Cocina

Pilarín Bayés: "No he cocinado más que huevos fritos, macarrones y bistec. En esta vida solo he aprendido una cosa: dibujar"

Visitamos a la dibujante Pilarín Bayés la semana que cumple 85 años y nos explica que cocinar es un arte que ella no ha adquirido, pero que admira mucho

Pilarín Bayés, preparando una sopa para la comida
11/07/2026
5 min

VicToco al timbre de la casa de Pilarín, y me abre la puerta ella misma. Es sábado por la tarde, ya tiene ochenta y cinco años recién cumplidos, y hemos quedado para merendar y hablar de comida, uno de los temas que le gustan a la artista de Vic. Allá donde va a firmar libros siempre hay alguien que le hace llegar comida. Ella misma ha llegado miles de veces con longanizas de Vic. En Vilafranca del Penedès, donde ha presentado los libros de los Castellers de Vilafranca, la quesería Xerigots le regaló una caja llena de quesos. “Los llevo mañana a casa de mi hijo para comer”, me dice mientras prepara una bandeja bonita en la que coloca Vi De Muller (la ratafía dice que se le rompió el otro día), unas galletas de Reus y el bizcocho que yo le he traído. “El azúcar lo tengo limitado porque tengo diabetes desde los 70 años, pero tenerlo limitado no quiere decir no poder comer de vez en cuando”, comenta.

La mesa puesta a punto para la comida.

Hablamos de su aniversario, el 21 de abril, y me comenta que ella siempre sostuvo la teoría de que fue “una de las alegrías de la posguerra”. Y lo dice riendo porque Pilarín es alegría, lo que no quiere decir que no sepa qué es sufrir. Ha enterrado a su pareja, a Joan, y a una hija, a María, que murió de cáncer. “Y mira que tenía ganas de vivir, María; yo la veía nadar en verano con una fuerza que pensaba: está curada”. Pilarín se encuentra bien a pesar de la diabetes, que tiene controlada, y a pesar de la caída que sufrió en Argentina el pasado noviembre. “El primer día que llegué, tropecé y me rompí el brazo”. En el hospital de Buenos Aires le dijeron que la tenían que operar, y también le aconsejaron que se marchara a su país porque estaría mejor atendida. Literalmente. “Tuve tiempo de pasar por una librería para comprar libros de Quino (el autor de Mafalda), de Messi y de Maradona, y nos volvimos”. En Cataluña le indicaron que no hacía falta ninguna operación. Hoy ya tiene el brazo bien, y no hará recuperación. “Si en Vilafranca firmé trescientos libros, me pienso que eso ya es una buena gimnasia”.

Sopa, patatas fritas y verdura hervida

Y ahora volvemos con la cocina. “Cuando tenía los cuatro hijos pequeños, hacía cocina, no muy bien hecha, porque no tengo ese arte, pero hacía”, recuerda Pilarín. Cocinaba sopa, patatas fritas, verdura hervida, macarrones, “y para de contar”. De pescado, no mucho, “porque lo tenía que ir a comprar a Vic y me daba pereza”. Claro que esa pereza se ha de saber declinar bien, porque ella no paró nunca de dibujar. Ni lo hizo cuando los cuatro hijos eran pequeños ni lo hace hoy, con el brazo lesionado; está acabando un dibujo que es más grande que toda su mesa de comedor.

El último dibujo que ha hecho Pilarín, de medidas gigantes, que ha dibujado encima de la mesa del comedor.

Nos vamos a la cocina; me la enseña y la fotografiamos. “Me acaban de cambiar los fogones, y ahora me encuentro que ni siquiera sé encenderlos”. La ayudo, y yo tampoco me salgo. Cliquemos todos los botones, uno detrás de otro, y nada. “Un día que viniste te cociné huevos fritos y sobrasada, que esto me gusta hacerlo porque en Navidad un primo de Mallorca me regala sobrasada, y yo le regalo longaniza”.

