Pase solidario de la película "Qué bello es vivir" en el cine Truffaut
22/04/2026
Investigadora cultural
4 min

Hace poco más de una semana se supo que se había hecho la resolución provisional de la licitación de la gestión del Cinema Truffaut y que el Colectivo de Críticos de Cine de Girona no había ganado por una diferencia de 4.000 euros en relación con la empresa Rambla de lArt de Cambrils. Todavía están en fases de alegaciones y, por lo tanto, hay que ser prudentes, pero llegar a este punto ya es un desastre.El Colectivo de Críticos de Cine de Girona es una entidad sin ánimo de lucro que desde hace más de 25 años ha estado detrás del proyecto del Cinema Truffaut y lo ha hecho crecer, de forma desinteresada y con una tarea apasionada, cinéfila, popular y exigente a la vez; y no solo eso, sino que lo ha sostenido en momentos en que el Ayuntamiento se ha preocupado menos. El Truffaut es uno de los pocos cines públicos que existen, con una vocación pública declarada basada en los estrenos de cine de autor, la recuperación de los clásicos, las peticiones del tejido social, el debate y la reflexión, la cinematografía catalana, la presencia de figuras internacionales y las alianzas con los agentes e iniciativas culturales del territorio. Su gestión ha sido impecable, pero ahora se ha decidido priorizar una empresa de Cambrils a esta entidad sin ánimo de lucro.En 2023 escribí un artículo titulado "Por un fair play cultural", una vez decidí que cuando se acabara el contrato de la dirección del Bòlit, el centro de arte contemporáneo de Girona, no haría la prórroga de dos años por motivos vinculados al modelo de gestión. Entonces, trasladé aquella experiencia a alguno de los capítulos del libro La servidumbre de los protocolos. Recuerdo que el artículo tuvo un cierto eco entre la gente de la cultura. También recuerdo que mi concejal me dijo que ya me había leído, pero la reacción no pasó de aquel comentario. Ni ha habido un fair play cultural, ni se ha ido a mejor. La gestión administrativa se ha vuelto más ineficiente, a pesar de la dedicación y obstinación de muchas de las trabajadoras. Si un Ayuntamiento es una máquina –y esta metáfora no tiene nada de metafórico–, entonces es una máquina que corre el riesgo de dejar de funcionar.

Un fair play no implica un juego más justo ni más pertinente. Uno de los artículos que mejor han captado la situación ha sido el de Jordi Serrano en El Punt Avui, donde destacaba que el Ayuntamiento había cometido un error político, técnico y burocrático y reclamaba el paso del concurso al convenio. Cuando yo estaba en el Ayuntamiento se querían eliminar todos los convenios, seguramente motivados por las diferentes leyes de contratación pública o, simplemente, porque se tardaba entre medio año y un año en conseguirlo. En los ayuntamientos se cambian los protocolos administrativos, pero nadie aclara del todo los motivos. Esta ambivalencia lo hace todo más ejecutivo –no se puede cuestionar lo que ignoras–, pero también más desesperante. Detrás de los concursos hay personas que indican unos pliegos técnicos y unos pliegos administrativos, que ponen unos jurados y unas condiciones de acuerdo con unas necesidades que tienen consecuencias sobre la vida ciudadana y los sectores profesionales. Estos requisitos no solo son económicos, también tienen que ver con la tarea a realizar, pero el peso se pone en la oferta económica, a pesar de que se pueda cambiar el orden de prioridades. Las propuestas son valoradas por un personal que, a menudo, no tiene que ver con el propio sector cultural, como pasa con la mayoría de licitaciones, y ahora incluso en jurados de concursos de dirección, como se ha visto con el de la dirección del Museu del Disseny de Barcelona. El calvinismo enfermizo de algunas administraciones que quieren “expedientes inmaculados” ha hecho que se llegue a un absurdo que aproxima los ayuntamientos a las políticas neoliberales –como también recordaba Serrano–, más que a la transparencia y a la desaparición del fraude, que serían las legítimas motivaciones morales oficiales de todas estas reformas burocráticas. Así, empresas o entidades de servicios veteranas y grandes profesionales del territorio ven cómo se les quitan años o décadas de dedicación en nombre de “la igualdad de oportunidades”, cuando deberían decir trituración de los profesionales competentes, desarticulación del tejido de proximidad, imposibilidad de acceso de los jóvenes profesionales y, en definitiva, giro neoliberal de las políticas públicas.

Los técnicos superiores y los políticos han de entender el contexto que tienen entre manos, no sólo los protocolos administrativos. Las interpretaciones de las leyes se han de pensar, no solamente en relación con su cumplimiento (una interpretación fuera de medida que sobrepasa la misma ley), sino con la ética que hay implícita. Como recuerda el filósofo Giorgio Agamben, la cuestión jurídica y la ética son diferentes, ya que, según él, la jurisprudencia “sólo quiere celebrar el juicio”, así como la administración a veces sólo quiere resolver el expediente. Pero las decisiones administrativas no son indiferentes a los valores, es más: los prescriben. En el sector cultural cuesta mucho sobrevivir a tantos años de dedicación, y muy poco perder todo este bastión tan vital. ¿Cuál será el próximo paso, adjudicar la licitación a una de estas empresas de ciclismo de élite que han colonizado todo el Barrio Viejo de Girona? Supongo que exagero.Cambiar la licitación por un convenio? Ojalá. Sin duda hay que velar por una licitación que sea más coherente con el propio sentido del servicio. Cuando un servicio como el Cinema Truffaut funciona es más que eso, es un centro vital imprescindible para el ecosistema cultural de la ciudad. Estas carencias delatan una falta más profunda: la falta de unas políticas culturales claras y firmes, y la evidencia de la subyugación de la cultura al automatismo de unos protocolos administrativos que todo el mundo replica sin pensar en qué ciudad se está construyendo. ¿Y ahora qué? Quizás es el momento de entender que los ayuntamientos deben responder a las políticas culturales y a las evidencias, y también escuchar al pueblo, y el pueblo ya ha dicho la suya, partiendo de la mayor de las evidencias: estos más de 25 años de experiencias compartidas.

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