Ha habido un crimen en Manresa, que deja a dos niños sin padre y a todo un pueblo desolado. Carles Vilajosana, la víctima, era un vecino muy querido en Castellnou de Bages y en toda la comarca, porque había trabajado en la bodega Mas de Sant Iscle, y todo el mundo lo conocía. En estas circunstancias, la consejera de Interior, Núria Parlon, ha querido remarcar que “los dos menores detenidos por el crimen son nacidos en Cataluña”, después de que políticos y youtubers hayan insinuado o afirmado que los arrestados eran menores inmigrantes.
Que sean nacidos en Cataluña, según de dónde sean sus padres, no altera la percepción de quienes en las redes o en sus canales hablan con deje islamófobo. Cuando tuvimos detalles de los atentados de La Rambla, nos lamentamos de que los chicos, que eran musulmanes, o se hicieron, ”hablaban catalán”, como diciendo que la integración y la escolarización no sirven de nada. Ahora bien, si no es relevante que los asesinos sean musulmanes, tampoco lo debe ser que sean catalanes. Es muy relevante que nos lo digan, que nos den todos los detalles, porque lo que pasa a menudo es que, según cómo, se esconde la procedencia del asesino y, según cómo, no se esconde. Hemos llegado al extremo de que si leemos en el diario que “un hombre” ha atacado a una ciudadana alemana ya sospechamos de dónde es el hombre, porque si fuera catalán ya lo sabríamos.
No, no es relevante, o quizás sí, de dónde son los asesinos. Porque este ciudadano, que debía venir del correfoc, ya no volverá a casa. Lo que es relevante, lo que es insoportable, es en qué se está convirtiendo Manresa. ¿Un apuñalamiento mortal cometido por chicos que no han cumplido los dieciocho en la calle en una noche de fiesta mayor? Hay que no esconder la cabeza bajo el ala, dar toda, toda la información de los asesinos, sea cual sea, y conseguir que los que paseamos por el –como lo llaman– corazón de Cataluña lo hagamos sin miedo.