Estrategias patéticas

La defensa de Jonathan Andic ha salido en tromba a compensar la imagen del investigado entrando esposado al juzgado de Martorell. Y, por eso, hemos oído a un detective declarar en RAC1 que al sargento de los Mossos le importa “una mierda lo que pasó en la montaña”, que actúa pensando que gracias al caso acabará saliendo en Crims y que la jueza encargada del caso es una especie de pasarela sustituta sin personalidad a la que la policía ha “comido la cabeza” para que dicte las actuaciones que convienen a los Mossos. Simultáneamente, la defensa ha repartido entre algunos medios el vídeo de un tropiezo de Isak Andic, que acaba en el suelo, con la intención de que nos hagamos cargo de que, si tenía artrosis de rodillas, por qué no pudo tropezar accidentalmente también en Montserrat y precipitarse al vacío el día de su muerte?La defensa del hijo del fundador de Mango sabrá qué hace, pero toda esta línea de comunicación es patética. En un caso extraordinariamente doloroso para la familia y considerablemente sensible para la marca, añade la paletada de morbosidad que faltaba para invitar a la sociedad a elegir, como si esto fuera un derbi, entre un policía tramposo que va por libre y manipula a una jueza inexperta, y un hijo tan codicioso y sin escrúpulos que es capaz de un parricidio.Los folletines del siglo XIX ya iban llenos de juicios públicos sobre casos escandalosos que dividían a la sociedad. No hemos avanzado mucho. Hoy, la comunicación reputacional se juega sin límites éticos, porque no importan los hechos sino que el relato que se haga de ellos llegue al estómago de la gente para que quede bien convencida.