Los otros eclipses de Cataluña

1. Afortunadamente, el tiempo no se detiene y el eclipse ya ha pasado. Con él, la histeria colectiva, atizada por los medios de comunicación (el papel que ha jugado 3Cat, o TV3, o como se llame ahora, será objeto de alguna tesis doctoral en el futuro), ha llegado a un punto insólito y ha hecho evidente el grado de gregarismo que arrastramos todos juntos. Espero que los sociólogos y antropólogos del país se lo tomen en serio y nos expliquen bien los mecanismos de este episodio. Ni la victoria española en el Mundial de fútbol ha atizado un fenómeno de estas dimensiones, al menos en este país.2. Como era de prever (y no hacía falta ser experto en nada), el transporte público, fundamentalmente Cercanías y la sociedad siniestra formada por Adif y Renfe, falló estrepitosamente. Todo el mundo (o casi todo el mundo) lo sabía, pero la gente se abalanzó a las estaciones, a los trenes que iban al sur, la mañana del día del eclipse. Sorprendente. ¿Ninguno de los usuarios atrapados en aquel agujero negro era consciente del desastre que estaba a punto de vivir? ¿Años y años de maltrato, funcionamiento vergonzoso, servicios lamentables, burlas institucionales, etc. no sirven para nada? ¿Solo para quejarse y lamentarse de que en Tarragona, a la vuelta, el desastre se consumó? ¿Qué le pasa a la gente de este país, a los usuarios habituales de Cercanías? ¿Y a los que no son tan habituales? No lo entiendo. Esperar que Cercanías funcione es exactamente lo mismo que querer ver un eclipse de Sol en medio de una tormenta de nieve (cuando había tormentas de nieve).3. El país ya andaba a tientas antes del eclipse. Ahora ya camina a oscuras. Hemos bajado un peldaño más en la erosión general de la vida pública. Hemos consumido el espectáculo del eclipse a velocidad sideral y, cuando ha vuelto a hacerse claro, el país continuaba en el mismo punto que lo dejó TV3 antes de intentar abducirnos con el espectáculo. El cambio climático, las sequías y los incendios están en el lugar de siempre. El eclipse institucional se va alargando en el tiempo; las carpetas pendientes continúan pendientes y llenas de polvo; encima de las viejas, se ponen nuevas. Ahogados de calor y aturdidos bajo un sol inmiscordioso, la invisible y silenciosa consejera de Cultura nos anuncia la posibilidad de lanzar el dinero en unas compañías nacionales de danza y teatro, hay que suponer que públicas y bien remuneradas. Todo esto en una consejería que, como la de Política Lingüística, se destaca por su discreción más absoluta. Nos cuestan dinero, pero debemos reconocer que no molestan nada.

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4. Tenemos una consejera de Investigación y Universidades cuya existencia se ha podido probar en muy pocos momentos de su vida oficial: dos entrevistas en ARA, en las cuales ha dejado muy claro que no le interesa en absoluto la investigación en humanidades (fuera de una referencia como mucho elíptica), y un segundo signo de vida, en TV3 (naturalmente), para explicar el uso de las gafas para ver el eclipse correctamente. Mientras tanto, la investigación en este país (la buena investigación en las bibliotecas, archivos físicos y digitalizados, redes y hemerotecas, yacimientos arqueológicos y museos, porque la gente de humanidades y artes hacen, de buena investigación) continuará basándose en el voluntarismo de quienes la hacen. Toda una promesa de modernidad.5. El eclipse educativo y escolar es otro asunto, de los más graves que deberían intentar resolver los responsables de este fenómeno: gobernantes, gestores y trabajadores (quiero decir, los antes conocidos como maestros; actualmente, "trabajadores de la enseñanza"). La lista de cuestiones es muy larga y conocida por todos; a los problemas pendientes, nuestros gestores públicos tienen la habilidad de añadirles nuevos, y, en el horizonte temporal del otoño, no se ve ninguna indicación para ser optimistas. Un eclipse total, perfectamente redondeado.6. Nuestros gobernantes, por la responsabilidad y los compromisos que adquirieron hace dos años, son los primeros que deben responder de todo aquello (que es mucho) que no funciona. Pero, detrás de ellos, hay un grupo de políticos, aspirantes a mandar algo algún día, que también deben pasar por el tamiz del análisis y la crítica. Ellos también están eclipsados, desde unos republicanos perdidos hasta la santa inocencia progre de los comunes, pasando por la inanidad de Junts. Detrás de esta oscuridad, el eclipse del país esconde el abrazo tenebroso de la extrema derecha racista, españolista y neofranquista, fundamentalista e integrista, se diga Vox, se diga Aliança Catalana.7. Ha reaparecido el Sol; constatamos que las olas de calor, los incendios, las sequías, los excesos colectivos del turismo descontrolado, los conflictos y los problemas habituales no se han ido con la histeria colectiva del eclipse. Nos volveremos a arremangar, cargaremos de paciencia y continuaremos adelante, como casi siempre y a pesar del eclipse, la mediocridad pública y la histeria mediática. ¡Qué suerte que el eclipse solar, el de verdad, ya ha pasado!