Y ahora Napoleón se dirige hacia Rusia
¿Por qué debería estar preocupado por no haber recibido el Nobel de la Paz 2025 si puede ponerse ante las cámaras de TV de todo el mundo y detrás de unas letras enormes donde dice "Paz 2025" mientras va recibiendo, uno por uno, la veintena de líderes mundiales que van sonriendo a apretar la mano que ha estrechado la mano que ha estrechado?
Si en la ONU ya demostró que es capaz de dirigirse al mundo como si estuviera en casa de suegro, en el Parlamento de Israel ha hablado con las zapatillas de andar por casa: "Eh, tengo una idea: presidente, ¿por qué no perdonas Netanyahu? Cigarros y champán, ¿a quién le importa?" Y en Egipto se ha psicoanalizado en público: "No sé por qué, pero me gusta la gente dura. Más que la gente de trato fácil. Sospecho que esto debe ser un problema de personalidad". El mismo problema que ha hecho que dijera que felicitaba a Netanyahu por no "seguir matando, matando y matando".
La lección de estos días hace daño aceptar: triunfa la paz de la guerra. "Eres un hombre muy popular, ¿y sabes por qué?, porque sabes cómo ganar", ha dicho Napoleón en Netanyahu. Y donde dice "ganar", habría que poner matar a más de 60.000 civiles y no dejar ninguna casa derecha. Ganar como la única razón para merecer respeto aunque ese hombre popular –"Mi amigo Bibi"– esté acusado de crímenes contra la humanidad por el Tribunal Penal Internacional. "Victory 45-47", se llama la colonia Trump, y la política mundial huele su olor. Y, sin duda embravecido por la euforia de la autocoronación, Napoleón ha fantaseado un momento con un acuerdo de paz con Irán, y después se ha corregido: "Primero tenemos que resolver Rusia. Concentrémonos primero en Rusia".