La autopista AP-7, en una imagen de archivo.
02/07/2026
Periodista
2 min

En respuesta a una acertada pregunta de Jéssica Albiach (Comuns) a Salvador Illa sobre el infierno de la AP-7, en la sesión de control al Govern, el president repartió las responsabilidades diciendo que había que "reflexionar sobre qué dijimos alegremente y ver qué está pasando ahora", y que "quizás nos equivocamos" con la eliminación de los peajes.

No recuerdo que nadie dijera nada "alegremente". Más bien, todo lo que se ha dicho de los peajes en Cataluña se ha dicho "enfadadamente" y bien cargados de razón. La campaña de insumisión “No quiero pagar” acabó siendo la respuesta de dignidad de un país (personas y empresas) que hacía décadas que pagaba peajes mientras veía que el Estado construía y mantenía autovías para los vecinos a cargo de los impuestos de todos. O sea que los catalanes pagábamos directamente nuestras autopistas y, indirectamente, las autovías de los demás.

Y puestos a repartir responsabilidades sobre el camióny las velocidades y brusquedades con que circula por la AP-7, tampoco sería superfluo repartir responsabilidades al Estado y recordar que si el corredor ferroviario del Mediterráneo llevara 20 años en funcionamiento, que es lo que correspondería, nos habríamos ahorrado muertos, accidentes y millones de horas de vida perdidas en una saturación brutal de mercancías porque no tendrían por qué ser transportadas por carretera. El Mediterráneo, de Andalucía a Cataluña, pasando por Murcia y el País Valenciano, produce casi la mitad del PIB español, y el Corredor Mediterráneo (como el Banco Mundial ya explicó a la España de Franco hace 67 años) es la vía natural de exportación hacia Europa de toda esta riqueza. Eso sí, el AVE lo puede llevar hoy mismo de Madrid a: Málaga, Murcia, Alicante, Valencia, Castellón y las cuatro capitales provinciales catalanas. Y no hace falta decir que se lo llevará alegremente.

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