AstraZeneca, en el punto de mira

Desde que se empezaron a administrar las vacunas del covid-19 en todo el mundo, las informaciones sobre los adelantos o retrocesos en la vacunación a escala global no han dejado de sucederse con más o menos polémica. En este contexto, y ahora que parecía que, siguiendo las recomendaciones de los especialistas, la población estaba perdiendo el miedo a vacunarse y la gente empezaba a desear que llegara su turno, una muchedumbre de dudas vuelven a minar la confianza social. Esta vez, por la aparición de tromboembolias en personas a las cuales se había administrado la vacuna de Oxford/AstraZeneca (AZ). Varios países, entre ellos el estado español, han parado la vacunación con AZ. Pero ¿es cierto que AZ provoca trombosis? 

Afirmar que la vacuna AZ induce a la formación de trombos es ser muy osado. Lo demuestra el hecho de que, de los 17 millones de dosis de AZ que han sido administradas en el Reino Unido y en la Unión Europea, solo se han contabilizado 37 casos de tromboembolias. Una cifra que representa un 0,00021% de la población vacunada con AZ en estos países. 

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La ciencia se caracteriza por el seguimiento del método científico, y no se puede realizar ninguna afirmación sin que haya sido demostrada previamente. Es por este motivo que las autoridades competentes, como por ejemplo la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), están estudiando si verdaderamente se puede demostrar una relación causa-efecto sobre la vacuna y las trombosis aparecidas.

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Por otro lado, la OMS sigue apoyando la vacunación con AZ. A pesar de que ha abierto una revisión de los datos, ha anunciado que hasta que los estudios no digan lo contrario, recomienda el uso y la administración de esta vacuna. Esta organización se basa en los resultados del ensayo clínico, en los que se demuestra la seguridad y la eficacia de AZ. 

La compañía AstraZeneca emitió un comunicado el domingo 14 de marzo en el cual afirmaba que entre las personas que fueron incluidas en el ensayo clínico de AZ se describieron menos tromboembolias en el grupo de personas que recibían la vacuna que en el de aquellas que no la habían recibido. De hecho, más allá de los efectos secundarios que han experimentado aquellas personas a quienes se ha suministrado la dosis de la vacuna y que ya preveía el ensayo –como por ejemplo la fiebre, el dolor muscular, la inflamación local fruto de la punzada, etc.–, no se conocen muchos más. 

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También se basa en estos datos la Sociedad Internacional de la Trombosis y la Hemostasia, que ha emitido un comunicado en el que sigue apoyando la vacunación con AZ. También añade que, teniendo en cuenta los millones de dosis ya administradas, si hipotéticamente se llegara a demostrar una relación de AZ con un incremento de la frecuencia de coágulos sanguíneos, serían tan extremadamente improbables que haría de la vacunación con AZ una herramienta recomendable. Sin ir más lejos, la incidencia de sufrir un accidente vascular es de 500 por cada 3 millones de personas (0,016%) en la población general en dos meses. Un dato muy por encima de la proporción de accidentes vasculares que hipotéticamente podrían ser inducidos por la vacuna AZ. Así pues, los beneficios de la vacunación en la sociedad superarían sus posibles efectos adversos. 

Dicho esto, en el proceso posterior a la aprobación del medicamento hay un periodo de farmacovigilancia por parte de las agencias reguladoras. Esto quiere decir que se tienen que estudiar los nuevos efectos secundarios que puedan aparecer –si los hay– y hacer un seguimiento de ellos. De hecho, esto es lo que se está haciendo ahora: buscar si realmente estos trombos tienen el origen en la administración de la vacuna. Pero no se puede caer en la trampa de pensar que toda nueva patología descrita en la población que ha recibido la vacuna es un efecto directo de la misma. Diferentes patologías son diagnosticadas cada día independientemente de si has recibido o no una vacuna. 

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De momento hay datos que avalan la eficacia de AZ y los beneficios de la vacunación en la lucha contra el covid-19. Aun así, la ministra de Sanidad del gobierno español, Carolina Darias, ha suspendido cautelarmente la administración de la vacuna de AZ hasta tener las conclusiones del estudio de causalidad hecho por la EMA. Pero la realidad es que solo se ha descrito un caso de trombosis de las 939.536 dosis administradas en todo el estado español, mientras que la probabilidad de morir por covid-19 supera de largo esta proporción. Esto hace pensar que en Europa se ha instalado un miedo injustificado (al menos con los datos que hay actualmente sobre la mesa) y que ha desencadenado un alarmismo preocupante. La carencia de rigor y de mirada crítica han parado la vacunación con AZ. Vacunar a la gente más vulnerable tendría que ser el objetivo principal y, teniendo en cuenta que las dosis de las otras vacunas aprobadas llegan con cuentagotas, se tendría que dar respuesta a esta necesidad con AZ. 

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Además, viendo el ritmo de vacunación de Estados Unidos con susvacunas (Pfizer y Moderna) y sabiendo que el presidente Biden quiere tener una buena parte de la población vacunada este julio, todo hace pensar que no habrá grandes envíos de dosis a Europa por parte de estas compañías en los próximos meses. Por lo tanto, si se quiere cumplir con el calendario establecido de vacunación, la administración de AZ parece inevitable. La reducción de la mortalidad en países con los porcentajes de vacunación avanzados como Israel es clara, y se tiene que trabajar para que Europa y nuestro país consigan este hito cuanto antes mejor. La vida de muchas personas está en juego.

Núria Coll-Bonfill es investigadora en la Saint Louis University School of Medicine