Un grupo de usuarios durante una incidencia en la línea R3 de Cercanías, en una imagen de archivo.
26/07/2026 - 19:00 h.
Periodista y escritor
3 min

1. Un prócer de Figueres, de los que fueron amigos de Dalí y de Pla, me explica con una sola frase cómo ha cambiado su ciudad en una década. “La gente de Figueres de toda la vida solo la encuentras en dos sitios, en el tanatorio y en el AVE”. El exabrupto, que quizás no lo sea tanto, me hace pensar qué Cataluña encontrará Carles Puigdemont, ahora que Llarena y Marchena tendrán que claudicar, después de la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Por mucho que el rodillo judicial español reniegue para retrasar su retorno, ahora sí que solo es cuestión de meses que el president pueda volver de su exilio. Ahora que vendrá a Cataluña para quedarse, y no con aquel vodevil de visto y no visto de hace dos años, ¿qué se encontrará?

2. Al colapso de Rodalies, que no ha mejorado en nueve años a pesar de las promesas de millones y de mejoras, se suma ahora el miedo de los vecinos a las tuneladoras de la obra pública. En la Cataluña de los socavones, ya sea por las obras de Adif o las del metro de Barcelona, nadie sabe por dónde se puede abrir la tierra y tragar un edificio, una grúa, o la tranquilidad familiar. Las explicaciones de los responsables, que nunca saben por qué han pasado las cosas, no ayudan a dar confianza a la población. Puigdemont se encontrará otro colapso sobrevenido, el de la AP-7. La autopista convertida en deporte de riesgo, por la avalancha de tráfico y por la procesión de tráileres que se creen los reyes del asfalto, y quizás lo son. 

3. El 1 de octubre de 2017, en Cataluña éramos 7,5 millones de personas. Siempre según el Idescat, ahora somos 8,2 millones. Esto significa mucha más gente que coge el tren, que circula por la autopista, que tiene acceso a la sanidad gratuita, que se siente menos catalán en la calle pero, en cambio, haya más niños que tienen que ir a la escuela. Y el problema de las aulas no se ha resuelto. Al contrario. Faltan manos, falta inversión y, más importante que todo esto, falta un criterio claro, una dirección acertada que sepa hacia dónde se va, a medio y largo plazo. En lugar de soluciones estructurales y de país que duren dos décadas, hay parches y hay un puñado de reivindicaciones que no se detienen. El curso 2026-27 comenzará –oh, sorpresa– con una huelga el 8 de septiembre. El gobierno de Illa está fracasando en el quid de la cuestión que es la enseñanza. Para rematar la faena, hoy la consejera Esther Niubó dará explicaciones sobre el escándalo del PISA. Sin presentar al examen un porcentaje que fuera una muestra representativa de nuestros alumnos, la OCDE ha dejado Cataluña fuera del estudio. Da la sensación de que el Gobierno prefirió no tener resultados a que los resultados volvieran a ser malos. Tan incomprensible fue la pésima gestión como haberlo ocultado durante meses. Cinco minutos después de explicar en el Parlament el desastre de la vergüenza, sería ético que la consejera dimitiera. No lo hará. 

4. En el Parlament, por cierto, el partido que ganó las elecciones en 2017, Ciudadanos, ya no tiene ni un solo escaño. Entonces había mayoría soberanista en el Parlament y no existía todavía Aliança Catalana. El independentismo de extrema derecha, con el eslogan “Salvem Catalunya”, sacó dos escaños en el Parlament en 2023. Las encuestas vislumbran, ahora, que podrían ser segunda fuerza, por detrás del PSC y muy por encima de Junts. En Girona, el alcalde es de la CUP, el equipo de fútbol ha bajado a Segunda y Míchel habla neerlandés. Mientras tanto, Barcelona ha vibrado con el Mundial de fútbol que ha ganado España. Eso sí, con nueve jugadores catalanes que, en la larga rúa por Madrid, no han cogido la senyera. Ya no digo la estelada, digo la simple bandera de su comunidad autónoma, como sí han hecho los gallegos, canarios o extremeños sin complejos. Detalles aparte, bienvenido de nuevo a uno de los mejores lugares del mundo. 

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