Imagen del acto educativo central, convocado por la OCB y celebrado en el Centro Cultural de la Misericordia (Palma), han participado cinco centros públicos y cuatro concertados.
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La cantada popular de La Balanguera el pasado viernes en Mallorca fue un éxito multitudinario. Decenas de miles de mallorquines salieron a calles y plazas (o a los centros educativos, como fue el caso de muchos alumnos) para participar en un acto de afirmación como país, como sociedad y como comunidad cultural y lingüística que se reconoce a ella misma en una serie de referentes y en un patrimonio común.El elemento más valioso de este patrimonio común es la lengua catalana: los mallorquines hablamos catalán desde hace ochocientos años y es la lengua propia de las Baleares. El catalán de Mallorca, hablarlo y compartirlo, es el atributo que nos identifica como mallorquines y es lo mejor que podemos ofrecer a las personas que llegan a la isla, como inmigrantes o por el motivo que sea. El catalán es la herramienta que les permitirá vivir plenamente como mallorquines, el instrumento que les permitirá compartir sus propias aportaciones culturales y lingüísticas. Por eso es tan y tan importante.A la vez, el catalán se encuentra en una situación delicada en Mallorca a causa de la gentrificación lingüística, que se corresponde con la gentrificación territorial, habitacional, laboral y económica. Gentrificación como sinónimo de sobreexplotación y de especulación. Las protestas de los mallorquines en defensa de la lengua y de la escuela pública (dos cosas que van juntas) son también contra esta realidad, en la que los exagerados beneficios económicos de unos cuantos van a costa del bien común y de enormes desigualdades entre los ciudadanos de esta isla. Las movilizaciones de los mallorquines por el catalán son exitosas. Lo ha sido esta primera cantada de La Balanguera como lo habían sido, hace unas semanas, la llegada de llama del Correllengua Agermanat a Palma, o el Sí a la lengua de 2024 y 2025: grandes manifestaciones reivindicativas, con una fuerte participación y presencia de jóvenes que sí que se mueven y se comprometen para defender el catalán. La entidad que ha promovido las movilizaciones (o dado apoyo, en el caso del Correllengua Agermanat, organizado por un conglomerado de entidades) es la Obra Cultural Balear, que ha dirigido sus reivindicaciones a un gobierno del PP sordo y de espaldas, que ha tenido como gran prioridad complacer a los socios ultraderechistas y ultraespañolistas de Vox. La novedad en la cantada de La Balanguera fue que asistieran los principales representantes institucionales del PP de Baleares: la presidenta del Govern Marga Prohens, el presidente del Consell de Mallorca Llorenç Galmés y el alcalde de Palma Jaime Martínez. Ha sido una muestra de habilidad del presidente de la OCB, Antoni Llabrés, y de su equipo haber dejado a estos gobernantes literalmente sin excusas para no unirse a un acto que solo podía molestar a los fanáticos. A la vez, los obliga a revisar la calamitosa política lingüística y educativa que han hecho hasta ahora. Los partidos de la oposición también tienen deberes, y no son menores: toda esta energía ciudadana espera encontrar una canalización, una articulación política, propuestas que los hagan votar ilusionados.

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