El aeropuerto del Prat nos lo pintaremos al óleo

El presidente de Aena, Maurici Lucena, este jueves durante la Junta General de Accionistas que la compañía ha celebrado en Madrid.
hace 17 min
Periodista y profesor de la Facultad de Comunicación y Relaciones Internacionales Blanquerna (URL)
3 min

Últimamente, Salvador Illa no para de tropezar. Hemos llegado a un punto en que, en este país, todo parece al borde del desbordamiento y el colapso. En cuanto a los socios de gobierno, el traspaso del IRPF, de momento, continúa parado, lo que llevó a ERC a rechazar los presupuestos. Por si fuera poco, la voluntad de tener voz y voto sobre el aeropuerto de El Prat (bautizado desde Madrid como Josep Tarradellas) parece cada vez más improbable. Al menos si lo juzgamos teniendo presente la actitud intransigente de Maurici Lucena, presidente de Aena.Lucena ha repetido en diversas ocasiones aquello de “no puede ser y, además, es imposible”. Está haciendo exactamente como aquel sargento del garbanzo del chiste, que explicaba a los reclutas que las bombas, si no cayeran por acción de la gravedad, lo acabarían haciendo “por su propio peso”. Militante del PSC y exportavoz de este grupo en el Parlament, Lucena repitió el jueves, día 16, que lo que reclama Cataluña no es realizable y que resultaría —atención— inconstitucional. “Solo hay espacio —enfatizó— para profundizar en la coordinación con los territorios”, lo que significa que, de poder decidir algo, nada de nada. Y para que nadie se pudiera hacer ilusiones, remató: “El resto está fuera del marco legal y constitucional”. Lucena, como ven, se las da de experto en derecho constitucional. Sobre la cuestión juridicolegal, pueden leer el artículo que escribió en este mismo diario el profesor Joan Ridao. Como concluye Ridao, y en contra de lo que predica el socialista, nos encontramos ante una cuestión estrictamente política.Analicémoslo políticamente, pues. En este sentido, lo primero es preguntarnos por qué Lucena actúa como actúa. A Lucena lo colocó al frente de Aena el gobierno español. Entonces, si es un empleado de Pedro Sánchez, ¿qué hace boicoteando las negociaciones sobre el futuro del aeropuerto? ¿Qué hace también complicándole la vida a su supuesto amigo Salvador Illa? El presidente de la Generalitat no ha parado de asegurar a ERC y al conjunto de la sociedad catalana que tranquilos, que Cataluña participará en la gestión del Prat. La última vez manifestó, ante el Parlament, que resulta “imprescindible y esencial” que Cataluña tenga voz y voto sobre el Prat. Un hecho que será, añadió, ‛bastante inmediato”. A las 24 horas llegó la última bofetada pública de Maurici Lucena.

A diferencia de lo que ocurre en Europa y en el mundo, el sistema aeroportuario español es radial y la gestión está centralizada en manos de Aena. Resulta una antigualla. Es un sistema unificado en el que los pocos aeropuertos que ganan dinero (como los de Barcelona o Madrid) financian aquellos que pierden (la mayoría). No hay competencia entre aeropuertos, ya que todo lo controla Aena y es Aena quien manda sobre cada uno y también sobre el conjunto del sistema.Solo hay dos explicaciones para la actitud de Lucena. Una: es más papista que el Papa. O sea, más centralista que Pedro Sánchez y Óscar Puente, ministro de Transportes, sumados. Si nos atenemos a esta explicación, querría decir que está haciendo el trabajo sucio del ejecutivo central poniendo impedimentos al cumplimiento de aquello que el PSC prometió a ERC a cambio de la investidura de Illa. Segunda posibilidad: lo que pretende Lucena es calmar a los accionistas privados de la compañía que preside. El mismo Lucena ha subrayado —para otorgar más peso a su rechazo radical— que, si se cediera algún poder a Cataluña, los accionistas privados de la compañía podrían emprender acciones legales. Se ha de considerar también la posibilidad, claro está, de que ambas explicaciones sean acertadas al mismo tiempo. Por cierto, ¿quiénes son estos accionistas privados de Aena? Pues, por ejemplo, BlackRock, el gestor privado de fondos más grande del mundo, con aproximadamente el 5% del capital. BlackRock es, después del gobierno español (51%), quien más acciones tiene, una inversión que resulta un negocio de lo más sabroso.La actitud de Lucena nos puede hacer temer perfectamente que el aeropuerto de El Prat nos lo tengamos que pintar, los catalanes, al óleo. Esto a pesar de que el pacto de investidura de Illa con los de Oriol Junqueras dice bien claro que se pretende “tener un papel determinante en la definición, articulación y gestión del nuevo sistema aeroportuario catalán”. Algo similar está pasando con el traspaso del IRPF. O, más disimulado, lo que se está cociendo en el caso de Rodalies, donde el gobierno español se reservará el derecho de tirar por tierra cualquier decisión que no le plazca.

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