Corrupción, desprecio y la boa constrictor
Las compuertas del menosprecio político hace tiempo que se abrieron en España, y el agua del menosprecio mutuo entre la oposición y el gobierno está a nivel de récord. Lo peor no es que se detesten mutuamente y lo demuestren permanentemente, sino los efectos que esto tiene sobre la opinión pública que algún día irá a votar.
El ambiente en Madrid es irrespirable y el análisis de la situación se hace mayoritariamente desde la trinchera. Cuando la esgrima política deviene un duelo a palos, no se degrada solo el respeto institucional sino también el debate dentro de la opinión pública que inspiran sus líderes políticos. El ejemplo paradigmático es la violencia verbal y política que han vivido los EE. UU. en los últimos años con el paso de Obama y Biden a Trump.
Los buenos, los malos, los que manipulan desde la justicia, los que la imparten ciegamente. Los que están dispuestos a utilizar el sistema para violentarlo.
El resultado es un deterioro de las instituciones que recuerda el advenimiento de regímenes populistas donde todo es aceptable si lo hacen los tuyos y desaparecen las reglas del juego que antes se compartían.
En condiciones normales, haría tiempo que Pedro Sánchez se habría sometido a una cuestión de confianza, o habrían presentado una moción de censura. Aún más después de que esta semana una mayoría en el Congreso le haya pedido a Sánchez que se vaya. Pero el líder socialista tiene motivos para pensar que acabará ante la justicia y resiste en la Moncloa. Por su parte, Feijóo sabe que es incapaz de ganar una moción de censura. No la ganaría con votos ni tampoco la ganaría políticamente aunque la perdiera en votos. El PP espera impaciente que la fruta madure y caiga del árbol porque sabe que su líder no tendría una victoria asegurada ante un animal político como Pedro Sánchez. Mientras tanto, Santiago Abascal lo va asfixiando.
Los socialistas se han reunido este fin de semana para hacer piña con un líder que se ha hecho un partido a medida en el que ya no hay barones que le levanten la voz más allá del castellano-manchego Emiliano García-Page. Enviando ministros a estrellarse electoralmente en las comunidades autónomas y con gente de confianza en la dirección, todo está en manos de Sánchez. ¿Todo? Excepto Felipe González, una caricatura que no recuerda ni cuando acompañó a su ministro del Interior a la cárcel, condenado por un secuestro de los GAL.
El PSOE se ha reunido en una especie de terapia colectiva para continuar adelante en un periodo que se promete agónico más allá de que se pueda producir algún golpe de efecto como una crisis de gobierno. Los socialistas tienen más de una decena de casos abiertos que evolucionarán en los próximos meses. Después de la sentencia del exministro Ábalos, el futuro lo marca, sobre todo, la salida favorable del empresario corruptor Víctor de Aldama, que insta a los investigados a colaborar con la justicia delatando a sus cooperadores en los casos Zapatero, Leire, Cerdán, Ábalos y el que se derive.
En el comité federal, como si nada. Un mensaje: resistencia sin discrepancias.
PP y Junts
El PP no presenta la moción de censura porque no tiene socios para ganarla, pero se ha abierto una pequeña grieta en el muro entre el PP y Junts. La portavoz en el Congreso, Miriam Nogueras, hace equilibrios para distanciarse de los socialistas sin aproximarse en exceso a un PP que los ha tratado de terroristas y que deberá desdecirse. De hecho, el secretario general del PP, Miguel Tellado, ya habla abiertamente de lo que los une en política económica mientras en Barcelona, en el congreso del PP catalán, Alejandro Fernández mantiene la vía dura con los de Puigdemont. Al PP catalán no tardarán en darle un correctivo desde la dirección cuando las elecciones le obliguen a entenderse para sumar en el Congreso. Una vez más, a pesar de la actual moratoria de Fernández con Feijóo, el PP catalán deberá violentarse y adaptarse a la política que marca la calle Génova históricamente. Ni siquiera Josep Piqué sobrevivió a las órdenes homogeneizadoras de la política popular. El líder del PP catalán auguraba a Feijóo, en el congreso del partido en Barcelona, que Catalunya será quien marque la victoria popular en las generales. Si esto pasa, él será la primera víctima al día siguiente, cuando Génova rectifique la política con Junts para abrazar a alguien más que no sea solo un Vox convertido en una boa constrictora.