Agresividad policial preventiva
Un policía nacional empuja y lanza al suelo a una persona que se estaba manifestando pacíficamente en Valencia. Lo hace como un mal policía, con una fuerza desproporcionada para la situación de que se trataba, que era una protesta de maestros que iban a cortar el tráfico de una calle. Un mal policía y una mala persona: la hace caer como un cobarde, por detrás, sin que la mujer pueda verle venir, y del golpe que le da le rompe la nariz cuando la mujer impacta con la cara en el suelo. Pero todavía es más revoltante la respuesta de los sindicatos policiales a la delegada del gobierno español, Pilar Bernabé: “Tú no investigarás nada [...]. Tú ya das por hecha la culpabilidad de alguien [...]. Si sales a cortar calles, te expones a que te echen”. En realidad, no hace falta investigar mucho, porque la culpabilidad del policía queda demostrada en el vídeo. Y una cosa es que te expongas “si sales a cortar calles” y otra es que tengas que soportar la violencia gratuita de alguien que se siente impune porque va uniformado.Hay agentes de policía que se quejan de lo mismo: que ya han pasado a la historia las épocas en que la gente veía a un policía y obedecía sin decir ni pío, que ahora la gente se les encara y tiene actitudes violentas, porque no es solo que ya no den miedo, sino que también han perdido la autoridad. Pero entonces viene el pez que se muerde la cola: para que les crean, la actitud verbal y corporal de algunos agentes es cada vez más malhumorada, e incluso más agresiva de manera preventiva, por defecto, para empezar imponiendo respeto, cosa que no hace más que aumentar la distancia entre dos mundos que ya casi no se tocan ni se conocen, como son el de los ciudadanos y el de la policía, porque la gente solo vemos a los policías pasar encerrados dentro de los coches y suponemos que están detrás de las cámaras de vigilancia de las calles. Y así se va cortando un vínculo más entre la ciudadanía y los poderes públicos.