¿Ave fénix o pato cojo?
hace 1 min
Directora del ARA
4 min

BarcelonaDespués de décadas dedicado a la política, el ex primer ministro de Luxemburgo y entonces presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, pronunció la mejor frase de su vida: "Todos sabemos lo que hay que hacer, lo que no sabemos es cómo conseguir ser reelegidos una vez lo hemos hecho" (2007). La diferencia entre saber y hacer, o entre el diagnóstico y la solución. Y aquí estamos, en la lucha permanente entre lo que el conocimiento nos dice, lo que la calidad del debate público es capaz de consensuar y lo que se ejecuta políticamente. Hablamos de la política democrática, claro, que tiene muchas más limitaciones que los régimenes autocráticos, que de la misma manera que aprueban un plan quinquenal hacen desaparecer un ministro o hacen volar a un disidente por una ventana.

En Cataluña y España nos diagnosticamos económicamente de manera cíclica, y esta vez de manera detallada lo hace el Informe Fénix (www.informefenix.cat), que merece un debate sosegado. Defiende una tesis central perfectamente asumible sobre la productividad: Cataluña ha crecido mucho en PIB total, pero muy poco en prosperidad real por habitante. El crecimiento económico de las últimas dos décadas se ha basado sobre todo en aumentar población y empleo, pero no en mejorar la productividad.

El diagnóstico es severo: Cataluña ha pasado de converger con Europa durante buena parte del siglo XX a divergir de ella desde el año 2000, y ahora el diferencial se ha ampliado del -8% al -13%.

Inmigración: dividendo demográfico insuficiente

El informe presenta la inmigración como un fenómeno con dos efectos contrapuestos. Por un lado, ha aportado un dividendo demográfico positivo: ha compensado el envejecimiento de la población y ha aumentado la proporción de personas en edad de trabajar.

Pero, por otro lado, según el informe, este efecto positivo ha sido superado por un efecto negativo: buena parte de la inmigración ha sido absorbida por sectores de baja productividad y bajos salarios, lo que ha reducido la productividad media de la economía.

La tesis es contundente: la inmigración no es necesariamente negativa para el crecimiento del PIB per cápita, pero lo es cuando alimenta un modelo basado en empleos poco cualificados, salarios bajos y sectores con poco valor añadido.

Otro punto importante del informe es que el problema está fuera de la industria, especialmente en algunos servicios y en determinadas actividades agroalimentarias. El informe identifica una estructura dual en la creación de empleo. Por un lado, han crecido sectores de alta productividad, como la industria química, la farmacéutica, la información y los servicios científicos y técnicos. Pero, por otro lado, también han crecido muchos sectores de baja productividad y salarios bajos, como la hostelería y la industria cárnica.

La idea más polémica

Uno de los conceptos centrales y discutibles del informe es el de salario altamente subvencionado. Los autores sostienen que, por debajo de un determinado salario, el trabajador y la empresa no aportan suficientes impuestos y cotizaciones para cubrir los servicios públicos básicos que este trabajador y su familia reciben a lo largo de la vida: sanidad, educación, servicios sociales, seguridad y justicia.

El informe sitúa este umbral en unos 29.000 euros brutos anuales en 2025. No porque reciban necesariamente una subvención directa, sino porque el conjunto de la sociedad financia indirectamente una parte del coste social asociado a estos salarios bajos. Evidentemente, esto es la socialdemocracia y el estado del bienestar, pero el informe alerta sobre su sostenibilidad.

El informe proyecta el actual modelo hasta 2050. Si Cataluña continuara con el mismo patrón de crecimiento demográfico del 1% anual y productividad débil se podría llegar a los 10,5 millones de habitantes. Los autores admiten que esto es materialmente posible, pero con un coste elevado en problemas de vivienda, agua, energía, servicios públicos, cohesión social y lengua.

El texto es mucho más que un informe económico: es una impugnación del modelo de crecimiento catalán de los últimos veinticinco años. Su mensaje es que Cataluña ha confundido crecimiento con prosperidad y ocupación con progreso. La parte más discutible es la manera como el informe vincula inmigración, bajos salarios, productividad y sostenibilidad del estado del bienestar. Su aportación más interesante es que obliga a mirar más allá del PIB agregado y a preguntarse qué tipo de crecimiento queremos, con qué sectores, con qué salarios y con qué capacidad real de sostener el estado del bienestar.

Con el informe o sin él sabemos que Cataluña tiene industria, exportación, investigación, talento, universidades, salud, biomedicina, tecnología y una ciudad global como Barcelona. Pero también tiene una estructura demasiado dependiente de sectores intensivos en mano de obra barata, una crisis de vivienda que amenaza la cohesión social y una capacidad insuficiente de convertir conocimiento en empresas grandes y productivas. El futuro no se ganará solo limitando el turismo y ordenando la inmigración; se ganará si el país consigue que su mejor investigación, su mejor industria y su mejor talento pesen mucho más en el conjunto de la economía. Bienvenidos el debate y la política a largo plazo.

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