¿Ir a un concierto de Silvio Rodríguez con el hombre que denuncias?


Leemos en el ARA que el político –hoy ya expolítico– Errejón fue invitado a un concierto de Silvio Rodríguez por su presunta abusada sexual, la actriz Mouliaá, tiempo después de los hechos juzgados. Ella borró los mensajes que le envió, pero él los conserva (supongo que se podrán recuperar). Por lo que dice la defensa del acusado, ella también le pidió "el nombre de un abogado para un procedimiento penal que tenía contra su exmarido".
Debo ser antigua (y machista), porque me cuesta mucho imaginar a mi querida amiga, abusada, invitando al miserable abusador a un concierto de Silvio Rodríguez, para, agitando el móvil, cantar juntos: "Te doy una canción...". Más antigua (y machista) debo ser aún cuando leo –y se me caen los ojos al plato, como santa Lucía– que la víctima de abusos, la actriz Mouliaá, le pidió al abusador el teléfono de un abogado para un procedimiento penal, también de abusos, pero contra su ej. Cuesta entender por qué no buscaba –sola– un abogado y los denunciaba ambos. Ninguna mujer abusada, violada, levantará la voz, claro, porque el dolor y la vergüenza son demasiado grandes para tanta frivolidad.
Naturalmente, este comportamiento (interactuar con lo que ha abusado de ti invitándole a planes románticos, pidiéndole favores o haciendo tuits amables sobre él...) será también justificado, si es necesario, y como sea necesario, por la Sección Femenina. Algunos terapeutas de ahora son como algunos curas de antaño. Te dicen, sobre tu cuerpo, tu deseo, tu sexualidad, lo pecado y lo que gusta a Dios (en este caso, a la Diosa). Y por supuesto que algunas denuncias públicas (públicas quiero decir en la tele o la radio) sobre machismo de hoy son como las acusaciones de brujería de antes. Dices que lo has visto, tiene tratos con el demonio, quiso darte unas hierbas. La bruja confesará, acabará confesando lo que sea. Cualquier indicio será considerado brujería. Y la bruja irá a la hoguera.