Innovación arquitectónica: vivienda, espacio público y paisaje: las claves para transformar el territorio
El Área Metropolitana de Barcelona (AMB) impulsa proyectos territoriales que combinan sostenibilidad, cohesión social y calidad arquitectónica para adaptar el territorio metropolitano a los retos climáticos, sociales y urbanos, con actuaciones que van de la vivienda pública a la renaturalización de espacios fluviales, pasando por el diseño, transformación y desarrollo de espacio público.
Nuevas promociones de vivienda pública y calles más verdes, accesibles y pensadas para los peatones. También equipamientos que recuperan patrimonio y reconectan barrios. Alrededor del Llobregat y del Besòs, espacios fluviales que se renaturalizan para ganar biodiversidad y resiliencia. Estas son algunas de las actuaciones con las que el Área Metropolitana de Barcelona (AMB) está dibujando la metrópolis que viene: una red de proyectos que no solo construyen o rehabilitan, sino que adaptan el territorio a un contexto urbano cada vez más exigente.
La mirada que conecta todas estas intervenciones es compartida. Los proyectos territoriales del AMB combinan sostenibilidad, cohesión social, calidad arquitectónica e integración urbana para transformar la vivienda, el espacio público y el paisaje metropolitano. Desde las nuevas promociones del IMPSOL hasta la renaturalización de espacios fluviales, pasando por la remodelación de calles, la construcción de equipamientos y la recuperación de edificios patrimoniales, el modelo metropolitano busca hacer más habitable, resiliente y cohesionada una realidad urbana cada vez más compleja.El gran reto climático
La sostenibilidad es uno de los pilares de la estrategia del AMB a la hora de planificar hacia dónde debe ir el territorio metropolitano. En las actuaciones que impulsa el ente, este criterio aparece desde el primer momento: en la concepción del proyecto, en el diseño, en la ejecución de la obra y también en el futuro mantenimiento de los edificios y de los espacios públicos. El objetivo es reducir el impacto ambiental de las intervenciones y, al mismo tiempo, preparar el territorio metropolitano para convivir mejor con los efectos del cambio climático, como el aumento de las temperaturas, la falta de agua o los episodios meteorológicos extremos.
Este planteamiento se concreta en el Protocolo de sostenibilidad de proyectos y obras del AMB y el IMPSOL, una guía que recoge 19 criterios ambientales para limitar la demanda y el consumo energéticos, reducir las emisiones de CO2, fomentar las energías renovables, reducir la demanda hídrica, promover la reutilización del agua, favorecer la biodiversidad e impulsar la economía circular. También pone el acento en la salud de la ciudadanía, con espacios verdes accesibles, menos efecto de isla de calor y más movilidad sostenible.En el ámbito de la vivienda pública, esta mirada se traduce en edificios pensados para consumir menos y ofrecer más confort, con estrategias de arquitectura pasiva como atrios, galerías bioclimáticas, ventilación cruzada y espacios intermedios. En el espacio público y los equipamientos, toma forma con calles más verdes y accesibles, cubiertas ajardinadas, reaprovechamiento de aguas pluviales, placas fotovoltaicas o infraestructuras más resistentes ante los temporales. Y en los espacios fluviales, se despliega a través de proyectos de renaturalización que buscan reforzar la biodiversidad, la resiliencia y la conexión entre ciudad y naturaleza.
¿Cómo será la vivienda y el espacio público?
Los proyectos territoriales del AMB también parten de una idea de fondo: la vivienda, los equipamientos y el espacio público no son solo piezas físicas del territorio, sino infraestructuras sociales permanentes. En el caso de la vivienda pública, el modelo del AMB-IMPSOL incorpora una innovación tipológica pensada para dar respuesta a nuevas maneras de habitar. Los pisos se proyectan con espacios más flexibles, inclusivos y desjerarquizados: se eliminan pasillos, las estancias tienen dimensiones similares y pueden adaptarse a diferentes usos a lo largo del tiempo, y espacios como la cocina o la lavandería ganan calidad y centralidad. Además, algunas promociones exploran fórmulas como los clústeres habitacionales, con unidades privativas que comparten sala de estar, cocina o espacios de socialización, y refuerzan los espacios comunitarios como extensiones de la vivienda privada.
Esta innovación no acaba cuando se entregan las llaves. El monitoreo de algunas viviendas permite recoger datos sobre temperatura interior y exterior, humedad, niveles de CO2 o hábitos de ventilación, y convertirlos en aprendizaje para los usuarios y para futuras promociones. Según el AMB, un uso de la vivienda de acuerdo con los parámetros previstos en el diseño puede comportar hasta cuatro grados más de temperatura interior en invierno y cuatro grados menos en verano. Por ello, el modelo también incorpora manuales de uso, reuniones y visitas de seguimiento, con la voluntad de acompañar a las personas residentes, reforzar el sentimiento de comunidad y entender la vivienda como un equipamiento de ciudad, pensado para perdurar y adaptarse a los cambios sociales y climáticos.
La misma lógica se extiende a los equipamientos y al espacio público. La rehabilitación de la antigua masía de Can Maragall, en Cornellà de Llobregat, quiere recuperar un edificio patrimonial y abrirlo a la ciudadanía, integrándolo de nuevo en la plaza y en la vida urbana de su entorno. En L'Hospitalet de Llobregat, las naves de Can Trinxet se transformarán en una nueva oficina de atención ciudadana y en la sede de la Concejalía del Distrito III, con una plaza de acceso concebida como refugio climático. También el futuro Polideportivo Riu Sec, en Cerdanyola del Vallès, o la remodelación de la avenida de Alfons XIII, en Badalona, responden a esta idea: equipamientos y calles pensados para conectar mejor los barrios, ganar espacio público de calidad y reforzar la vida cotidiana.Arquitectura que rellena el territorio
La calidad arquitectónica es el hilo que cose estas actuaciones. Tanto la infraestructura verde metropolitana (los espacios abiertos que conectan Collserola, los parques, los ríos y las playas) como la infraestructura social (las viviendas públicas, los equipamientos y el espacio público) comparten una misma voluntad: hacer que cada proyecto se integre mejor en su entorno, genere identidad y contribuya a una metrópolis más habitable.En el espacio público, esta mirada se concreta en actuaciones que buscan naturalizar, enlazar y recuperar los valores existentes de cada lugar. Transformar calles, plazas y parques, o rehabilitar edificios y equipamientos, no quiere decir solo mejorar su uso, sino también reforzar la continuidad urbana, dignificar los espacios cotidianos y poner en valor los atributos ambientales, sociales y patrimoniales del territorio.
Los proyectos territoriales del AMB combinan sostenibilidad, cohesión social, calidad arquitectónica e integración urbana
El Área Metropolitana de Barcelona presenta la exposición “Futuro inmediato: transformar el espacio público metropolitano”, una muestra que explica cómo se están abordando hoy las necesidades del espacio público a través de proyectos, criterios, herramientas y metodologías que ya se están aplicando en el territorio. La propuesta forma parte del programa de la Capitalidad Mundial de la Arquitectura 2026 y se puede visitar hasta el 20 de septiembre en la Antigua Terminal de Drassanes de Barcelona, de martes a domingo, de 11 h a 19 h.
15 años de la AMB. Descúbrelo más en el QR.