¿Por qué el contramaestre del barco subía hasta lo más alto de la Rambla?
La Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona: relojes y mucho más
Hace tiempo que los relojes van a la baja, en las muñecas, en los edificios públicos y en tantos otros lugares. Los teléfonos móviles dicen la hora y, claro, los han sentenciado de muerte. Pero no del todo. Los hay supervivientes. Uno de los más antiguos que continúa diciendo la hora se encuentra en la Rambla dels Estudis barcelonesa, en la fachada de la sede de la Reial Acadèmia de les Ciències i les Arts. Esta es una entidad que se ocupa de la investigación y la difusión de las ciencias y su aplicación a la tecnología y las artes. Se encuentra en un edificio que renovó Josep Domènech i Estapà, que además de arquitecto tenía intereses científicos: presidió la Societat Astronòmica de Barcelona.Al inicio de la era industrial, en plena preparación de la Exposición Universal de 1888, la Academia se sintió obligada a dar la hora oficial a todos los barceloneses: había muchos relojes públicos, pero iban a su aire. Cuando la radio comenzó a "decir" las señales horarias, el reloj de la Academia –que obtenía la hora por medio de observaciones astronómicas–, comenzó a perder adeptos. Ahora, con instrumentación actualizada, da la hora con la precisión de una décima de segundo.Hoy damos un salto a la época en que se empezaba a universalizar el reloj. Había pocos. Todavía circulaban tranvías en Barcelona. Algunos decían que los barceloneses solo se metían la mano en el bolsillo por dos motivos: el uno, pagar el tranvía, y el otro, ajustar la hora del reloj delante de la Academia de Ciencias y Artes.Y no solo los barceloneses acudían a la Academia a poner relojes en hora. También lo hacían algunos visitantes. Cuando llegaba un barco, el contramaestre recorría toda la Rambla llevando el reloj o los relojes de a bordo, para ponerlos en hora exacta. Le interesaba no solo para saber la hora sino también para calcular la longitud y seguir el rumbo. Si va a la Rambla, delante de la Academia de Ciencias y Artes, verá que el reloj de la fachada dice: "Hora oficial". Está flanqueado por dos esculturas: a la izquierda, una del genio científico, con un compás en la mano; y a la derecha, una del genio artístico, que sostiene una pequeña escultura. Estos dos genios alados fueron encargados al escultor Rafael Atché, autor de la estatua de Colón, situada en el otro extremo de la Rambla. El edificio de la Academia, que también alberga el teatro Poliorama, está coronado por dos cúpulas. Una estaba dedicada a la astronomía y la otra a la meteorología. Pero cuando llegó el alumbrado a la ciudad, se buscó un lugar más oscuro para la observación y se construyó el Observatorio Fabra, en el Tibidabo. Visito la sede de este centro acompañado de Jordi Isern, que es el presidente. Jordi es astrofísico y trabaja en las últimas fases de la vida de las estrellas. Es un gentleman empordanés, de trato exquisito. Dejó de joven el Llançà natal para venir a Barcelona a estudiar física. "Si estudias, te podrás quedar", le dijo el padre. Era aplicado... y se quedó. La Rambla, ahora desfigurada por obras, era su paisaje de juventud. Recuerda personajes míticos que paseaban, como una señora que tenía una rata de peluche en la espalda."La Academia tiene 75 académicos numerarios, elegidos por cooptación: entre ellos. A los 80 años devienen eméritos". Jordi será emérito dentro de cuatro años. "La Academia nació en el año 1764, en la época de la Ilustración. Primero se llamaba Conferencia Physycomatemática Experimental". Me lo explica Jordi mientras subimos hacia la planta superior, donde hay una escalera de madera de caracol que lleva hasta lo alto del edificio. George Orwell narra en su libro Homenaje a Cataluña la dificultad que suponía subir por esta escalera cargado con un fusil, durante los Fets de Maig. El de la fachada no es el único reloj singular del centro. Destaca también el del relojero suizo Albert Billeter, de 1869, que marca la posición de la Tierra, la Luna, el Sol y algunos planetas. Es enorme. Lo hizo para el Senado, pero el Senado no lo quiso porque era demasiado caro. El reloj se encuentra al lado del salón de actos, de doble altura. En este salón de actos debo hablar de otro Albert (que también es extranjero): Albert Einstein dio aquí, en el año 1923, una conferencia sobre su tema: la teoría de la relatividad. "¿Cómo es que tienen al rey Carlos III en un lugar preeminente?", pregunto. "El edificio actual es el resultado de la reforma del edificio construido en 1761 para alojar la cátedra pública de matemáticas. Carlos III cedió el edificio a la Academia poco después, una vez desaparecida esta cátedra", explica Jordi. Cuando, en la Guerra Civil, unos incontrolados querían llevárselo, el meteorólogo Eduard Fontserè, que era miembro de la Academia, exclamó: "¡No se lo lleven! Es uno de los nuestros. ¡Es el que expulsó a los jesuitas!".La primera fotografía de CataluñaHay una pila de tesoros en la Academia de Ciencias y Artes. Destacan los libros, claro. Uno de los objetos más preciados es la cámara con la que se hizo la primera fotografía en Cataluña, en el año 1839. Tardaron 20 minutos en hacerla. ¡Hubo banda de música para celebrarlo! "La fotografía se perdió...", explica Jordi Isern. Y hace una pausa enigmática: "Porque la subastaron para pagar la cámara". De todas formas, de la fotografía se conserva una reproducción.