Prohibido el 'topless': discriminación en Las piscinas
09/08/2026 - 17:28 h.
Periodista y escritor
3 min

Había unos armarios humanos. Abiertos de par en par. Encima de la mesa su helado que no se deshacía: un altavoz. A todo trapo, a todo gas, a toda hostia. Y la gente que los miraba también lamía, sin parar, mala hostia. Ellos no miraban a nadie. Solo tenían ojos para la caja acústica nerviosa que se movía como si fuera una ouija. Una mujer, desafiando a los malos espíritus, se acerca y mueve ficha: bajad la música. Lo hacen. Sin decir nada. Sin mirar. Con aquella mala leche concentrada que han transportado, exportado hasta aquí. Pero, eh, eh, ay, solo son uno más.

De los seiscientos y pico habitantes de este pueblo hay algo más de cuatrocientos abonos a la piscina: la mitad gente que no es del pueblo. Una fotocopia de la Cataluña del cloro veraniego. En todas partes pasa igual, lo mismo, parecido, más o menos… Pero hay quien tira millas náuticas. Cogen el astrolabio. La carta de navegación. Y hacia el horizonte: hacen pagar más por el abono a los que no están empadronados. Desde algunos euros, al doble, al triple… Hasta que se llega a puerto. Todo por el altavoz.

Es el bafle contaminante. El ventilador de gritos sin parar. Las peleas teatrales a horas convenidas. Los robos de Toretes y Vaquillas caniculares. Lo que quieren que entre el perro-musaraña-ardilla-colibrí en nombre de la libertad de la madre tierra que acoge a toda bestia solo si es mía. Los que se bañan con toda la gama de calzoncillos: limpios, semisucios, cagados, más recagados… (tendencia 2026). Los que abandonan a los hijos y tocan las narices a los socorristas para que no se las toquen. Los que vienen a desayunar, comer, cenar, vomitar, con bolsas de tela de fuera a punto de reventar y no precisamente de felicidad…. Todo esto y más. Todo está lleno. La gente está hasta los mismísimos consagrados. Y hay hostias.

Hay una sentencia del Tribunal Supremo del 2023 que dice que estar empadronado no es un criterio objetivo válido para justificar precios diferentes en un servicio municipal. Traducción vanguardista: piscinas. Hay ayuntamientos que dicen forzosamente, sí. Otros mantienen el no. Alegan que mantener las instalaciones se paga con impuestos locales. También la vulneración del derecho a la seguridad, el orden, la convivencia… No son pocos los pueblos que soñamos tener policías locales, somatenes, cuerpos de élite o de PVC… Otros ponen velas y rezan a santos y vírgenes inventadas para que no lleguen las plagas de la chatarra bárbara. Porque lo que pasa camina sobre las aguas: ya no como un milagro sino como la clara y clora realidad.

Las piscinas son las plazas públicas, los laboratorios, los centros de estudios de opinión, los sismogramas, las bolas de cristal. Las piscinas son una rosticería donde el pollo va dando vueltas y vueltas porque el humo es indicio de fuego o de estiércol. Las piscinas subrayan con el fosforescente azul que el país está fracturado. Las comunidades, las cohesiones, los lugares comunes, el alioli humano... La partición ondea desde hace años. Nadamos, flotamos, nos ahogamos en piscinas divididas entre maleducados y educados. Entre la desesperación y la esperanza. Entre el no futuro y el futuro. Muchos de los que llegan a las piscinas huyen de ciudades, a pocos kilómetros, que están llenas y vacías de todo y buscan en los pueblos un trozo de azul. Para poseerlo, arrebatárselo. La pregunta es qué país y qué sociedad presuntamente democrática puede condenar a los pequeños buenos en favor de los grandes malos. Los pueblos pequeños, por ser menos, morirán por ahogo. Esto no hay cloro que lo limpie.

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