Leemos en ARA una entrevista con el exconservador del Museo de Lleida Albert Velasco, a propósito de un libro, del todo imprescindible, que acaba de publicar: Les pintures de Sixena. Un foc que encara crema
(Pòrtic). Velasco escribe desde el punto de vista del carácter político de la disputa. "El caso Sixena no es una simple restitución patrimonial, sino que es un caso clarísimo de batalla adyacente en el conflicto Cataluña-España", dice. Y dice también: "En el caso de que la jueza decida que las pinturas se vayan, se abre un escenario absolutamente marciano".
Restituir patrimonialmente. No es un melón, es un globo terráqueo. Monasterios románicos desmontados pieza a pieza y vueltos a montar en tierras lejanas, obeliscos y momias regaladas a los amigos, saqueos de arte por parte de nazis, pero también por parte de demócratas “civilizados” salvando a los “salvajes” de sí mismos... Durante la Guerra Civil, sin ir más lejos, se “dieron” casas y tierras para evitar penas de muerte que tampoco fueron evitadas y se expropiaron edificios enteros, nunca devueltos.
Que se vayan las obras de arte a Sixena, y acabemos con esto. Vayamos a verlas por última vez, allí donde están, pero por favor, que las desmonten los que se las han de llevar. Que vengan al MNAC con escarpa y martillo, con cajas de cartón y camiones frigoríficos. Lo que no puede pasar es que vengan a supervisarlo los técnicos del MNAC para ver si les envuelven bien el botín. Los técnicos del MNAC no han de mover un dedo. Y si se estropean que se estropeen, que ya las restaurarán. Yo televisaría el desmontaje, claro. Pero si fuera técnica del MNAC no movería ni un dedo. Se han conservado durante mucho tiempo, pero ahora esto ya se ha acabado. Buen viento.