Antoni Marí en una imagen de archivo.
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Escriptor
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Ha muerto Antoni Marí, una cabeza potente de las letras catalanas, escritor penetrante y refinado, tanto en verso como en prosa. Ibicenco de nacimiento y barcelonés por elección y convicción, Marí fue siempre gloriosamente a la suya, empeñado en la tarea de comprender en profundidad las ideas que han permitido la construcción de la Europa moderna y de verificar su validez en la construcción en marcha de la Europa de hoy. Tenía más tratos con el pensamiento abstracto, y mucho más fértiles, que muchos de los que el día de hoy firman y se proclaman filósofos, con ridícula impudicia.

Sin embargo, Marí no ejerció de filósofo sino de escritor, porque lo era, y además uno excelente, capaz de construir una relación solidaria y coherente entre sus libros escritos en diferentes géneros: ensayo y crítica de arte, narrativa, poesía. Podía ser comparado sin pasar pena (no por hipotéticas semejanzas en los estilos ni los contenidos, pero sí por la vastitud de los conocimientos y la audacia intelectual con la que trabajaba) con autores europeos de su tiempo como Magris, o como Handke (de quien también se divulgó que estaba muerto, en una de esas penosas falsas noticias fúnebres). Ya digo que no se parecían, pero en todo caso sin duda la escritura de Marí estaba más cercana a la sensualidad y la luminosidad de Magris, a lo mediterráneo, que a la sequedad abrupta y austrohúngara de Handke, aunque Marí se encontraba como en su casa dentro de los dominios del idealismo alemán, sobre el con fértil fervor). También escribió sobre la Ilustración francesa, el Romanticismo inglés o el pensamiento de posguerra y postavanguarda del siglo XX.

Sin embargo, su escritura no se dedicaba a construir frías autopsias dentro de una morgue de ideas muertas, sino a iluminar espacios de pensamiento de la modernidad europea que permitieran dar coherencia y sentido a la dispersión de nuestro tiempo, todo lo que Lyotard definió o anticipó, y –esto lo hace la literatura– ver cómo la abstracción de las ideas liga y se injerta con el vivir concreto de las personas, los anhelos, las de fallos. Ver este proceso, escribirlo y celebrarlo.

El vaso de plata, El camino de Vincennes o Entspringen en narrativa; El hombre de genio, La voluntad expresiva o El conflicto de las apariencias en ensayo; el Tríptico desde Jondal (formado por los libros El preludio, Un viaje de invierno y El desierto) y el reciente Cuatro lados en poesía son un legado literario de primera magnitud, que los lectores haremos bien en revisitar y los todavía no lectores en descubrir. Todos juntos, los libros de Marí formulan una posibilidad: que, como cultura –como país–, catalanes, isleños y valencianos fuéramos capaces de confiar en la propia capacidad de civilización. Ser un país habitado por personas más atentas a la verdad y la belleza, como enseñaban los clásicos, y no tanto a los puntos ciegos del día a día y de la historia. Los libros de Antoni Martí llenos de historias, propuestas y versos que se encienden en la cabeza del lector y ya no se apagan más. La posibilidad permanece inexplorada.

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