El Coronel tejero en el COngrés, el 23 de febrero
26/02/2026
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Ha habido suspiros de alivio entre partidarios y apuntaladores del orden del 78 al constatar que los papeles del 23-F han resultado ser más bien mojados y no incluían nada relevante sobre la implicación del rey Juan Carlos en los preparativos del golpe de estado. Es un alivio bastante opinable, porque la imagen de un jefe de estado que ha tenido que refugiarse en los Emiratos Árabes Unidos por haber defraudado a la hacienda de su país difícilmente puede estar más dañada. Pero los partidarios y apuntaladores se aferran todavía al mito de Juan Carlos como salvador de la democracia que nos dimos entre todos, y con ello piensan que les basta (seguramente tendrán suficiente) para sostener el relato de la monarquía parlamentaria supuestamente providencial.

Ha resultado que los papeles desclasificados contenían unos protagonistas inesperados: Antonio Tejero, el teniente de la Guardia Civil que entró en el Congreso golpeando disparos y vociferando tacos, y que tuvo el detalle de morirse este miércoles, el día en que se hacían públicos los documentos; pero sobre todo su esposa, Carmen Elvira, de quien han aparecido más de trescientas páginas de transcripciones de conversaciones telefónicas con todo quiebre, en las que se desahogaba describiendo a su marido con apelativos como desgraciao, tonto o gilipuertas. Como ejemplo podemos tomar este fragmento, que nuestro subdirector David Miró ha recogido en un tuit. Habla Carmen Elvira, quejándose de cómo el general Armada y compañía han dejado caer a Tejero en desgracia:"¡Tan bueno y tan honrao! Siempre como Patria para arriba, para abajo... Además, es un hombre equilibradísimo [...], y lo único que él quiere es terminar con el terrorismo para que la gente viva a gusto y en paz... Ah, ¡qué lástima me da!"

Hay que reconocer que los monólogos de Carmen Elvira son pura literatura, dignas de las Comedias bárbaras de Valle-Inclán (como dice Miró), de la novela Cinco horas con Mario de Delibes (como observa el coordinador de Más por Mallorca, Lluís Apesteguía) o de una versión cañí y cuartelario del monólogo de Molly Bloom en elUlises de Joyce. Como suele hacer la literatura, nos sitúan ante una realidad que no preveíamos: una en la que un guardia civil comete un golpe de estado por pura bondad, honradez y patriotismo, y en el que el golpe de estado es una forma de acabar con el terrorismo para que todos puedan vivir a placer y en paz. Nos puede hacer reír (hace reír), pero cuando hablamos de la extrema derecha española estamos hablando del marco mental que define a Carmen Elvira en sus llamadas llenas de la peligrosa combinación del odio con el fanatismo.

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