imaginabas coordinando un proyecto como Ciclika?Con los años he aprendido que la bicicleta es mucho más que deporte. Ahora forma parte de mi forma de vivir.
  • ¿Qué te ha enseñado?Que la bicicleta, aunque suene tópico, es una herramienta de transformación social.
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