Hoy, pues, no enciende los fogones, y ya hace años que tampoco mucho. “Hubo un día que Joan, mi marido, me dijo que se encargaba él de la comida de los domingos porque todos en casa decían que estaban cansados de que les hiciera los mismos platos, que eran espárragos de margen, jamón y almejas de primero; de segundo, bistec”. Entonces, cuando Joan cogió las riendas de las comidas de domingo, empezaron a comer fideuá.

Un detalle del dibujo en el que ha trabajado en estos últimos días la Pilarín.

Todo eso ha quedado atrás. Con los niños pequeños, preparaba platos para alimentarlos, pero “ahora he empeorado” porque ya no tiene esa necesidad. Con la dieta de la diabetes, tiene unas comidas muy marcadas: por la mañana, una rebanada de pan; al mediodía, verdura, sopas; por la noche, ensaladas. “Las ensaladas, me las hago yo, pero al mediodía cedo el honor a alguien que me lo prepare”. Antes comía arroz, legumbres y pasta, que le gustaban, pero ahora no lo puede hacer. Y antes, me lo subraya mucho Pilarín, tenían personas cerca que estaban dotadas del arte de cocinar. “En casa de Joan tenían una cocinera, María, que era extraordinaria, y me enviaba fiambreras porque nosotros en casa también comiéramos lo que había preparado”. De hecho, la suegra le había llegado a decir que no sabía si María le enviaba lo que había sobrado o ya hacía expresamente más comida para enviársela. El caso es que de las preparaciones de María comieron durante muchos años, y hoy un sobrino de Joan las replica en el bar que dirige en Vic, el Bartvic. “La raya a la salsa de la María no la he olvidado nunca”, señala Pilarín, que remarca que la cocinera, María, había entendido las dificultades que tenía Pilarín, y la quiso ayudar. A la dificultad de cocinar, Pilarín añade otra. “Tampoco sé tocar el piano, y lo digo porque considero que la música y cocinar son un arte, y yo no he cocinado más que huevos fritos, macarrones y bistec; solo he aprendido una cosa en esta vida: dibujar”.

Pilarín siempre ha tenido un vínculo estrecho con los cocineros y pasteleros como Lluc Crusellas. Con Carme Ruscalleda hizo un libro de recetas, voluminoso, que la artista nunca ha replicado en su casa. “Ya le dije a Carme que no seguiría ninguna”. Tiene una amistad estrecha con el cocinero Nandu Jubany. “Me gusta mucho la cocina de Nandu; disfruto mucho en Can Jubany, y pienso que soy una buena invitada porque sé notar lo buenos que son los platos, porque en mi casa sé que no lo han sido”. A sus hijos, dice, también les pasaba lo mismo cuando iban a casa de alguien. Sobre la comida de Nandu Jubany, Pilarín comenta que es buena de verdad. Cuando voy, cuando hago el menú de degustación, no me sube el azúcar, porque no ponen azúcar, cosa que no me pasa en otros restaurantes, que les digo que no puedo tomar, y después me encuentro que me ha subido”.

La cocina de Pilarín, con los fogones de vitrocerámica, nuevos de hace pocos días.

Y, finalmente, unos detalles finales. Pilarín comenta que si tiene que mencionar cuáles son sus platos favoritos, menciona la paella. “Encuentro que es un plato barroco, pero hace muchos años que no puedo comer”. Hoy se conforma con una buena sopa; que no falten las sopas. Siempre hay alguien de la familia que hace unos buenos chup-chups y alguien más que prepara ensaladas creativas. Ella no quiere aprender nada más. “Ya tengo suficiente con lo que sé; soy de una manera de ser que he aprendido solo a dibujar; cociné cuando tenía que alimentar a la familia, y tuvieron mucha suerte de que no acabaran envenenados”. Envenenados, nunca, pero sí que alguna vez endulzó alguna comida que debía salar. “Lo que sé hacer es dibujar”, y cuando acaba de decirlo me cita para otro día: la próxima vez que la visite comeremos xató. Yo llevaré la salsa y ella preparará la ensalada. No necesitaremos encender los fogones.

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