Una mujer refrescándose en una fuente de Barcelona durante la primera ola de calor intensa.
Psicóloga social. Codirectora G360
2 min

Tal como ha publicado recientemente este mismo diario, la ola de calor de este final de junio ha provocado, de momento, 43 muertes en Cataluña. Pero estas muertes, igual que la exposición a las temperaturas más extremas, se distribuyen de forma desigual. La vulnerabilidad social tiene un peso importante en esta desigualdad.Según un estudio reciente del IGOB (Instituto de Gobierno y Políticas Públicas de la UAB) en el que se analiza el impacto combinado de la vulnerabilidad socioeconómica y la exposición a temperaturas extremas, en las áreas metropolitanas parece que se produce una brecha urbana en relación con el clima, y que es en los barrios más vulnerables en términos socioeconómicos donde se produce un impacto mayor de esta situación. Los barrios más acomodados presentan sistemáticamente una temperatura más baja fruto de factores como una menor densidad poblacional, pisos mejor aislados y con más acondicionamiento térmico, y más verde urbano que ayuda a regular la temperatura. Así pues, los barrios más empobrecidos, que están en la situación inversa, presentan un nivel más alto de estrés térmico que revierte en otros factores, como por ejemplo la salud.Esta realidad tan objetiva y material pasa a menudo desapercibida en toda su dimensión porque, una vez más, miramos de reojo los impactos globales de las desigualdades sociales. Sabemos que existen. Las nombramos, pero si no las vivimos directamente difícilmente podemos tomar conciencia de que la vida cotidiana está atravesada por la situación socioeconómica en todo momento. Vamos conociendo de forma puntual, o como mucho esporádica, noticias como esta en los medios de comunicación, que provocan en nosotros un breve momento de empatía, pero eso es todo. Pasan cosas más graves, nos decimos. Y quizás sea cierto. Las explicaciones contextuales que señalan cómo el modelo socioeconómico en el que vivimos y profundizamos cada vez más nos está llevando a situaciones realmente críticas son escasas y parece que interesan poco. Fragmentar en pequeñas dosis la información sobre qué significa la pobreza en el día a día de las personas tiene este efecto. Hoy hablamos de las desigualdades térmicas, pero hemos hablado ya a veces de las desigualdades en el estado de salud por barrios. También sabemos y hemos explicado que la pobreza energética afecta más a los barrios vulnerables de las ciudades, y tenemos datos sobre las desigualdades en el rendimiento académico de los niños y la pobreza alimentaria de los niños, también por barrios. Y, sobre todo, hablamos y escribimos mucho sobre cómo la falta de vivienda o la vivienda deficitaria provoca situaciones vitales extremas. Solemos leerlo de forma aislada, pero lo más importante es comprender que todas estas situaciones y muchas otras que no me caben aquí están conectadas y atraviesan las mismas vidas, las mismas personas, las mismas familias; que el hecho de que destaquemos una sobre otra, porque la novedad de la noticia así lo exige, no significa que estas realidades estén desagregadas. Y ahora os preguntaría: ¿podéis pensar, pero sobre todo sentir, qué significa convivir diariamente con todas las situaciones de desigualdad social de las cuales hablamos por separado y en abstracto?

stats