El declive de Trump
07/03/2026
Directora del ARA
3 min

"¿La mejor política extranjera de Trump? No empezar guerras" JD Vance a The Wall Street Journal (2 de marzo de 2023)

Se cumple una semana de guerra. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mantiene su actuación imperial que amenaza con hacer estallar toda la región de Oriente Medio sin ninguna estrategia para el día siguiente. Trump ha llevado a Irán al umbral de una guerra civil sin que se vislumbre el fin del régimen de los ayatolás, y Netanyahu se ha apoderado de Gaza y Cisjordania y cumple ahora en Líbano su sueño del gran Israel construido sobre las ruinas de los vecinos. Ni una lágrima es digna de ser derramada por el dictador iraní, el ayatolá Jamenei, ni por sus fanáticos. Pero la democracia estadounidense vive sus horas más bajas desde la Guerra de Irak y quizás desde Vietnam si el error se multiplica enviando tropas cuando el emperador de Washington entienda que es más difícil acabar una guerra que empezarla.

La civilización sólo tiene la arquitectura del derecho internacional para establecer unas normas básicas de funcionamiento compartido. Dinamitar el derecho internacional es el más grave que ha hecho la administración de EEUU, que actúa de forma unilateral y tampoco se siente interpelada para dar explicaciones a sus ciudadanos. Explicaciones erráticas y con los argumentos vagos de frenar el programa nuclear iraní y debilitar al régimen.

Sin embargo, aunque el programa nuclear era la principal justificación de la guerra, muchos de los objetivos atacados han sido fuerzas armadas, instalaciones militares y dirigentes políticos, más que infraestructuras nucleares clave. Esto plantea dudas sobre si la campaña militar realmente puede impedir que Irán desarrolle armas nucleares. De hecho, los bombardeos previos de 2025 ya habían dañado el programa nuclear iraní pero no lo habían eliminado. Varias estimaciones estadounidenses indican que Irán todavía podría reconstruir su capacidad nuclear en un período relativamente corto. Con la muerte de Ali Jamenei, un nuevo liderazgo podría reconsiderar la decisión histórica de limitar el desarrollo de armas nucleares, especialmente si percibe que la única forma de garantizar la supervivencia del régimen es disponer de una capacidad nuclear disuasoria. Antes del conflicto, la posibilidad de un ataque militar podía frenar el desarrollo nuclear iraní; ahora que el país ya está bajo ataque, algunos sectores del régimen podrían considerar que construir una bomba nuclear es la única forma de evitar nuevas agresiones. EEUU tiene dos opciones: negociar un acuerdo nuclear con las autoridades iraníes para eliminar o controlar el material nuclear existente, o continuar la guerra hasta provocar el colapso del régimen, que no implica garantía directa del control nuclear. Con la ley internacional y el lenguaje diplomático moribundos, Trump ha exigido la "rendición total" de Irán y le amenaza con "la destrucción total". Lo más inquietante es que el ejército estadounidense y su comandante jefe piensen –o en el mejor de los casos lo hagan ver– que esta guerra no necesita ni estrategia ni dar explicaciones a los ciudadanos de cuáles son los objetivos a corto y medio plazo.

La buena noticia de la semana la ha aportado China. Aunque Pekín es el mayor socio internacional de Teherán, su respuesta hasta ahora se ha limitado a declaraciones diplomáticas prudentes. La relación entre China e Irán se ha basado sobre todo en intereses energéticos y económicos. Una parte significativa del petróleo que importa Pekín proviene de Oriente Medio, incluyendo una cuota importante de Irán, y gran parte de este flujo pasa por el estrecho de Ormuz. Esta dependencia hace que Pekín tenga interés en la estabilidad de la región, pero no necesariamente en la supervivencia del régimen iraní. En los últimos años, los estrategas chinos han empezado a perder la confianza en Irán como potencia regional. Consideran que el país ha exagerado su fuerza militar y que su respuesta frente a varios ataques de sus adversarios ha sido débil.

Esta decepción comporta que China sea cada vez más pragmática respecto al futuro político de Irán. Para Pekín lo importante es que el país siga siendo un socio económico funcional y que se mantengan los flujos energéticos. Por eso China no considera el cambio de régimen como el peor escenario y parecería dispuesta a trabajar con cualquier gobierno que emerja tras el conflicto.

El factor que realmente podría modificar esta actitud es la seguridad energética o una guerra larga que interrumpiera el transporte de petróleo hacia Asia y representara una amenaza directa para la economía china. En este caso, Pekín podría reconsiderar su neutralidad y ofrecer algún tipo de soporte indirecto a Teherán.

Trump ha llevado a EEUU a una guerra de la que no podrá salir indemne y que remueve un avispero muy peligroso, todo Oriente Medio. La gravedad de las consecuencias dependerá de la duración de la guerra y de cómo se estropee la confianza económica mundial.

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