¿Cuáles son los bosques más secos? Una nueva herramienta catalana permite detectarlos
El CREAF diseña una nueva plataforma que monitoriza en tiempo real la humedad de la vegetación viva en toda la Península
Barcelona¿Por qué algunos bosques arden más virulentamente que otros? Entre las respuestas a menudo aparecen factores como la temperatura ambiente, el viento o la orografía, como vectores clave. Hay, sin embargo, otro elemento mucho más invisible: la humedad de la vegetación viva, un factor muy complicado de calcular con exactitud. Hasta ahora.
El centro de investigación CREAF ha desarrollado una nueva herramienta que permite cambiar las reglas del juego en la gestión de los incendios. Se trata de la plataforma denominada ForestDrought, que permite consultar casi en tiempo real el contenido de agua que hay en el suelo y el estado hídrico de la vegetación de toda la península Ibérica y también de las islas Baleares. Ahora, un informe publicado en la revista científica New Phytologist, liderado por el mismo centro, ya estudia cómo aplicar este valor a los mapas de riesgo.
La nueva herramienta actualiza diariamente el mapa de la sed que tiene todo este amplio territorio. El objetivo, según explica el centro de investigación, es ofrecer una radiografía precisa de la vulnerabilidad de los bosques durante los últimos 365 días. "Cuando las plantas tienen menos del 100% de humedad suele ser indicativo de estrés por sequía, y si llega a ser inferior al 80%, hay que estar alerta, porque significa que la vegetación está muy seca y puede encenderse con más facilidad”, destaca Miquel de Cáceres, investigador del CSIC en el CREAF. Según los investigadores, los modelos tradicionales predicen bien la humedad de la vegetación muerta (como la hojarasca o las ramas secas), pero no captan con la misma fiabilidad cómo reaccionan las plantas vivas a los episodios de sequía. "Los árboles y los arbustos vivos disponen de diversos mecanismos fisiológicos que les permiten regular la pérdida de agua", explica Rodrigo Balaguer, investigador del CREAF y autor del estudio.
Especies como los pinos o las encinas, por ejemplo, tienen raíces profundas que les permiten captar agua a más profundidad y tienen capacidad de cerrarse para conservar la humedad. En cambio, muchos arbustos del sotobosque, como el romero o las estepas, tienen raíces más superficiales y dependen del agua acumulada en las capas más externas del suelo, por lo que se secan mucho más rápidamente cuando deja de llover. Esta diferencia explica por qué dos zonas con la misma meteorología pueden tener un riesgo de incendio totalmente opuesto. Vallès, Maresme y Girona, puntos críticos
Del mismo modo, las lluvias torrenciales que cayeron este invierno y también en primavera dejaron buenas reservas de agua, pero la vegetación la ha gestionado de manera diferente en cada zona. En este sentido, durante las últimas semanas, las simulaciones han detectado que, en Cataluña, las zonas con más sequedad —es decir, en las cuales se observa una humedad por debajo del 100% y en algunos casos cercana al 80%— se concentran en el Vallès Oriental y Occidental, en el Maresme y en la zona interior de Girona (la Selva, el Gironès y la Garrotxa), donde se está llegando a umbrales críticos. En el conjunto de España, la situación también es especialmente preocupante en Extremadura, la zona occidental de Andalucía (Córdoba, Sevilla, Cádiz y Huelva) y Castilla-La Mancha (sobre todo Ciudad Real y Toledo).
Para generar todos estos cálculos la nueva plataforma integra datos de los diferentes servicios meteorológicos españoles, entre los que destacan la Aemet y el Servicio Meteorológico de Cataluña. Además de medir el estrés hídrico, los mapas también permiten visualizar indicadores como el potencial de fuego de copas, es decir, la facilidad para que las llamas salten entre árboles, o bien el potencial que tendrá el fuego en superficie. El reto de futuro, según destaca el mismo CREAF, es mejorar la observación por satélite y el conocimiento de la fisiología de cada especie para hacer que estos mapas sean cada vez más fiables ante un futuro (y un presente) marcado cada vez más por el cambio climático.